Mexicano Miguel Angel Zermeño hace teatro danza inclusivo en Alemania

Mexicano Miguel Angel Zermeño hace teatro danza inclusivo en Alemania

Berlín. El mexicano Miguel Angel Zermeño realiza en Alemania un tipo de teatro diferente: con música clásica y orquesta sinfónica, cientos de actores, bailarines y cantantes, y participación eventual de algunos de niños con síndrome de Down, minusválidos, ancianos y personas con disturbios mentales.

El espectáculo más reciente fue el que presentó en la sala de conciertos de la emisora local Hessische Rundfunk, en Frankfurt, lugar al que acudió el cónsul d esa cuidad, Horacio Saavedra, en representación de México.

En colaboración con varias fundaciones e instituciones presentó la obra de música clásica de Joseph Haydn “La Creación”, con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Berlín y el Coro de Bach de la ciudad de Bad Homburg. Niños de 18 escuelas, algunos con síndrome de Down, fueron los protagonistas.

“Lo que quiero a través de este tipo de proyectos es unificar, crear la sensación de trabajo productivo en común, mostrarles que si estamos juntos con una meta fija y trabajamos juntos en esa dirección, entonces pueden pasar milagros”, dijo en entrevista desde Bonn, donde reside.

En Bonn empezó a desarrollar obras con su propia compañía de danza-teatro, Kontrastanz, en las que integra a todo tipo de personas y en gran número.

Tiene grupos: uno de 16 minusválidos en silla de ruedas, 15 personas con enfermedades psíquicas y 18 con síndrome de Down, así como personas de la tercera edad.

“Mi lema es que todo el mundo puede bailar, si lo quiere. Si la gente tiene piernas, brazos, ojos o no los tiene, hay forma de darle la sensación del movimiento, enseñarle hasta donde puede, así como cuáles son sus limitantes. Es como pulir piedritas para convertirlas en brillantes”, dijo.

Zermeño apuntó que “se pueden tomar a veces esas limitantes no como un defecto sino como una virtud, encontrar el carácter de ese movimiento y presentarlo como una especialidad. Se transforma en una cualidad algo que hasta ese momento ha sido visto como un defecto”.

En los proyectos de inclusión, como se llama ese tipo de obra artística en Europa, se integra a la comunidad. En ellos participan ya sea niños o gente de la tercera edad, con limitaciones físicas o no, profesionales y novatos.

Anular las barreras sociales, intelectuales y físicas de los participantes para integrarlos para un objetivo común. Ese es el aspecto social de su labor, su vocación social.

“Los bailarines profesionales hacen muy bien su trabajo. Ellos actúan y a mi me falta la cuestión humana. Hay que ver como les brillan los ojos a los niños al actuar y danzar”, señaló.

Para los que no son profesionales y la inmensa mayoría es la primera vez que se van a presentar en un escenario muchas veces acompañados de cantantes y sinfónicas de primer nivel. “Es una experiencia que les cambia la vida, que les abre la visión de lo que es el arte, el teatro y la música clásica. Muchos de los 200 participantes de cada puesta en escena lo están haciendo por primera vez”, recordó.

A ello se agrega otro factor trascendental del trabajo de Miguel Angel: llevar a cabo esas obras con el nivel profesional más alto en cuanto a teatro, orquesta, logística, profesionales. “Son obras de una fuerte expresión humana y de gran calidad”, dijo.

Zermeño tiene un largo camino recorrido. Ahora rebasa los 50 años. Empezó de niño en Celaya, donde su primer contacto con la danza fue el baile folclórico.

“Guillermina Bravo, la gran pionera de la danza contemporánea en México, me detectó, tanto a mí como a otros bailarines, y nos otorgó una beca para ir a la Ciudad de México”, afirmó al recordar que Guillermina Bravo estaba al frente del Ballet Nacional de México.

Se quedó en la Ciudad de México y ahí siguió especializándose en danza contemporánea y formó parte de la primera generación de la Escuela Nacional de Danza Contemporánea.

Zermeño decidió ampliar sus estudios como bailarín y “tomaba clases de ballet a escondidas porque estaba muy mal visto en ese tiempo: Danza Contemporánea y Danza Clásica están separadas”.

Formó parte del Ballet Nacional de México como solista. Por su actuación en la obra “El Efebo” recibió el Premio Nacional a la Juventud. Tenía 22 años.

“Mi argumento fue siempre: vamos a abrirnos a otro tipo de técnicas para poder formar a bailarines más versátiles”, dijo. Después lo becaron para ir a la Compañía Martha Graham en Nueva York, pero decidió aceptar otro ofrecimiento, el que le hizo la Compañía de Danza Contemporánea de Hong Kong.

En 1990 lo llamó la compañía suiza de danza “Movers”, donde permaneció cuatro años. “Estábamos de gira la mayor parte del año” y utilizaban técnicas multimediales y acrobáticas.

“En ese tiempo me empecé a dar cuenta que tenía un vacío en la motivación de bailar. Me faltaba un tema, una razón. Me decidí entonces hacer lo mío”. Fundó su compañía en Alemania, Kontrastanz, que es la combinación de dos palabras alemanas Kontrast (contraste) y Tanz (danza).

Siguió con su trabajo en el teatro como bailarín y cuando terminaba su jornada se dedicaba a su compañía. Montó obras y durante sus vacaciones en el teatro salía de gira con su compañía. Aprendió a ser empresario, productor.

Con la compañía alemana de danza-teatro, Choreographisches Theater, en su calidad de bailarín solista viajó a Bonn, donde reside en la actualidad.

Sin dejar de ser bailarín, empezó entonces su carrera de coreógrafo para óperas, obras teatrales y musicales, y empezó a desarrollar los proyectos de danza-teatro integrador o de inclusión.

Su gran deseo actual es poder también llevar ese tipo de teatro-danza de inclusión a México.

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