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domingo, 5 diciembre, 2021

Abrir o no las escuelas

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Qué dilema. El inminente regreso a las clases presenciales nos llevó a preguntarnos en estas últimas semanas: regresar o no regresar. Muy al estilo de Shakespeare, la pregunta nos llevó al dilema hamletiano: abrir o mantener cerradas las escuelas, esa era la cuestión. Al parecer ya resuelta, pues, aunque llegamos a escuchar y ver algunos despropósitos como el de “que llueve, truene o relampaguee, se regresa a clases presenciales el 30 de agosto”. O la difusión de una “carta responsiva” emitida por la SEP, de la cual más tardaron en enterarse de ella padres y maestros, que Delfina en desdecirse y retractarse, alegando que era un borrador de propuesta que aún no era una disposición oficial. Tan se va a regresar a clase presenciales y las escuelas abrirán sus puertas para aquellos alumnos cuyos padres deseen enviarlos, que algunos estados ya se adelantaron una semana. A partir del lunes 23 de agosto, una semana antes del inicio del calendario oficial. Coahuila, Jalisco y el Estado de México ya iniciaron las clases. Sólo en el primero de estos el retorno contempló a alumnos del nivel de primaria, en los dos restantes el regreso a las aulas de manera presencial lo hicieron quienes cursan la educación media superior (véase Reforma, 24 de agosto, 2021).

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Preparados o no, el retorno a las escuelas es una necesidad, sobre todo si se pretende contener y resarcir el rezago educativo en sus diferentes dimensiones: bajo nivel de aprovechamiento y deserción en primer término. Sobre todo, entre los alumnos de escuelas públicas.

Nos queda claro que el regreso a las clases presenciales no será como antes de la pandemia. Son otras muy distintas las condiciones con las que se regresan. Como bien lo apunta Ángel Díaz Barriga, el volver a clases presenciales “es un regreso que no es regreso” (http://educación futura.org/), pues la escuela después de la pandemia ya no será igual como era antes de ésta.

Por supuesto, y esta es una verdad de Perogrullo, la última decisión habrá de ser de los padres y tutores. Los maestros y autoridades educativas y de gobierno como parte de las comunidades educativas tendrán también la palabra. Después de todo, aquellos alumnos inscritos en planteles que no reúnan las condiciones sanitarias mínimas, tendrán la opción de las clases en línea. Si bien no nos chupamos el dedo. En un país tan desigual e inequitativo en todos los órdenes como el nuestro, aquellos alumnos cuyas escuelas muestren grandes rezagos en infraestructura como la falta de agua, sanitarios en mal estado y carencia de mobiliario y los integrantes de familias sin acceso a las tecnologías de la información, seguirán condenados irremediablemente a la inequidad y el rezago.

Soy maestro ya jubilado sin hijos en la escuela ni el compromiso social de estar frente a un grupo impartiendo clases. Si mi situación fuera la contraria y me preguntaran si se debería retornar a las aulas de manera presencial, no lo dudaría, mi respuesta sería afirmativa. Como maestro mostraría empatía con mis alumnos y solidaridad con los padres de estos y asumiría el posible riesgo de contagio. Como padre apoyaría el retorno a las aulas para que mis hijos se siguieran preparando para la vida lo mejor posible. Lo haría sobre todo para frenar el rezago educativo y por la salud mental de niños y jóvenes que claman por el retorno a las escuelas confirmando que estas son el mejor medio para la socialización y los valores que esta encierra. Pero también para reactivar la economía que buena falta nos hace y así disminuir las brechas educativa y económicas. Lo terrible del dilema que enfrentamos es que la jodida pandemia que nos agobia, se presentó en el peor momento, cuando navegamos como país en el mar proceloso de la pobreza franciscana y la austeridad republicana. ■

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