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lunes, 25 octubre, 2021

Educación en Género, Paz y Masculinidades Democráticas en la UAZ

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En la universidad, como en gran parte del sistema educativo, es un espacio tanto de formación de los jóvenes en temas de nuevas masculinidades y prevención en violencias de género, como arena donde las violencias ocurren y deben evitarse. La educación que no es concebida desde los saberes para la vida cotidiana, como saber comer o saber manejar conflictos o saber comportarse con sentido de igualdad o saber conducir las emociones, entonces es una educación que no lo es: es mera capacitación para el trabajo. Sabiduría es ‘saber vivir’, algo distinto que conocimientos o habilidades técnicas. Por eso, una universidad sin formación sapiencial es mero cultivo de memoria y razonamientos técnicos. En otras palabras: podemos tener un profesor experto en derecho penal o topología matemática o resistencia de materiales y ser un patán.

La violencia que se vive en los hogares, centros de trabajo y escuelas es mayor de lo que creemos. Profesores reconocidos por su capacidad teórica que, al llegar al hogar, golpean a su esposa. Así, ‘el saber’ implica no sólo aprender, sino desaprender. Así las cosas, profesores y alumnos, hombres y mujeres, deben estar en proceso continuo de aprender y desaprender actitudes y valores para lograr una convivencia humana constructiva y feliz.

En la institución deberá emprender prevención de violencia primaria, secundaria y terciaria: Primaria (cuando el conflicto o problema no ha surgido aún), Secundaria (cuando ya está presente el conflicto o problema) y Terciaria (arbitrando procesos de protección a la víctima declarada como tal a todos los efectos). En la primaria se tiene el objetivo de Evitar la aparición y consolidación de patrones de vida social, económica y cultural que contribuyen a aumentar el riesgo de violencia. Evitar la aparición de casos nuevos (incidencia) de malos tratos mediante el control de las causas y de los predisponentes. En la secundaria, reducir el progreso o las consecuencias de una situación de malos tratos ya establecida, minimizando las secuelas y sufrimientos causados. Incluye la adopción de medidas de acción positiva. Y en la terciaria, Reducir el progreso o las consecuencias de una situación de malos tratos ya establecida, minimizando las secuelas y sufrimientos causados. Incluye la adopción de medidas de acción positiva.

Así, los profesores y alumnos pueden emprender procesos de coeducación, de formación docente en detección precoz de conductas de riesgo, contar con servicios de apoyo para atención a dichos casos, medidas de acción positiva y protección hacia las mujeres violentadas y sus hijos e hijas, apoyo a la autonomía personal de las mujeres violentadas, y aprobación y aplicación de leyes contra la violencia de género.

En suma, es muy importante que una institución como la Universidad tenga éxito en la gestión de una educación para la paz, trato justo y realizativo. Porque en la medida que lo logre, esa formación tendrá incidencia en la sociedad a través de la vida cotidiana de alumnos formados en masculinidades democráticas. Un profesor universitario no puede ser un gorila con títulos profesionales, sino por el contrario, debe ser un ejemplo de humanidad creadora.

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