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Los conceptos de hombre o varón están en disputa, señala investigador

Los conceptos de hombre o varón  están en disputa, señala investigador

■ En la actualidad se idealiza un modelo que cambie las situaciones de inequidad, dice

■ Hay que combatir los arquetipos que se atribuyen a las masculinidades: Pinilla Muñoz

 

Pareciera ser que los conceptos de hombre o varón son “transparentes”, pero refiere David Pinilla Muñoz, educador social de la Universidad de Zaragoza, España, y actualmente docente e investigador en la Universidad Nacional de Villa María de Córdoba, Argentina, sus definiciones se encuentran en realidad en “disputa”, pues acota, existen en torno, diferentes discursos y mitos.

Lo que pueda entenderse como hombre o varón, refiere el estudioso de las masculinidades, refiere una socialización heterogénea donde hay que introducir como variables: la identidad sexual, la clase social, la edad, la situación geográfica e histórica y la raza, entre otras categorías, por tanto no puede hablarse de una homogeneidad para referirse a los hombres, agregó.

Frente a los cambios socioculturales que protagonizó el movimiento feminista desde los años 60 han surgido interpelaciones hacia los varones respecto de temas como la corresponsabilidad en el hogar o la crianza de los hijos. Y a partir de los años 80 empezó a hablarse del “nuevo hombre”.

En la actualidad existe un “cierto discurso optimista” que hace alusión a un modelo idealizado, una ficción respecto de que este “nuevo hombre” será la panacea para cambiar las situaciones de inequidad y diferencia estructural hacia las mujeres.

David Pinilla Muñoz pone en entredicho esto que llama “ficciones” respecto de este modelo, pues se asume que todos los hombres pueden acoplarse a él.

Ya la propia adjetivación de “nuevo” es cuestionable, pues en recuperación de los conceptos de la filósofa y ensayista española Marina Garcés Mascareñas, la “novedad” deviene de una lógica establecida por el mercado que necesita siempre recrearse, vender estilos, caras nuevas.

Así, en el contexto académico se habla de nuevas, alternativas, emergentes, disidentes o tránsfugas masculinidades.

La crítica se relaciona con a qué términos se le adjunta el sustantivo “masculinidades” porque pareciera que “si lo cambiamos va a cambiar el discurso, pero a veces estamos hablando de lo mismo”.

En oposición, las “vieja masculinidad” o “masculinidad hegemónica”, un término que acuñó la socióloga australiana Raewyn Connell en 1985, alude a una, que no respeta a las mujeres, las entiende como un objeto de deseo a sus servicio, las cosifica, y cree que en el ámbito del hogar, -donde además señala Pinilla Muñoz se expresa un grado mayor de inequidad-, la corresponsabilidad y el cuidado del hogar y los hijos no le conciernen.

Hablar entonces de viejas masculinidades es referirse a una estructura de poder fundamentalmente inequitativa.

La reflexión que se plantea hoy acerca de la variabilidad de lo masculino, es plantearla sobre el poder. Y entender que no pasa por “ser viril, tener fuerza, ser valiente y heterosexual, y demostrarlo en los espacios públicos”.

Esta “nueva” masculinidad asume corresponsabilidades en el hogar y en el caso de quienes la viven en pareja, involucra la ética del cuidado de las personas en su interior “y como algo fundamental asume un pronunciamiento público e inequívoco de denuncia contra la violencia estructural hacia las mujeres.”

No es entonces un modelo de hombre además “nuevo”, lo que generará cambios sociales en el tema de la equidad de género, sino apunta, la resignificación de palabras “fuertes” como igualdad, cuidado y autonomía.

En los medios de comunicación, apuntó el también activista de la Campaña Lazo Blanco, un organismo ciudadano internacional comprometido con “el fin de la violencia hacia las niñas y hacia las mujeres”, se sigue insistiendo en un discurso “esencialista” sobre lo masculino y lo femenino.

“Sobre lo que se supone que son y deben de ser” los hombres y las mujeres, para abonar a una guerra de sexos y por tanto a una dicotomía afín al sistema capitalista en su etapa neoliberal.

En esta confrontación que se machaca constantemente “siempre ganan los discursos dominantes afines a los varones, por lo que hay que romper con este maniqueísmo”, dijo.

Desde su experiencia, David Pinilla Muñoz expresó que hay que combatir los arquetipos que se atribuyen a las masculinidades. Trajo a colación la línea de trabajo del psicoanálisis de Carl Gustav Jung, que refiere la existencia de cuatro básicos: el guerrero, el sabio, el amante y el rey. Mismos que se recuperan en películas, publicidad y otros medios de comunicación por sí mismos o combinados: un hombre eurocéntrico, heterosexual, alto, que nunca se equivoca y tiene poder.

“Ésas son las representaciones de las masculinidades que se expresan mayoritariamente en el espacio público o mediático” que hay denunciar, romper y combatir por desfasadas, anacrónicas y caducas. Pero sobre todo, acotó, “porque son tremendamente violentas”, no sólo hacia las mujeres sino hacia otros varones que no encajan con él.

David Pinilla Muñoz participó en el segundo Congreso Internacional en Historia de las Mujeres y Estudios de Género, organizado por Diana Arauz, docente e investigadora del posgrado en Historia de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

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