ningún país es mi país, de Gustavo Ogarrio

ningún país es mi país, de Gustavo Ogarrio

La Gualdra 486 / Poesía / Libros

 

 

En el interior de estas páginas hay un país en llamas; una sala de cine en la que conviven Bruce Lee, Yul Brynner, Charlton Heston, Mel Gibson, Libertad Lamarque, Marga López y Blanca Estela Pavón; un grupo de jóvenes que corren apocalípticamente hacia sus casas —entre calles estrechas y puntiagudas—; una radio que sintoniza al Trío Matamoros, a Muddy Waters y las últimas noticias en cascada sobre el fin del mundo; el bombardeo constante sobre nuestra conciencia; una multitud frente a las mangueras de agua como cíclopes hidráulicos; un trozo musical de Patti Smith; un parpadeo nerudiano junto a una fábrica de silencio; un padre que domestica cocodrilos dentro de sus pulmones; un reino animal con un terremoto al costado; personas ensangrentadas que buscan su no país; conforman una geografía de dolor y esperanza como parte del territorio poético de un continente personal y social. Este poemario de Gustavo Ogarrio nos muestra el punto cero de la poesía: donde todo regresa a nosotros como era antes —por un pestañeo—, para corroborar que cada vez nos hundimos con mayor maestría. Queda claro: la única manera de volcar nuestro coche y así evitar la desmemoria, yace dentro de este libro de mitologías urbanas, donde la realidad sabe bien que todo avanza con una ternura que nos olvida. Entre la posibilidad de nuevas utopías y la nostalgia, Ogarrio nos deja claro que la poesía siempre será ese mundo que todavía no se derrumba.

 

 

 

Selección de poemas de ningún país es mi país (Silla Vacía editorial, Morelia, 2020)

ningún país

ningún país cuenta venados como flechas luminosas
venados de otro mundo que hacen temblar el vacío de las tardes
sin destino    sin dios    venados de metal     heridos y veloces
en la luna menguante de la feria     rueda de la fortuna   tazas del vértigo
carritos chocones con chispas en la cabeza
resaca de mareas fúnebres que como mordida de tigre
hacen caer también a otros venados
que agonizan ante el avance de las balas y de los cíclopes

qué país tan grave     tan ninguno
tanto dolor en la muela no se puede soportar
hace falta otro país más trémulo para acordarse
de los que llevan la marca de ningún país en los huesos
en esta sangre de pelícano que golpea contra el silencio
en el puente de gardenias en el que se ha colgado la cabeza de este país
hace falta contar los zapatos de los que se fueron a ningún lado
sin ningún país encima
linternas apagadas
con sus héroes perenes en hazañas negras
que hicieron brotar por primera vez el muñón sagrado de la muerte
y esa manera tan magnífica de arder como venado en movimiento
tras las huellas de ningún país
una lengua como país natal
quisiera tener una lengua de buzo
experta en los trabajos del mar o que al menos consiguiera retar a los pulpos
y a sus tentáculos desplomados que son cortados al atardecer
para alimentar a las mujeres fatales

una lengua de caballo dormido o de cantor medieval
o de campana al amanecer que anuncia el triste comenzar de los cuerpos enlutados
una lengua como casa abandonada
con los vidrios rotos y con vocación plumífera

una lengua sin navidad ni año nuevo
inflexible como un renacuajo en la boca
una lengua que se llame genoveva    ariadna    simona    colette

una lengua del siglo XVI
temblorosa en los andamios del miedo
y valiente cuando tenga que enfrentar a las telarañas
de los besos arquitectónicos

una lengua como ráfaga de viento que sirva para ganar tragedias
para tragar melancolías ajenas y escupirlas al abismo de todos los días
una lengua de taladro metafísico que acabe con la piel dura de la alegría sin respiro

quiero una lengua de nieve para regalársela a los enfermos que cuidé
y que ya no pudieron decirme sus últimas palabras
quiero una lengua de buitre para acabar conmigo
y con todos los domingos en los que soñé tener otra lengua
quiero una lengua de pordiosero para ahorcar a la piedad de los poderosos
quiero una lengua nocturna para robarme los pedazos de estrella
que caen sobre mis enemigos
quiero una lengua de fragancias cósmicas
para besar sin ternura a miroslava y a rosita quintana
y a liz taylor que también es cleopatra
y succionar el tuétano esquizofrénico de sus almas
quiero una lengua lacustre para vibrar como piraña

de una vez por todas
quiero una lengua que sea mi nacimiento verdadero en ningún país

un pulpo gigante atacó al buzo que le sacaba fotos
en la cala de fluebish     a ciento cincuenta kilómetros de san francisco
cierta tarde luminosa de verano    de turistas distraídos que juegan en las rocas
un pulpo llamado fred    sepultado hace siglos en el océano pacífico
examina a la distancia a otro pulpo   insólito y débil
un forastero en la tumba líquida

fred es un devorador de crustáceos   cangrejos desdichados
soberbias langostas     almejas entusiastas
un infatigable espectro que se guarda en la arena para el ataque
quieto   tibio   anónimo   todavía sin popularidad
fred sigue a este forastero de tentáculos artificiales
que de pronto lo descubre a sus espaldas
el extranjero hace palpitar su brazo de cámara fotográfica
y fred gira en el remolino de su propia tinta para lanzar sus ventosas
para protestar contra la humanidad bajo el agua
su brazo majestuoso de dos metros con cincuenta centímetros de largo
es ya el misterio de los colores en movimiento
el forastero y su épica marina alcanzan a ver el pico córneo de fred
los pulpos también lloran y tiene derecho a la intimidad
dice la nota en el periódico que no sabe nada de fred
mucho menos de su bolsa de tristezas oceánicas

el forastero escapa y fred no se rebaja un solo instante ni al rencor ni a la melancolía
más bien retrocede sin rumbo     como solo saben hacerlo los pulpos en la oscuridad
al tiempo que se come uno de sus tentáculos
el hambre es mala consejera    pero en unos días el muñón hidráulico crecerá

fred no sabe que ya hay pulpos adivinadores en la superficie terrestre
que son capaces de descifrar el futuro de las princesas y el score de un partido de fútbol
sin embargo   fred se graduará como homicida incompleto en diarios y revistas
y reinará por un instante en el ocaso de algún país fugaz

 

 

 

 

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