América Latina y los Juegos del silencio (Segunda parte)

América Latina y los Juegos del silencio (Segunda parte)

Pero no solo las nuevas políticas estatales de algunos países explican los éxitos de los deportistas latinoamericanos. También hay lo que algunos consideran su principal fortaleza: esa enorme capacidad para sobreponerse a las adversidades, aprendida en el precario espacio en el que suelen nacer, crecer y competir. En pocas palabras, su resiliencia.

Como el caso de la mexicana María del Rosario Espinoza, nacida en 1987 en La Brecha, una localidad de dos mil habitantes en Sinaloa. Gracias al apoyo de sus padres, y en contravía del estigma machista que pretendía negarle el derecho a practicar taekwondo, María del Rosario se abrió paso para convertirse en medallista triple: oro en Pekín (2008), bronce en Londres (2012) y plata en Río (2016).

Y ella tiene dignos sucesores en los primeros días de estos juegos. El ecuatoriano Richard Carapaz se coronó rey del ciclismo de ruta, tras advertir sobre sus condiciones al subir al podio en las tres grandes pruebas del ciclismo: Giro de Italia (campeón), Tour de Francia (tercero) y Vuelta a España (segundo). Pero su historia también es la otra, la del niño que vino al mundo en El Carmelo, provincia del Carchi, en las alturas de los Andes. Su padre le compró en una chatarrería su primera bicicleta, un arrume de hierros que luego armó para que su hijo se acostumbrara a subir las cuestas vecinas.

Luego de las carreras locales, hizo una ‘especialización’ al norte de la frontera, al lado de los ‘escarabajos’ colombianos que lo acogieron y ahora lo ven alejarse en la punta, como fruto exclusivo de su coraje y su capacidad. Ese es el Carapaz que, en meteórico salto, ganó el oro en pleno Monte Fuji. El mismo ciclista que, reflejando la frustración de muchos deportistas del continente, hizo duros reproches al Estado ecuatoriano, y reclamó la presea solo para él y su familia. “El país nunca creyó en mí, el oro me pertenece”, dijo.

El colombiano Luis Javier Mosquera, primera medalla de plata en Tokio, fue peluquero de su barriada, en Yumbo, municipio cercano a Cali, donde nació. Pero, para su fortuna, sus hermanos lo entusiasmaron a probar suerte en la halterofilia. Y lo hizo no sin pasar grandes necesidades pese a los esfuerzos de su padre. Luis Javier fue campeón mundial juvenil a los 15 años y estuvo a punto de retirarse por la falta de apoyo. Pero regresó con metas muy claras. Así, estuvo en Río y ganó bronce luego de la descalificación por dopaje de quien había sido tercero. Meses después, la medalla le llegó por correo.

En la calle, al mexicano Luis Álvarez Murillo le dicen ‘el abuelo’. En cambio, en el cuartel del Ejército le llaman por lo que es, sargento segundo. Es tirador con arco y junto a Alejandra González, su compañera de dianas, acaba de inscribir su nombre en bronce en categoría mixta. Su vida ha sido una montaña rusa de dificultades personales complicadas por la crisis actual. “Yo no he vivido del deporte, yo he sobrevivido al deporte”, dice Álvarez Murillo.

Quizás sus vidas cambien en algo luego de bajar de los podios. A Álvarez le llegará un premio del Estado por unos 44 mil euros para compartir con su pareja de equipo. A Mosquera le esperan cerca de 28 mil euros. De haber ganado oro, habría recibido 50 mil. Poco si se compara con el millón de euros que ofrece Singapur por el primer lugar a sus deportistas, o los 631 mil de Indonesia o los 115 mil de Italia.

Hasta el 8 de agosto, con cada día que pase otros deportistas latinoamericanos saldrán a buscar sus sueños. No les será fácil conseguirlos. “Brasil es ahora potencia olímpica, pero difícilmente llegará a las 19 medallas que obtuvo en casa hace cuatro años”, dice Ordóñez. El Comité Olímpico Brasileño (COB), según Jorge Bichara, director de deportes de la entidad, espera bordear diez de oro, gracias, entre otras, a dos deportes debutantes: el surf y el skate. Dos tablas, una acuática y la otra callejera, muy ligadas a su cultura popular. Claro está, más los siempre ganadores, o al menos finalistas, fútbol y voleibol.

“Argentina, apunta el analista, tiene gran tradición en deportes de conjunto, aunque no aparece como favorita en ninguno. Eso sí, dará la batalla en fútbol, baloncesto, rugby, balonmano, hockey y voleibol. Colombia le apuesta a cinco medallas y quizás las logre. Venezuela tiene un oro casi fijo con Yulimar Rojas en salto triple. Y Carapaz ya salvó la participación de Ecuador”, dice Ordóñez.
Sobre México, el periodista consideraría una conquista que alcanzaran las mismas cinco que ganaron en Brasil. Pero Mario García de la Torre, jefe de la delegación, pone la vara más alta. “Me gustaría que tuviéramos más de las cinco de Río. Seis medallas podría ser una situación satisfactoria porque si se logran estaríamos en mejor posición que hace cinco años”. Unas expectativas más bien modestas.

A la vista está entonces el grado de mayor dificultad de los latinoamericanos en Tokio 2020 ante tantas circunstancias adversas. Al final, enfrentan el mismo desafío que Luis Subercaseaux, el solitario chileno que se inscribió en ciclismo y atletismo en 1896, en los primeros juegos de la era moderna en Atenas, aunque nadie sabe si compitió pues no aparece en los registros. O que el esgrimista cubano Ramón Fost, quien obtuvo en París, en 1900, las primera medallas de oro y plata. América Latina buscará seguir creciendo en Tokio: no faltarán voluntades, pero al final, solo el medallero dictará su sentencia.

Cada semana, la plataforma latinoamericana de periodismo CONNECTAS publica análisis sobre hechos de coyuntura de las Américas. Si le interesa leer más información como esta puede ingresar a este enlacehttps://www.connectas.org/tqh/. ■

* Miembro de la mesa editorial de CONNECTAS

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