Crisis de impotencia institucional: consecuencias de la base ética de la economía neoliberal

Crisis de impotencia institucional: consecuencias de la base ética de la economía neoliberal

La crisis que ahora vivimos es profunda: se ubica en el ethos mismo de las instituciones mexicanas. En los órganos de representación, instituciones educativas, organizaciones civiles, etcétera; se padece lo que llamaremos “vulnerabilidad ética” manifestada en dos rasgos: (1) resquebrajamiento de los lazos de solidaridad o debilitación de los mecanismos de participación que hace que las dirigencias formales se autonomicen y tomen las decisiones con arbitrio absoluto. Esto es, los lazos solidarios se encuentran en estado de atomización (desmoronamiento de las relaciones horizontales); y junto a esto, (2) las dirigencias formales, se separan del cuerpo institucional y deciden de acuerdo a sus intereses particulares (parcelación de las relaciones verticales). Esta situación tiene como efecto la impotencia institucional para hacer frente a los retos de este mundo globalizado: seguridad humana, protección del patrimonio común, y cierre de brechas sociales. En otras palabras, la vulnerabilidad ética genera una impotencia institucional de tal grado que no se puede responder a los problemas sociales de este periodo histórico, y con ello, estamos metidos en un estancamiento creciente. Lo que ahora me preocupa es tener una hipótesis de aquello que produjo la vulnerabilidad ética aquí descrita. En seguida expongo la hipótesis.

Hace treinta años surge con mucha fuerza un tipo de economía que parece comportarse con independencia de la política y de la ética, y por ello, predica una racionalidad económica distinta de la racionalidad política. Esta propuesta económica dominante en los organismos financieros internacionales penetra en una cantidad enorme de países, ente ellos en México. Logra hacer una escuela enteramente formalizada del conocimiento económico a través de convertir sus supuestos teóricos en funciones matemáticas. Con esta idea de saber “científico” (por el uso de la formalización) levantó la bandera de técnica económica con cierta neutralidad. Los profesionales de economía de esta escuela pretendían no ser políticos, sino técnicos. Lo que ocurrió es que esta pretendida “racionalidad económica” se extiende en el resto de instituciones sociales y estatales, y con ello, inicia la vulnerabilidad ética aquí descrita. Explico. Lo que sucede es que no hay la anunciada neutralidad técnica de esta escuela económica, sino que tiene una base o fundamento ético conocido en el mundo de la filosofía como “Utilitarismo”. Es decir, el fundamento de la economía no es económico, sino ético: toda escuela económica se funda en alguna ética que contiene una serie de supuestos sobre ideas de justicia. Así, los supuestos del utilitarismo construyeron las bases de la economía neoclásica. Apoyados por una serie de supuestos de metafísica social que vienen del propio Smith. Estos últimos se componen de la idea de que el egoísmo en relación con otros egoísmos tienen como resultado una especie de orden preestablecido que genera prosperidad pública. Y la explicación de cómo era que cierto orden oculto hacía que los vicios privados produjeran bienestar público, se le llamó “mano invisible”. El utilitarismo declaró como conducta racional la persecución del egoísmo económico, que tendía (de manera natural) a maximizar sus placeres o ventajas y minimizar sus riesgos. Esta racionalidad fue la estructuración de esta función de maximización, que le llamó ‘utilidad’. Luego vino el traslado de la idea de ‘utilidad’ en la realidad económica, y luego su consecuente formalización.

Cuando ocurrió que la racionalidad económica se extiende al resto de instituciones sociales y estatales, lo que realmente sucedió fue que hubo una propagación de la base ética de esa específica racionalidad económica: la propagación del utilitarismo en la vida de las organizaciones sociales y del propio Estado. Toda la realidad se interpreta desde la relación costo-beneficio, y el objetivo se centra en la maximización de la utilidad del propio interés. Y se espera que un orden oculto arregle las consecuencias y las convierta en buenas. Sin embargo, como ese “orden oculto” no existe, pues no hay nada que convierta las acciones egoístas en bienes públicos y por tanto, los efectos disgregadores de esta ética no hay cómo se conviertan en socialmente buenos, y por tanto, sus efectos son necesariamente funestos, y pues ese efecto es justamente la vulnerabilidad ética que produce a su vez la impotencia institucional de la que hablamos arriba.

Por ello, la crítica efectiva (critica no teorética sino con acciones dirigidas a la realidad fáctica) basada en las ideas de un liberalismo no-utilitarista como el de Amartya Sen, o las propuestas del postmarxismo, son de extrema urgencia que se desarrollen porque se requiere reconstruir las bases institucionales desde una ética de la responsabilidad de corte solidaria. De una ética que permita reconstruir los lazos sociales destruidos por el neoliberalismo llevado al mundo entero de la sociedad y el Estado. Teóricamente no es difícil hacer esta tarea, porque las bases teóricas del neoliberalismo son muy débiles, pero la dificultad es en el terreno práctico, porque es una ética que sustenta el avance de poderes económicos que se han adueñado del poder político. Por tanto, es una tarea no sólo teórica, sino sobre todo política. Reconstruir otro ethos en el terreno de la efectividad práctica. Como podemos ver, es una faena práctica pero acompañada de sendos ejercicios teóricos. De un actuar-pensante, o de pensamiento con efectividad. ■

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