Relatos del nacimiento de Jesús: Historicidad falsa y simbólica verdadera

Relatos del nacimiento de Jesús: Historicidad falsa y simbólica verdadera

Los evangelios no son textos históricos, aun cuando tienen raíces históricas. Por tanto, los análisis de la historicidad del nacimiento de Jesús concluirán que dichos relatos son inverosímiles e imposibles. Detengámonos un poco en este asunto: revisemos la historicidad de las narraciones del nacimiento para mostrar su inverosimilitud. Los relatos se encuentran en dos evangelios, Lucas y Mateo, ambos en sus dos primeros capítulos. Pero son dos relatos que difieren en todo, esto es, si uno fuera verdadero históricamente, el otro automáticamente sería falso, y al revés. Mateo supone que los padres de Jesús viven en Belén, narra la presencia de los magos y el mandato de Herodes de matar a los infantes, viene la huida a Egipto y el regreso a Nazaret una vez que Herodes había muerto. Lucas narra otra cosa: ubica de entrada a la pareja de padres en Nazaret, dice que hubo un censo impuesto por el imperio y por eso se trasladan a Belén. Después regresan a Galilea. Las diferencias no paran ahí, en el caso de las genealogías de Jesús son muy distintos en nombres y números, y por ello, son imposibles de conjugar; ni en los abuelos coinciden. Los datos históricos de referencia son falsos: localizan el nacimiento del niño en el reinado de Herodes el Grande y dice (Lucas) que se trasladan a Belén por el Censo Universal que manda Augusto. Pues dicho Censo Universal nunca ocurrió. El único censo que tuvo lugar fue el que realizaron en Judea en el (oficial) 6 aC cuando Augusto sustituye a Arquelao para que Judea deje de ser Estado-cliente (como lo siguió siendo Galilea), y pasara a ser provincia romana. Pero si Jesús nace en el reinado de Herodes, que muere 4 aC, significa que entre el nacimiento de Jesús y la realización del censo hay, por lo menos, 10 años de distancia. Pero además, para un censo de este tipo, no es necesario que nadie se traslade de lugar, ni que lleve a su familia consigo. Alguien podría pensar que el censo tuvo lugar con Herodes; lo cual es también imposible, porque Herodes era un Rex Socios et Amicus Populi Roma (o sea: Estado-cliente), y con esta figura Roma no mete las manos en la administración interna en el cobro de impuestos, es decir, no hace nunca un censo. Lo cual también contradice al propio texto que dice “tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria”. Está también la hipótesis fundada de que los capítulos del nacimiento de ambos evangelios fueron agregados muy posteriomente a los textos originales, que se evidencia con la lectura del resto de los evangelios después del capítulo 3, y se constata que todo lo que se narra ahí desconoce lo sabido en los dos primeros capítulos. No es gratuito que la fiesta de la Navidad nazca hasta el siglo 4 dC. En fin, es muy clara la no-historicidad de los relatos.

Sin embargo, eso no anula la validez de los textos, porque no se trata de textos científicos de historia, sino textos narrativos mítico-religiosos. Narraciones simbólicas que dan cuenta de ‘verdades’ religiosas que nos dibujan los valores y proyectos de Dios entre los hombres. Veamos. Las dos narraciones, sobre todo la de Lucas, trazan tres rasgos que son vitales: (1) Desde el nacimiento el enviado de Dios es atacado por el imperio, es decir, desde que aparece es objeto de la embestida del poder; lo que dice el texto con vehículo simbólico es “la salvación nace entre los pobres y es atacada por los poderosos”. (2) El nacimiento como destino: la opción por lo pobres y la realización del Espíritu; es decir, nace desposeído y con ello se identifica con el pueblo menesteroso que nada tiene; además, como es concebido por el Espíritu, está destinado a realizar la obra de Dios entre los hombres: encarnar el espíritu es realizar la obra de Dios, hacer efectiva la promesa del reinado de justicia y paz. (3) Hacen descender a Jesús de David, con ello lo ponen como el vehículo del reinado de Dios, y lo expresan para toda la humanidad (los magos representan a todas los pueblos hasta entonces conocidos). La experiencia del reinado de Dios, Israel la vivió como la conjunción de libertad y abundancia: liberación de la opresión (egipcia, mesopotámica, asiria, romana, o cualquier otra); y la saciedad del hambre. Así, no es gratuito el cántico de María (llamado Magnificat) en medio del relato: “derribó a los poderosos y exaltó a los humildes; a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió vacíos”, y el cantico de Zacarías: “ha redimido al pueblo: suscitando una fuerza salvadora”. Aquí está la profunda verdad del relato evangélico: la verdad simbólica de la realidad divina en la historia. Los evangelios no son libros axiomáticos ni científicos, son narraciones simbólicas que descubren el fondo de la realidad.

Después del siglo 4 dC, vino la colonización del cristianismo por la metafísica griega y el imperio romano. En ese contexto la encarnación se interpretó de acuerdo a la idea de sustancia, apoyado en la idea del hombre como un alma encerrada en un cuerpo; así, la encarnación se interpretó como una sustancia divina dentro de un cuerpo humano (Cristo), y con ello dieron origen a los debates cristológicos que tanto nos hacen reír. Muy otro el horizonte judío con su idea del Espíritu (Rhua) que se realiza en las obras de la historia, el proyecto o promesa de Dios que se hace efectiva, y no necesita nada de “sustancias metafísicas” que sólo provocan el olvido de lo sagrado. Ahora mismo, el cristianismo tiene la misión de sacudirse los rasgos imperiales y metafísicos para hacer emerger al cristianismo originario desde su tronco judío.

¡Feliz  Navidad!

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