Es fácil decir que la Organización de las Naciones Unidas sirve para nada
Han sido incapaces de detener la guerra iniciada por Rusia ante Ucrania, se han comportado como un costoso adorno ante el genocidio de Israel al pueblo palestino que bombardea por igual escuelas, hospitales, matando a centenares de niñas y niños, obligando que al menos un millón 900 mil gazatíes se vieran obligadas a abandonar sus hogares.
Y al menos siete genocidios en diversas partes del mundo siguen vigentes bajo la mirada indolente de las naciones agrupadas en la ONU, con millones de víctimas entre asesinatos y desplazados en lugares como Yemen, Guatemala, Sudán, Nigeria, Siria.
Y la inacción de la comunidad internacional ante el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, el llamado genocidio silencioso, que apuesta a matar de hambre a la nación caribeña.
Hace apenas unos días se llevó a cabo la asamblea general de la ONU donde Benjamín Netanyahu fue recibido por la asamblea entre abucheos, (lo más que ha hecho la comunidad internacional en su contra), y el hombre siguió justificando el genocidio israelí y su alianza bélica con Estados Unidos.
Y Donald Trump aseguró que el poderío militar de Irán está casi destruido, afirmó que la navegación por el estrecho de Ormuz se ha normalizado y siendo el señor de la guerra reivindicó su papel en la resolución de ocho guerras en el mundo. Aunque también aprovechó para acusar que México es el epicentro de los cárteles en el mundo a los que insistió en calificar como “terroristas”, frase con la que suele justificar sus ansias intervencionistas.
Por Naciones Unidas desfilaron decenas de mandatarios, aquí también se planteó la necesidad de regular el poderío de la inteligencia artificial como una más de las amenazas mundiales.
Y ante ése panorama la verdadera cumbre de naciones ocurrió en una lujosa cena en la Casa Blanca donde el presidente de Estados Unidos Donald Trump recibió al presidente chino Xi Jinping, al banquete acudieron los magnates estadounidenses que lideran empresas tecnológicas y son además la verdadera élite que controla al presidente Trump: Elon Musk, dueño de Tesla, Michael Dell, dueño de la empresa de computación Dell, Jeff Bezos Tim Cook de Apple, Sam Altam de Open AI y demás magnates cuyas fortunas suman más de tres trillones de dólares y forman parte de los mil 300 líderes de empresas que controlan la economía en el mundo y mantienen de rodillas a la mayoría de los Estados Nación.
Y estas empresas son también las principales responsables del deterioro ambiental en el mundo, el cambio climático y la emisión de gases de efecto invernadero, sin que hasta ahora hallan establecido y puesto en marcha mecanismos concretos contra esta mitigación tal como se ha exigido en las diversas Conferencias de Naciones Unidas contra el Cambio Climático (oootra farsa).
Quizás por eso ante todo este panorama desalentador y de hipocresía gubernamental el Papa León XIV desde la sede de la UNESCO en París donde realiza una visita pastoral que incluirá una jornada mundial de oración alertó que la ONU “es una farsa”.
El Papa señaló que las Naciones Unidas atraviesan una crisis profunda en su capacidad para resolver conflictos.
E insistió que “el diálogo internacional corre peligro de volverse una farsa o una forma de hipocresía si los líderes mundiales ignoran el Estado de derecho y usan las conversaciones como un freno, en lugar de un recurso real para la paz”.
En este contexto el Papa urgió a recuperar la confianza y aceptar que las diferencias no son amenazas, sino oportunidades para buscar el bien común.
Y mientras la farsa mundial continúa, el “Grito de la tierra, que el grito de los pobres” que enuncia el profeta y teólogo de la liberación, el brasileño Leonardo Boff es hoy, más vigente que nunca.



