El proceso de sucesión gubernamental en Zacatecas está dejando varias enseñanzas que emergen y se expresan desde las bases de la sociedad civil; pero el ala conservadora de MORENA, liderada por los hermanos Monreal, tendrá problemas para asimilarlas porque simboliza su propia antítesis.
La autocrítica, en ellos, representaría su negación como secta política. O, como se dice en la tierra del Santo Niño de Atocha: su negación como caciquismo. Si le agregamos que ese fenómeno se da con extremo nepotismo, entonces podemos hablar de “caciquismo a la segunda potencia”.
Los hermanos Monreal no van a ceder voluntaria, por conciencia y convicción, a una revolución democrática en un estado que conciben patrimonio político de su familia, ni siquiera de sus amigos. Ceder abriría una puerta a iniciar la construcción de la Cuarta Transformación en Zacatecas (en obstaculizarla coinciden con el PRIAN) que ocupa; además de la democracia política, una mayor participación ciudadana en todos los órdenes (nada que ver con la falsa “gobernanza” de David), cimentar las bases para un mayor crecimiento y desarrollo de la economía doméstica a partir de las tradicionales vocaciones productivas, combatir la corrupción, combate a las desigualdades, elevar los niveles de bienestar social, establecer un programa estatal de seguridad pública multidisciplinario, interinstitucional y transversal con la ciudadanía, y muchas otras cosas.
En sentido estricto, no hay Monrealismo; si lo hubiera, uno de sus lemas “sagrados” sería la lucha por “la dignidad y la democracia”. Pero el triunfo electoral de 1998 los colocó en una condición política diferente y ese lema se convirtió en un estorbo. Si hubiera “Monrealismo”, se sumarían otros ideales políticos, sociales o de cultura. Lo que hay es una secta política representada por los hermanos Monreal, carente de programa transformador, sin nada nuevo por ofrecer, salvo la propaganda de una marca que copia los usos y costumbres prianistas y de la mercadotecnia empresarial.
En ese marco referencial, la presencia política de Ulises Mejía ha representado una incomodidad creciente para la secta Monreal porque emergió, dentro de la clase política, como una nueva fuerza sin los padrinos tradicionales, algunos viejos de ideas y longevos de edad; pero aglutinando en su alrededor a personajes de gran trayectoria académica, de la lucha política de la izquierda, a luchadores sociales, la conjugación de la madurez con la juventud. La frescura de ideas y el esfuerzo de recorrer todo el estado y ver cara a cara a ciudadanos del campo y la ciudad.
Los usos y costumbres políticos de los Monreal, en especial de Ricardo, son antiobradoristas y muy conocidos (“Alito” Moreno, cacique del PRI, ha revelado algunos “acuerdos”). No convenir democráticamente todo con el pueblo, porque les representa compromisos que no desean cumplir, sólo la parte electoral y otra parte hacerlos con otros caciques, actores políticos locales y nacionales para convenir el desenlace electoral. En ese juego, los candidatos son manejados como fichas de ajedrez, nominados para perder y canjeados para el triunfo de quienes forman parte de la preservación y reproducción de la secta política.
No hay duda de que la dirigencia nacional de MORENA tiene sobredimensionado a Ricardo Monreal, cabeza de una familia política que no comulga, del todo, ideológica y políticamente con el partido que promovió Andrés Manuel López Obrador, como así lo dice su práctica. Permitirle, sin consecuencias, los muchos coqueteos con quienes atacan constantemente a los gobiernos de AMLO y ahora de Claudia Sheinbaum, como a los programas sociales y al partido en el gobierno, ha causado un daño que no ha sido calculado.
Está por saberse si la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Montiel y Citlalli, “acordó políticamente” la nominación de “una Monreal” para Zacatecas, deshonestidad que estaría rompiendo principios obradoristas. En sentido estricto, serían una afrenta tan grave como para destituirlas del cargo partidista. Si ese acuerdo se cristalizó, habrá que saber qué otro acuerdo estará haciendo Ricardo con “Alito” Moreno, como cuando negociaron a Claudia Anaya por David Monreal.
Un amplio sector del pueblo de Zacatecas sabe todo eso. Y cada día crece el número de ciudadanos que cobran conciencia. A ese proceso AMLO le llamó “la revolución de las conciencias”. Cuando hay claridad, se crea el descrédito, se manifiesta el desgaste y se produce el hartazgo que manda al basurero de la historia a quienes ya no deben representarlo.
La secta de los Monreal lucha por mantener el monopolio de “la marca” MORENA; su deseo es enviar a Ulises a la alianza de la derecha (PRIAN). Así, se quitaría a un rival que no han podido controlar, ni destruir. En cambio, a Ulises le conviene mantenerse en MORENA, reformular el proyecto Zacatecas hacia la 4T y seguir ampliando el contacto directo con el pueblo. “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.



