La música, un producto cultural de la sociedad y no sólo para entretener, afirma Medrano Ruíz

La música, un producto cultural de la sociedad y no sólo para entretener, afirma Medrano Ruíz

■ Soprano expone en su investigación el papel de este arte en la construcción de la historia

■ La música zacatecana se puede encontrar en la memoria de eventos que cambiaron al país, dice

La música es producto cultural de una sociedad inscrita en un determinado momento histórico. “No es una cosa inocente, un producto para entretener. Es algo para expresar, una manera de hacer catarsis”, y para el caso del periodo que va de la Independencia y hasta 1953, estudiado por Sonia Medrano, “una manera de ponderar la nacionalidad”.

El interés de la cantante en esta investigación con la que obtuvo la maestría en Historia por la Universidad Autónoma de Zacatecas, denominada Música, ideas e historia en Zacatecas. Siglos 19 y 20. Himnos, canciones, mañanas y corridos, fue conocer más a fondo el patrimonio musical del estado y su vinculación con la historia local y nacional.

Se cantan así, dijo la soprano, las ideas en contra de los emperadores y a favor de próceres como Juárez. O en el caso de Las mañanas de Hidalgo, pieza compuesta a raíz de la llegada del luego denominado Padre de la patria a Guadalupe, Zacatecas; las preguntas que el pueblo se hacía respecto a las circunstancias de su estancia en este lugar.

También se registraron musicalmente, entre otras anécdotas históricas, las invasiones de las tribus indias norteamericanas desplazadas hacia México y que arribaron a territorio local, o el episodio que protagonizara Francisco García Salinas “Tata Pachito” en 1836, “cuando pierde el partido de Aguascalientes”.

 

Zacatecanos, conservadores o liberales

En un primer momento, su interés, dijo la historiadora, fue la música sacra, porque de ella pueden conocerse sus formas musicales en tanto que ocasionalmente puede recuperarse su registro escrito, pero en el transcurso de su investigación fue encontrándose en el devenir de los zacatecanos, la evidencia musical tanto de su vena conservadora como de la respectiva liberal.

Así, recupera por ejemplo, una versión al Himno Nacional Mexicano, que, propuesta para el momento del conflicto cristero, cambió a Himno de la Libertad.

La música de Jaime Nunó, con su significación identitaria, sirvió para cantar en 1926, en lugar de los versos de Francisco González Bocanegra: “¡Patria!, ¡Patria!, tus hijos te juran exhalar en tus aras su aliento…”

“Madre, madre, tus hijos te juran defender con valor y denuedo/ el tesoro divino que el cielo generoso en tu imagen nos dio/ aunque lucha el infierno y sus huestes por destruir nuestros sacros altares/ no podrán con que tú nos ampares arrancar de nuestra alma a Jesús/ arrancar de nuestra alma a Jesús”.

Puntualizó también, aunque el Himno Nacional de los mexicanos trascendió del católico Imperio de Iturbide hacia otras épocas como la Reforma, mantuvo la influencia de la entonces religión oficial, de tal manera que aún Dios es quien da a la patria un soldado en cada uno de sus hijos, y es un arcángel el que ciñe su sienes de oliva.

 

La construcción de los signos de identidad del mexicano

“Yo aseguro que hay una delgada línea en cómo se fueron construyendo los signos de identidad (de los mexicanos). Por ejemplo cuando la Cristiada tenemos que habían 13 millones de mexicanos de los cuales 12.5 eran católicos”.

También ilustrativo y como uno de los hallazgos encontrados por Medrano Ruiz, y a la que le dedica un capítulo completo, es la investigación sobre la educación musical en Zacatecas de la que rescata cinco colecciones de cantitos infantiles que contrastó con la Ley de cultura de finales del siglo 19.

El célebre Fernando Villalpando, utilizaba ya en 1888 como método didáctico a la música. En su Colección de coritos avalada por el Ministerio de Educación y dedicada al gobernador de Zacatecas, Jesús Aréchiga, el compositor incluye obras que musicalizan el abecedario, las tablas de multiplicar -del uno al siete-, el fomento a la cultura patriótica o los valores morales, y piezas de agradecimiento por el inicio y final del periodo de clases, estas últimas dedicadas a la divinidad.

