Todos quieren ser escritores

Todos quieren ser escritores
  • Inercia

Un una sociedad donde los índices de lectores son muy bajos, pasan por escritores todos aquellos que tengan la facilidad de publicar algo. Sin embargo, la noble labor del escribir se ve violentada por aquellas palabras vacías y que no cobran significado ante la ignorancia y la indiferencia de un pueblo lastimado.

Para ciertos personajes, el significado de la publicación se ha convertido en una clave curricular, un ícono de reputación por sí, sin que el contenido del texto tenga relevancia por el simple y sencillo hecho de que nadie lee pero todos se impresionan.

 

No podemos lograr más

Sí, este subtítulo hace ironía de la reciente edición del funcionario público Pedro de León Mojarro, la cual lleva por leyenda principal Podemos lograr más… El libro propone, de forma forzada, rebosante de lugares comunes y con un lenguaje trillado, que impulsando a los municipios del estado en el desarrollo social, nuestro estado se puede convertir en una gran potencia; esto, aparte de que resulta una gran contradicción con el título del compendio (porque la unidad de ese “podemos” se ve trastocada con la frágil idea de competencia), es un propósito que no debería estar en un libro sino en la práctica de los gobiernos sin afán de protagonismos. Me parece que en principio es esa la labor de alguien que trabaja en la Secretaría de Desarrollo Social y no del autor de un libro.

Se puede pensar que tratándose de alguien que se dedica a la política, la literatura no es una prioridad sino el tener mayor número de seguidores y que por lo tanto no deberíamos exigirle calidad estética. Pero recordemos por ejemplo al jalisciense Agustín Yáñez, autor de Al filo del agua, quien además fue gobernador de su estado.

Yáñez, aparte de tener una agitada vida política fue uno de los principales impulsores de la novela post revolucionaria en México, y su obra célebre, Al filo del agua, representa mucho de la idiosincrasia nacional hasta nuestros tiempos. Aunque se trata de un texto donde las acciones son lentas y la descripciones extensas, trasciende porque el tema que lo vertebra es la idea de la transición socio-cultural que el país enfrentó luego de la Revolución mexicana.

Por su parte, Pedro de León, habla de una tercera transición, misma que estamos presenciando; de ahí sus propuestas para “sacar adelante” a nuestro estado. Y no está en entredicho que con la unión del pueblo zacatecano se puedan lograr grandes avances en materia de desarrollo social, lo que resulta una barbaridad es el hecho de que este texto es más verborrea que diégesis y sin embargo, como nadie lo lee, nadie lo critica y como nadie lo critica seguirán llevándose a cabo estas prácticas que sólo demeritan la labor de la escritura; así es imposible que podamos lograr más.

 

En pro de la lectura

Son, precisamente, libros como los de Pedro de León, lo que generan una mayor repulsión en los lectores pues aparte de que dicen poco, el lenguaje que plantean y sus figuras retóricas en desuso, permiten creer que los textos no han evolucionado ni se han complejizado a la par del ser humano. Se trata de discursos acartonados que han sido repetidos una y otra vez…

De igual forma, estos libros nos recuerdan que la política en nuestro país sigue siendo la misma de hace décadas, que a pesar de las transiciones y procesos que hemos atravesado no hay una conciencia real del funcionamiento social y político.

Pero todo esto es posible gracias a que no existe quien diga nada al respecto. Es decir, en tanto se siguen publicando textos de mala calidad y no haya nadie quien se queje, en tanto hay política corrupta y no hay quien cree en las manifestaciones sociales y su poder de cambiar algo, siguen llevándose a cabo con éxito las prácticas inadecuadas de la comunicación y del gobierno.

Me parece que una de los pilares fundamentales que pueden lograr un verdadero cambio en el desarrollo social es la capacidad de lectura, y con esto me refiero a la habilidad para interpretar el entorno, ejercer la crítica y proponer soluciones. Aunque no sería un cambio inmediato, los resultados serían visibles en diferentes niveles: mejores medios de comunicación, mejores lecturas, mejores gobernantes. Porque implica una dupla horizontal, en la que tanto el pueblo como sus líderes están en constante diálogo, pues mientras unos cuestionan los otros responden.

Creo que si no hemos llegado a esa relación de ecuanimidad es porque el pueblo ha sido el primero en perder el interés; nos hemos tirado a la apatía de recibir miseria y no exigir nada. Lo maravilloso de la crítica es que, en medida que hay manifestaciones, exigencias, protesta, hay diálogo y éste es uno de los ejes principales de una sociedad sólida.

El cambio empieza a surgir en las calles y en quienes ya están cuestionándolo todo; éstos son los precursores de lo que será un pueblo con más conciencia en el que los libros no son un adorno sino un arma de defensa y una evolución. ■

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