La crisis universitaria como oportunidad: las condiciones

La crisis universitaria como oportunidad: las condiciones

La crisis actual de la Universidad puede ser una oportunidad para hacer cambios que impacten en su pertinencia y calidad. La revisión que actualmente hace la SEP va dirigida a hacer recortes y alinear a la institución a sus políticas educativas. Esto último es preocupante no sólo porque disuelve la autonomía, sino porque las políticas de la SEP son erráticas y no son garantía de mejoras ni en la calidad ni en la pertinencia: ¿no está claro cómo su reciente reforma educativa bucea en el mar de la mediocridad? La Secretaría promueve cambios que a lo mucho son modificaciones gerenciales en lo administrativo y de desempeño en lo académico. Quienes piensan que una intervención de SEP mejorará las cosas están equivocados: la educación básica nacional está en sus manos y es de pésima calidad. De igual forma se equivocan quienes caen en la tentación autoritaria, al pensar que quitando los pocos procedimientos democráticos y poniendo una mano dura, las cosas mejorarán: creer eso es síntoma de retraso mental. Se topan con la paradoja de Hobbes: como los hombres son malos (lobos de los otros), se requiere una mano dura sobre ellos para conducirlos a la civilidad; pero resulta que el tirano que pongan es igualmente hombre, con los mismos problemas de todos los lobos antes dichos; por tanto, ese supuesto sólo aumenta los defectos de la conducción. Veamos que justo los países con gobiernos autoritarios son aquellos que tienen los porcentajes de pobreza más grandes en el mundo.

Por el contrario, debemos pensar ahora mismo, qué universidad necesita la población del estado de Zacatecas que padece los múltiples errores e injusticias en la gestión del desarrollo. Claro está que la universidad que ahora mismo tenemos la debemos cambiar. En la actual institución no ha habido la planeación deseable, la que ha ocurrido es centralizada, burocratizada y con los criterios importados (o impuestos) de la SEP. Como no ha habido planeación democrática, y desde referentes propios, es que el modelo que aprobó el Congreso de Reforma de hace unos años (basado en áreas del conocimiento con el objetivo de hacer realidad el currículo polivalente) no se concretó: se armaron las estructuras burocráticas de las áreas, pero éstas en su efectividad nunca se hicieron; no se discutieron los contenidos que llevaran a áreas comunes, ni se diversificó la matrícula. Lo que se hizo fue implantar los criterios de desempeño de la calidad puestos por la Subsecretaria de Educación Superior a fin de poder acceder a mayores recursos en 2006 y 2008, y años siguientes. Además, de acuerdo a los indicadores de SEP, la UAZ ha mejorado mucho: tiene sus programas acreditados y un número considerablemente mayor de doctores; pero su impacto en la realidad zacatecana sigue siendo más pequeño que el meñique. Así, el criterio maestro debe ser crear desde la singularidad del entorno zacatecano una universidad que le sirva a esta realidad, y no una que manden las burocracias del Distrito Federal, ni una que convenga a las parasitarias clientelas internas. La OCDE destaca que la inversión en ciencia y tecnología es la causa de 25% de crecimiento económico en países en vías del desarrollo, y de 50% en países desarrollados; que por cada 1% de incremento de inversión en IDE por parte del sector gubernamental, la productividad aumentó 0.17%” (foro consultivo científico y tecnológico, 2004).

Por ello, el eje para solucionar la crisis es atender a la pertinencia social de la UAZ: al mismo tiempo es lo que justifica mayores recursos y además, se convierte en la manera de aumentar la calidad en  su enseñanza y en sus procesos de investigación. La pregunta es, ¿cómo la organización educativa de la Universidad se traduce en mejores y más justos procesos productivos en el estado, cómo coadyuva a la existencia de más empleo, cómo genera formación ciudadana en los zacatecanos o detona la producción cultural y, en general, convierte al conocimiento en el insumo básico para el desarrollo sustentable? No debemos aceptar imposiciones de las burocracias nacionales, pero tampoco podemos seguir con las parasitocracias al interior de la institución. La UAZ debe abrirse a la opinión de todos los zacatecanos y generar procesos democráticos para decidir su transformación: crear un nuevo mapa de oferta educativa (no podemos seguir formando ese número de abogados y contadores) para crear los cuadros profesionales que atiendan los diferentes territorios del estado en la producción de alimentos, en la sobrevivencia de pequeñas empresas y en la difusión de la cultura. Y Gobierno del Estado de Zacatecas debe invertir en la innovación, actualmente destina 0.062% de su presupuesto a este rubro. Muy por debajo de la media nacional de 0.4 por ciento (equivalente a su PIB), que además, está muy por debajo de lo que recomienda la Unesco. Lo que significa que el compromiso de transformar a la UAZ debe ir acompañado de cambios en las políticas de desarrollo en el estado de Zacatecas, y en el sensible aumento del financiamiento federal. De no ser así, todo será una simulación donde las cosas se mueven para que nada cambie. Si el gobierno no entiende que el secreto para el desarrollo está en la gestión del conocimiento, y no en la fácil apertura de la industria extractiva; y si las autoridades universitarias no entienden que deben poner a trabajar la creatividad de sus universitarios en hacer planeamientos para aprovechar todo su potencial, este problema nunca será la oportunidad que esperamos. Si las autoridades no dejan de asumirse como funcionarios de SEP dentro de la UAZ, y no se hacen las preguntas correctas, la mediocridad no será expulsada. ■

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