Aparecen musicalmente en este momento histórico, comenta, reminiscencias del antiguo régimen, pero a la par, encontró un Himno a la Ciencia escrito por un masón, Manuel Puente, y musicalizado por Genaro Codina.

Del autor de La Marcha Zacatecas, también podría presumirse su filiación masónica comenta la historiadora, pues a diferencia de Fernando Villalpando, no escribió nunca música sacra.

No obstante, dice la investigadora, este vínculo no implica necesariamente que no fuera creyente pues entre su documentación conserva una copia del acta de defunción del celebrado músico donde se asienta que sí recibió los auxilios espirituales.

“Hay precisamente una delgada línea entre lo sacro y lo patriótico”, reitera Sonia Medrano Ruíz. Símbolos religiosos como el estandarte de la virgen de Guadalupe o la pila en que Miguel Hidalgo y Costilla recibió el bautismo, esta última traída de Cutzeo a Ciudad de México para la celebración del primer centenario de la Independencia por Porfirio Díaz, son símbolos patrios que han trascendido su carácter religioso.

 

Zacatecas, protagonista de la historia nacional

En la música zacatecana también pueden encontrarse la memoria de eventos que cambiaron la historia del país y de la que el estado fue protagonista importante.

Zacatecas fue pionero en la aplicación de las Leyes de Reforma de 1857. Dos años después, se convirtió en el primer estado en el país donde se concretaron los primeros matrimonios civiles.

Como testimonio, Sonia Medrano cita un fragmento de una canción que demostraba el azoro por no decir el escándalo, y la crítica de una sociedad donde la religión católica tenía hondas raíces: “Cuatro palmitas blancas paradas en un pretil/ mirando a los sinvergüenzas casándose a lo civil”.

Los señalamientos del clero, también registrados en la prensa de la época, fueron reforzados por un fenómeno natural acaecido entonces, el avistamiento desde Guadalajara y en dirección a donde se encuentra Zacatecas de una aurora boreal, mismo que fue interpretado como la señal de castigo divino para el estado.

“Dijeron, es que a esos de Zacatecas los está castigando Dios, es un castigo divino porque exclaustraron a los franciscanos, porque los sacaron del convento y aparte porque se están casando al civil”.

Todo esto y más, contenido en 340 páginas, entre ello, el hallazgo de un músico que espera por su reconocimiento, Carlos Curti, al que se le adeuda la conformación en el país de la primera orquesta típica mexicana y la importación a México de las estudiantinas, todo ocurrido en Zacatecas, esperan por su publicación y grabación musical.

La intervención en la vida musical del estado de Curti, significó dice Sonia Medrano, “toda una revolución” porque también fue promotor de la zarzuela donde insertara temas mexicanos.

La coyuntura de su participación, además como director de la banda municipal, tiene que ver con otro episodio interesante que rescata, el exilio de Fernando Villalpando luego de que a la muerte de Trinidad García de la Cadena, le dedicara a éste una misa y una marcha, hechos que ocasionaron se le considerara persona non grata por el porifirismo zacatecano, entonces encabezado localmente por el gobernador Morfín Chávez, pues García de la Cadena había tenido una intentona de alzamiento contra el dictador Díaz en 1886.

Sonia Medrano Ruiz, dentro de su interés por recuperar el acervo musical de Zacatecas, ha grabado las producciones discográficas Canciones de Manuel M. Ponce, Danzas mexicanas del siglo 19, volumen 1 y 2; el audiocassete Cantos infantiles de F. Pichardo; De tragedia, pasión, añoranza y otras noticias, algunas de ellas acompañada por Luis Díaz Santa Ana. Y con Pablo Parga, otro material donde interpreta un tema acerca de la identidad de los migrantes zacatecanos.

Derivado de Música, ideas e historia en Zacatecas. Siglos 19 y 20. Himnos, canciones, mañanas y corridos, adelanta, pudieran surgir varios materiales de grabación, que enumera en las colecciones de cantos infantiles de Manuel M. Ponce, Fernando Villalpando y Ernesto Elorduy, y los cantos a la juventud de este último y los correspondientes de Jesús Alejandri.

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