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miércoles, 28 septiembre, 2022
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UAZ, bajo un gerencialismo burocrático, debido a pugnas internas: investigadora

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA • Araceli Rodarte •

■ Presenta Del idealismo político al gerencialismo burocrático: la UAZ vista por sus actores

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■ La obra relata cómo muchos docentes partieron sin que hubiera causa académica, señala

La implementación de políticas neoliberales a partir de la década de los 80 del siglo pasado, las condiciones impuestas por Gobierno Federal a cambio de la asignación del recurso y las pugnas (o alianzas) entre los diversos grupos al interior de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), condujo a la Máxima Casa de Estudios de la entidad a una administración de gerencialismo burocrático, luego de caracterizarse por su idealismo político.

Así lo afirmó Nydia Castillo Pérez, investigadora de la Unidad Académica de Docencia Superior, quien aborda ese tema en el libro Del idealismo político al gerencialismo burocrático: la UAZ vista por sus actores, que se presenta este jueves en las instalaciones del Consejo Zacatecano de Ciencia, Tecnología e Innovación (Cozcyt).

Según expuso, otros factores externos que han derivado en una visión gerencial de la administración universitaria, están los procesos autoritarios y las decisiones que toman las cúpulas de poder sin considerar las necesidades reales de los estados, mientras que los factores internos se refieren a problemas estructurales, organizativos y de gestión.

“La obra asigna atención particular al estudio de los grupos de poder que se crean, forman, fusionan, dividen o desaparecen en la UAZ, y en especial a la naturaleza y fuentes de inspiración histórica que les anima y dinamiza. Se pone énfasis en sus puntos de vista filosófico y académico, así como en las causas que han generado y siguen ocasionando sensibles, cuando no estruendosas, disputas suscitadas alrededor del control del poder”, expresó.

Desde su punto de vista, eso ha llevado en algunos momentos a que sectores de la Universidad se enfrenten con otros únicamente para el control de los diversos espacios de poder.

Castillo Pérez señaló que los rectores no tienen el control absoluto del poder, pues tienen que negociar con los grupos que se le oponen, pagar deudas políticas, hacer alianzas, aunque ello es en detrimento del desarrollo científico y tecnológico de la Universidad.

Sin embargo, dijo que ese fenómeno no se limita a la UAZ, ya que son muchas las universidades mexicanas y latinoamericanas las que se encuentran en esa situación, en la cual “tenemos que unirnos a nivel de un foro académico y administrativo para lograr ese salto cualitativo y que la institución regrese a la sociedad la formación que verdaderamente la entidad requiere para combatir la pobreza, exclusión y autoritarismo de cualquier orden”.

Comentó entonces que el libro recoge el malestar colectivo que se percibe en la UAZ y cuyas causas y efectos fracturan su accionar académico, social y político. Es decir, “las luchas y los procesos antagónicos que mantienen en vida a los grupos internos de la Universidad, por estar muchos de ellos vaciados de naturaleza académica, deben ser vistos como contradicciones que se asemejan a las que confrontan enemigos inmersos en batallas políticas. Esas luchas nada tienen que ver con las confrontaciones que pueden ocurrir cuando la sustancia de las mismas lo constituyen la oposición entre diferentes corrientes filosóficas o distintas formas de desarrollar la ciencia”.

Castillo Pérez señaló que la obra también relata, por voz de 35 ex rectores, ex secretarios y profesores, “cómo vieron partir a muchos docentes sin que hubiera causa académica o institucional, sino netamente política”.

Bajo el modelo de gerencialismo burocrático, afirmó que la UAZ ha perdido el rumbo, pues en los 70 fueron los universitarios quienes encausaron luchas por tener una sociedad más justa y democrática, pero “la Universidad no es una isla, se corresponde al contexto que la circunscribe”.

La instauración del gerencialismo burocrático, concluyó, inició a finales de la década de los 80, cuando se consolidaron las políticas neoliberales, ya que a través de ellas se limitó el financiamiento y lo redujeron a un nivel “coto-beneficio”, “lo que ellos consideraban que era la modernización de la educación superior”.

Después, en la década de los 90, se perdió la visión de exigir a Gobierno Federal o estatal el mejoramiento de las condiciones y continuar así con ese idealismo político de transformar la Universidad de acuerdo a las necesidades sociales.

En consecuencia, ante las limitaciones que se presentaron, los actores universitarios comenzaron a buscar la manera de administrar esos recursos, pero en un contexto en el que ya no se podía cuestionar o criticar las políticas externas, porque había el riesgo de cerrar puertas. “Entonces ahí se crea un escenario en que todos contra todos en lo interno, por esos paquetes”.

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