Abigarrados

Abigarrados

Le dice de aquellas cosas heterogéneas, reunidas sin ley, armonía o concierto que son “abigarradas”. Cuando se tiene enfrente una realidad abigarrada se le denomina también “compleja”. La complejidad aparenta ser un sinónimo del abigarramiento de lo real, pero cuando se postula o induce una regla de ordenamiento se produce una reducción de eso enmarañado, el nudo gordiano se corta por las espadas de la razón. Cuando se intentan analizar los resultados del proceso electoral mexicano culminado el 6 de junio de 2021 la situación es compleja. Abigarrada. La pretensión de muchos es obtener un juicio global que funcione como propaganda porque descreen de la objetividad (e.g. Hernán Gómez Bruera (2021) “AMLO y la 4T. Una guía para escépticos” Océano, p. 15), de otros, unos pocos, es tratar de comprender qué pasó, y si lo acontecido tiene consecuencias previsibles. Como ya se mencionó, para lograr este último objetivo se requiere un procedimiento de reducción de la complejidad. Proponemos el siguiente: se establece una división temporal: ex ante, o antes de los resultados del proceso, y ex post, o posterior a la emisión de los sufragios, y por cada proceso ocurrido: elecciones de gobernadores, del Congreso de la Unión y de la Ciudad de México. ¿Por qué una división temporal? Antes de las elecciones existen procesos de propaganda y de generación de expectativas. Estas últimas pueden ser muy entusiastas y funcionan como elementos comparativos para definir lo que cada actor esperaba. Después de las elecciones los discursos se reconstituyen para, ante la realidad de los resultados, establecer un discurso triunfador o al menos uno no tan derrotista. De la misma manera, es necesario distinguir cada uno de los eventos que tuvieron lugar, porque no es el mismo desempeño de los diversos participantes en cada uno de estos. Así, pues, existen escenarios ex ante y ex post para cada uno de los procesos electorales, en total seis. ¿Es posible obtener un juicio global a partir de la integración de cada uno de estos escenarios? ¿Cómo? Comencemos con el escenario de las gubernaturas. Es claro que al ganar 11 de 15 gubernaturas MORENA obtiene un triunfo ¿Qué tan grande?Si un 100% es la “victoria perfecta” MORENA tuvo un 73.3%. ¿Satisface esto las aspiraciones ex ante de los dirigentes? Quizá no, por ejemplo, de acuerdo a la revista Eme Equis del 1 de septiembre de 2020, MORENA tenía una intención de voto, antes del proceso electoral, que le permitiría ganar 14 de 15. Tal era el escenario más favorable. Otro escenario preveía que MORENA ganaría 10 y el PAN 5. Un tercer escenario era muy favorable a la alianza PAN-PRI-PRD, ya que especulaba que podrían ganar hasta 8 gubernaturas. Si se toma el primer escenario ex ante como elemento de comparación, MORENA no obtuvo la victoria esperada. Su desempeño resultó un fracaso porque de esperar ganar 14, es decir un 93%, ganó 11. Pero si se toma el último, MORENA avanzó y ganó de manera espectacular. Obviamente esto indica la complejidad en la construcción de juicios. Es decir, muestra el origen del elemento subjetivo, que reside en el despliegue de diferentes escenarios posibles, de entre los cuales se elige, ex post, el más beneficioso. Existe, pues, un canal de realimentación entre los escenarios ex ante y el resultado ex post que funciona para modificar la construcción del juicio final, que será el optimo para cada actor. Todos ganan, aunque quizá todos hayan perdido algo. Por ejemplo, MORENA perdió la Ciudad de México de manera casi tan inapelable como ganó las gubernaturas. Volvemos al problema de la integración. ¿Qué tanto peso tiene, en una valoración global, el resultado en cada escenario? ¿quién impone esa métrica? Si se asigna un peso muy grande a la derrota en la Ciudad de México la victoria en las gubernaturas quedaría disminuida de manera arbitraria, si a ésta, por el contrario, se le asigna un peso enorme se desvanece el fracaso. De nuevo surge el elemento subjetivo. Contrario a cualquier fatalismo, este elemento es eliminable, no es inherente a la situación, pero para lograrlo se requiere un acuerdo previo entre los actores para definir las métricas con las que se evaluaran sus resultados. Así se pasa de la arbitrariedad de la subjetividad, a la objetividad intersubjetiva. Como no se construyó tal instrumento, aceptado por todos los participantes, la valoración de las elecciones se torna un ejercicio propagandístico, o fútil. O un ajuste de cuentas. De esto último va de ejemplo el artículo “Ganamos o perdimos” de Pedro Salmerón Sanginés (La Jornada 15/junio/2021) en el que argumenta que la derrota en la Ciudad de México es resultado de las torpes decisiones de la dirigencia de MORENA. La métrica para medir los resultados que propone Salmerón es el nivel de la votación por el partido, e indica que MORENA obtuvo 47:2% de la votación, cuando en la elección de 2018 fue del 54%. ¿Entonces ganó o perdió? De nuevo, la conclusión es: sin acuerdos previos acerca de los criterios de victoria o derrota se pueden elegir métricas que muestren una u otra cosa, para cualquier fin preconcebido. ■

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