La ausencia de proyecto de gobierno: el poder como (mera) dominación

La ausencia de proyecto de gobierno: el poder como (mera) dominación

El poder como medio o el poder como fin, ahí se define la gran diferencia en el ejercicio del mismo: la sociología les llama ‘poder sobre’ y el ‘poder para’. El primero está centrado en los procesos de dominación y es inercial con el despotismo. El pretender un poder sobre las personas es para ejercer sobre ellas una forma de dominio para el beneficio de pequeñas minorías, élites o mafias. El ‘poder para’ es una manera de crear nuevas formas de vida donde el poder es una capacidad de lograr cosas a través de la acción colectiva. Como toparse una enorme piedra en el camino: el poder de la acción conjunta hace que podamos hacer lo que cada quien por separado nunca podría realizar, mover la roca. Así las cosas, ¿cómo saber cuál es el tipo de poder al que aspiran los grupos políticos?

Una de las maneras nítidas de saber la respuesta a la pregunta anterior, es observar si hay un proyecto para la acción o no. Y la forma de dicho proyecto. Un proyecto es un conjunto de ideas e intenciones compartidas, públicas y, por tanto, objetivas. Atenerse a las intenciones compartidas es apostar por un `poder para’, porque los proyectos señalan objetivos a través de la acción colectiva. Y si realmente el proyecto es guía de la acción, las pasiones intestinas de los líderes existen, pero se someten a la intención compartida. En cambio, sin proyecto como guía, sólo queda la voluntad arbitraria de los lideres o grupos o mafias. La intención de la dominación no se expresa en un proyecto público, es lo inconfesable. Nadie pone en un documento: “pienso controlar ‘x’ territorio para hacerme igual de rico que MacPato”. Estas pasiones son inconfesables. Y pueden ser compartidas por algunos, pero no públicas. Y un proyecto social es necesariamente público.

Así las cosas, una manera de saber de la existencia de intenciones ‘non bonum’, es, o la ausencia de proyecto o la existencia de uno vacuo. Cuando los partidos renunciaron a guiar su vida con acuerdos internos, formación política y proyectos de gobierno, y sustituirla con propagada, compra de votos y decisiones de cúpulas; decidieron asumir el ‘poder sobre’ que se interesa sólo por la dominación, por tanto, despreocupados realmente por los problemas públicos. Con ello, se creó un Golem: gobiernos que no les preocupan (realmente) los problemas públicos. Observamos en las campañas prometer la paz sabiendo que no ocurrirá tal cosa. Los grupos políticos, en este contexto, son demagogos. Lobos mal-vestidos de ovejas. Cuando son gobernantes mienten delante de todos. El cinismo se convierte en vida cotidiana. Algunos narcotraficantes les aprendieron la lección, como el capo colombiano multihomicida que le gustaba decir en sus discursos: “soy una persona honesta, sensible y decente…”. Es la crudeza de la ‘real política’. Lo que periodísticamente se conoce como ‘pragmatismo’. El PRI habla de honestidad, el PAN de igualdad y Morena de esperanza, y ninguno se atiene a un proyecto verdadero, compartido y público. Meros fraseos genéricos vacíos que disfrazan la cuestión.

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