¿Año de Hidalgo?

¿Año de Hidalgo?

En días pasados, el gobernador Tello hizo saber a la ciudadanía a través de los medios su conformidad con los resultados de las pasadas elecciones, aceptando la derrota de su partido y de los que lo acompañaron su aventura electoral contra la coalición “Juntos Haremos Historia” que encabezó el candidato David Monreal, hoy gobernador electo del estado de Zacatecas y ya con las constancias que lo acreditan como absoluto ganador. No solo el gobernador, sino los partidos opositores han aceptado el triunfo de Morena y sus aliados. El estado, se supone, tomará nuevos rumbos en lo administrativo y en lo político y, según los mensajes políticos de los vencedores se mantendrán leales y apegados a la política presidencial que hoy marca la cuarta transformación. Se espera que, para ser congruentes con la política partidista y sobre todo con la administración del presidente López Obrador, esta armonía federalista se fortalezca y trascienda con la aportación de un plan de gobierno que rescate al estado del marasmo general en los que ha estado inmerso durante los últimos dos períodos gubernamentales. Todos esperan rumbos mejores para el estado con la administración que tomará la estafeta y las directrices del gobierno durante los próximos seis años.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Algunas actividades requeridas por parte de las diferentes administraciones de los diferentes niveles de gobierno, están ejerciendo sus presupuestos a marchas forzadas en obras que, muchas veces no tienen razón de ser, mientras que se quedan pendientes para ser resueltas por las próximas administraciones obras que son de vital importancia, entre las que destacan algunas que tienen que ver con la conservación de caminos de todo tipo y la de las calles de los principales enclaves del estado, donde han vuelto por sus fueros los antiguos baches y agujeros que siguen mostrando sus capas geológicas que se pensó que nunca más se volverían a ver. Toda proporción guardada, pero aquí en la cabecera municipal se cuenta con sus versiones originales de socavones que vuelven por sus fueros. Ojalá que no se abra alguno tan grande como el de Puebla o aquel tristemente célebre en la Ruta del Sol en los tiempos de Ruiz Esparza y Peña Nieto.

A últimas fechas se ha notado una actividad febril en las actividades de los miembros de Tránsito del Estado, que se han vuelto unos defensores feroces de las normas vialidad, tanto en lo relativo a la vialidad citadina como en las de las vías de mediana y alta velocidad, al menos en el área conurbada. La novedad es que, desde que se supo de la victoria de Morena y la derrota de la fórmula priista, las infracciones viales se han disparado exponencialmente. La ley se está aplicando a rajatabla contra los conductores que durante casi toda la pandemia habían gozado de cierta “impunidad” al estacionar sus vehículos en zonas no permitidas y los excesos de velocidad en donde se pudiera.

Esta aplicación estricta de la ley contrasta con la del período mencionado, incluso se contaba con la anuencia y permisividad de los oficiales de tránsito para pasarse por alto algunas reglas establecidas, que ahora son calificadas con mucho celo. No debiera haber algún problema por esto si la normatividad vial se diera en una forma didáctica y para la mejora de la civilidad, mas, casualmente, se está proyectando para el incremento en los ingresos de tránsito a través de las infracciones que se están aplicando a los conductores que se hacen que la virgen les habla y siguen pasándose por alto las reglas de vialidad. No es que esto no sea lo correcto, porque lo es, pero resulta molesto que las diversas leyes se apliquen de contentillo. En este caso, para que la ley sea educativa y cumpla su calidad punitiva, debe ser aplicada todos los días del año y no cuando mejor le apetezca a quienes se encargan de aplicarla. De esta forma, surgen los malos pensamientos al respecto, o se trata de una vendetta política para castigar a quienes no le reiteraron su devoción al partido en el gobierno, o de plano, para hacer una alcancía para compensar a aquellos que se quedan, por ahora, sin su ladrillito de poder. El consabido “Año de Hidalgo”.

La única forma en que se aceptan las reglas sin decir ni pío, es cuando se aplican siempre y con justicia, lo que no está ocurriendo en este caso. Es triste observar la voracidad con que los vehículos de la Dirección de Tránsito, andan actuando contra los conductores que transitan por las principales vialidades de la zona conurbada incluyendo espacios que son de jurisdicción federal, en algunos casos. En fin, se recomienda tener más tacto y consideración a este respecto y que no ocurra como en la mayoría de las iniciativas de esta dirección, que parece que fueron diseñadas solamente para incrementar los conceptos de multas viales sin que por desgracia haya resultados positivos y favorables, como aquel de triste memoria en el que se quiso regular la actividad de los motociclistas, que solo sirvió para enriquecer las arcas oficiales y la venta masiva de cascos, porque en el respeto de las leyes por los conductores de los caballos de acero, resultó ser letra muerta.
Así que sería bueno considerar cual es el objetivo del repentino celo de las autoridades viales por hacer que se respete la ley. ■

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