Informes municipales: expresión del retroceso federalista

Informes municipales: expresión del retroceso  federalista

Ante los informes de los presidentes, la pregunta que surge es, ¿qué van a informar? “Informar” puede convertirse en la vaga idea de poner en público un listado de datos sobre acciones emprendidas y el costo de las mismas. Y eso no es un informe de gobierno entendido como evaluación de resultados.

La información se convierte en significativa cuando se hace con base a indicadores de gestión: informar no datos sueltos, sino el grado de avance de las metas y los objetivos institucionales. Un dato no dice nada: un indicador lo dice todo. Por ejemplo, si nos dicen que dieron 20 becas y costaron 100 pesos, no es significativo; lo importante es saber cuánto se avanzó en el rezago educativo. Y para ello, se requiere tener el referente de los objetivos institucionales. Es decir, informar no es un rosario de actividades, sino una explicación de metas. Las cifras importantes son las mediciones del avance de los compromisos. La gestión y desempeño del gobierno municipal se hace con la combinación de indicadores de proyecto, de operación (resultados), y estratégicos (de impacto). Y con toda esta información, se le comunica al pueblo las próximas acciones y estrategias que se deberán emprender para mejorar la gestión.

La pregunta pertinente es ¿así son los informes? Desgraciadamente no. Y la primera razón de por qué no hay informes basados en indicadores de gestión, es porque esto supone tener metas claras,  medibles, y marcos lógicos que ordenen la acción del gobierno desde el problema, hasta las actividades concretas, enlazadas por cadenas causales claramente justificadas; es decir: supone la planeación y evaluación profesional, lo cual está ausente. En otras palabras: el referente del informe es el plan de desarrollo municipal; y conociendo dichos “planes” observamos que no lo son en realidad. Son un cúmulo de hojas que amontonan intenciones genéricas, como del tipo “disminuiremos la criminalidad juvenil”. Y esto tiene un nombre: flatus vocis. Palabras que son viento. Y sin planeación, los informes se convierten en simulacros.

El municipio como nivel de gobierno está en crisis: con amplias competencias, pero sin capacidades institucionales para cumplirlas. Financiamiento reducido, personal sin capacitación de acuerdo a los nuevos horizontes normativos, endeudados, con poco tiempo para hacer planeación y ninguneado en la estructura federal del Estado. Sobre esto último, Gobierno del Estado sobre-determina la acción del municipio: le dice en qué invertir, cuánto y con quién hacer los contratos. La autonomía del gobierno municipal está seriamente dañada. Y como sus deudas los ahogan, pues no pueden hacer gran cosa. Ante el federalismo que retrocede, los gobernadores se enseñorean y los municipios enflaquecen su autonomía. Con lo cual, se genera un círculo vicioso: sin capacidades no tienen resultados, y sin esos últimos se les retiran más capacidades. Como el caso de la propuesta de retirarles la posibilidad del cobro del predial. Vivimos actualmente la imagen invertida de los noventa. Veremos lo que informan los municipios y constataremos con detalle esta circunstancia.

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