Los Ángeles, una propuesta cinematográfica íntima y esperanzadora dentro de la Berlinale

Los Ángeles, una propuesta cinematográfica íntima y esperanzadora dentro de la Berlinale

■ El director estadunidense muestra durante esta obra su cariño por México

“Me gusta que mis historias, mis películas, terminen con un poco de esperanza”, comentó el director norteamericano radicado en Alemania desde hace 14 años, Damian John Harper en entrevista exclusiva.

Los Ángeles es el nombre del primer largometraje de Harper que compite en la categoría Forum y por el premio al Best First Feature Award en la 64 edición de la Berlinale.

La película, de 97 minutos, está hablada en zapoteca y español, con la característica de que Harper, en congruencia con su propuesta cinematográfica, no ha utilizado a actores profesionales, sino que ha recurrido a los pobladores reales de la comunidad de Santa Ana, en el estado de Oaxaca.

Su propuesta es un guiño al documental, aunque, al ser una historia basada en un guión–escrito, por cierto, por el propio Harper- se incluye en el cine de ficción.

Los Ángeles, rodada en el pueblo de Santa Ana, -en donde Harper vivió cerca de 10 meses en el año 2000 como parte de un proyecto etnográfico- cuenta la tragedia de una población resignada a sobrevivir gracias a las remesas provenientes de sus emigrados en el vecino país del norte.

El movimiento de población incluye la importación de la cultura pocha, sin embargo, y esto es uno de los aspectos más interesantes en la propuesta de Harper, los principios de cohesión comunitaria basados en la familia consiguen conservar tradiciones e imaginarios.

Los rostros cercanos

Para conseguir la sensación de intimidad, y podríamos decir, hasta de asfixia, la cinta está rodada casi en su totalidad con la cámara al hombro, siguiendo desde las espaldas o ligeramente en diagonal y en medium close shots y close ups a los personajes, y con muy pocas tomas largas de panorama.

De esta forma, evadiendo los paisajes naturales y las plazas pueblerinas, Harper consiguió evitar un mexican curios y centrarse en una temática más etnográfica, algo que se debe muy posiblemente a su primera formación académica: la antropología.

La sensación de intimidad y agobió aparecen desde la toma de apertura de la cinta: en negros, sólo se escuchan los sonidos de una golpiza, la imagen se abre sobre un rostro tirado en el suelo, golpeado y lleno de sangre, por fin la toma se abre y vemos partir a un grupo de pochos que se marcha tranquilamente caminando por entre los senderos terregosos.

El impacto de esta primera imagen no se disuelve, al contrario, la tensión se intensifica al conocer las razones de la golpiza y la sensación de soledad comunitaria que sufre el pueblo, al encontrarse sin más recurso para sobrevivir que el de enviar a su joven población a cruzar la frontera.

Pero la curva de la violencia y la angustia de la soledad consigue tener un declive al final de la cinta sin llegar a un happy ending hollywoodense, sino a una escenificación de solidaridad comunitaria: en un camión que parte al norte del país se encontrarán dos vecinos de Santa Ana que parten para solucionar el presente de sus familias.

Una verdad que molesta

Harper escribió el guión en tan sólo 6 meses durante el año 2012, un año después, para la Berlinale de 2013, consiguió que la productora alemana Weydemann Bros se interesara por su proyecto y lo financiara.

Ya con la financiación logró filmar, editar y post-producir toda la cinta en menos de un año, el tiempo justo para presentarla en la Berlinale de 2014.

Es una película que está hecha por un estadunidense que muestra cariño por México, en especial por el pueblo de Santa Ana y su población que lo acogió e invitó a su mesa durante 10 meses, además está financiada por alemanes, y seguramente tendrá una pequeña circulación en algunos festivales y quizás, en cines europeos, pero no está claro que pueda ser distribuida en México.

En conclusión, es una película que difundirá la ya no tan nueva imagen violenta de México en el extranjero, mientras que en México pasará posiblemente inadvertida, aunque Heli de Amat Escalante haya causado un gran revuelo recientemente.

Ampliamente influenciado por el neorrealismo italiano, Harper considera que con su trabajo muestra, además de una cierta gratitud, un aspecto de la cultura mexicana sumergida contada por sus propios sujetos, sin maquillaje ni poses artificiales.

Las pandillas internacionales con miembros en México y Estados Unidos tienen una historia de más de medio siglo, como lo muestran en sus preferencias musicales y los códigos de sus tatuajes a lo largo de la cinta, éstos son aspectos que suelen estar subordinados o pasar desapercibidos, cinematográficamente, por las tragedias familiares tras “la pérdida del hijo ausente”.

No se trata de negar la realidad mexicana censurando estas producciones, sino de cuestionarse la función y los alcances de esta cinematografía que tiene, sin dudas, objetivos sociales, tal como lo hemos discutido durante la entrevista con el director de Los Ángeles.

Espero que la película pueda ser vista en México, bien vale la pena. Para más información pueden visitar la página de Internet http://www.losangeles-film.com/index.html.

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