De lesa inteligencia

De lesa inteligencia

La semana anterior ocurrió un suceso que, sin ser noticia de nota roja o de tinte amarillista, como acostumbra nuestra prensa narrar para “vender” argumentos noticiosos, debiera inquietar mucho a todos aquellos que se preocupan por el futuro de nuestra entidad y pinta de cuerpo entero lo que está ocurriendo en muchos lugares del planeta y que tiene que ver, ni más ni menos, con el desprecio cada vez más notorio que la humanidad tiene hacia el fomento y la búsqueda del conocimiento y por ende, del desarrollo de la inteligencia humana y en su lugar, creerse la idea de que la ignorancia y la chambonería son las bases para iniciar cualquier debate que tenga que ver con los asuntos que interesan, o debieran interesar a los habitantes de nuestras poblaciones, países y el planeta en general. 

Sucede que, en algún basurero o lugar de recolección de basura de la ciudad de Zacatecas, la flamante y ostentada Capital Americana de la Cultura, Patrimonio Mundial de la Humanidad y la Civilizadora del Norte y algunos otros epítomes grandilocuentes con que se promueve la Capital de la Cantera y Plata, aparecieron tirados la cantidad de ciento cincuenta libros. Ciento cincuenta, ni más ni menos. Y no se crea que eran libros de los denominados de a kilo por los vendedores de segunda, había volúmenes de escritores renombrados de todas las épocas y de todo el mundo. Libros que pudieran interesar incluso a coleccionistas y que ocuparían un lugar de privilegio en las bibliotecas de lectores asiduos, o que, en su defecto, engalanarían la biblioteca de algún centro educativo o las de las cabeceras municipales o comunidades en nuestro traqueteado estado, donde, a pesar de los nombramientos rimbombantes con que se promueve a la capital, la cultura general brilla, pero por su ausencia. 

En ese potencial cementerio de libros se encontraban autores universales de renombre, primeras ediciones, algún tomo sustraído ilegalmente de la biblioteca universitaria y para qué seguir narrando los pormenores de esta majadería. Solo hay que tomar nota de una docena de autores arrojados vilmente al basurero de una manera infame, juzgue usted: Gabriel García Márquez, Hermann Hesse, León Tolstoi, H. G. Wells, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Manuel Gutiérrez Nájera, Octavio Paz, J. J. Benítez, Mario Vargas Llosa, José Vasconcelos y Nicolás Maquiavelo, para completar la docena de notables autores de todos los tiempos y para no seguir engrosando con el sacrílego comentario la lista de autores devaluados con esta herética acción. 

Lo que más ofende es que la sola acción de ir a tirar tantos libros a la basura es que toma más tiempo que llevarlos a vender con los vendedores de libros usados, o de llevarlos a donar a la escuela más cercana, a alguna biblioteca comunitaria o informarse quién colecciona libros para distribuirlos en lugares donde se necesitan o, en el mejor de los casos, preguntar entre los vecinos o amigos si alguien está interesado en quedárselos y que incluso pasen por ellos al domicilio de quien se quiera deshacer de dichos volúmenes. Por el lado que se le vea, es inconcebible que alguien cometa un crimen de semejante magnitud. Si se está peleado con el cultivo de la información y de la inteligencia, hay mucha gente que no lee porque no tiene los medios para comprarse una buena lectura y en el caso del sujeto o sujeta que haya tenido la ocurrencia de cometer semejante barbaridad, hasta se hubiera lucido en sus redes sociales o ante algún medio informativo, realizando una acción altruista y de buena cuna, donándolos a alguna institución o incluso regalándoselos a los cuates. Pero está claro que, si tuvo la suficiente cerrazón para no pensar en ninguna de las posibilidades mencionadas, es evidente que dicha persona está tocada y cubierta por el velo de la ignorancia. En fin, qué crimen tan nefasto y de tan lesa inteligencia. 

Lo anterior parecería una historia de horror aislada, si no fuera que están ocurriendo acciones terribles que complementan la pesadilla de la lucha sistemática contra el cultivo del conocimiento; hay muchos eventos que parecen sintomáticos. Muchas escuelas que están semi abandonadas por la pandemia se han convertido en refugio de bandas de personas que se dedican a hacer cosas que nada tienen que ver con el cultivo del conocimiento, sino más bien al fomento de adicciones y conductas que son nocivas para la salud personal y el orden público; algunos centros de enseñanza particulares o de corte político han dejado de pagar a sus profesores argumentando todo tipo de sandeces; muchos maestros han dejado de cumplir con sus obligaciones didácticas en complicidad con alumnos que simplemente se niegan a desarrollar las actividades necesarias para el aprendizaje, los recintos culturales se utilizan para cualquier cosa, menos para lo que están diseñados, es decir, para la promoción de la cultura y para terminar esta larga y agónica letanía, los maestros del estado están padeciendo por la falta de cumplimiento de quien sea responsable, por no recibir su salario. 

¿Será el anuncio de la llegada del apocalipsis? ■

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