Política sin programa: confección de tiranías

Política sin programa: confección de tiranías

Cuando se inició la sociedad moderna, se dijo que entramos a la llamada ‘sociedad abstracta’ porque quedaron superados los criterios para legitimar decisiones políticas lejos de las personas y cerca de procedimientos legales y de argumentación. En otras palabras: se creía que en alguna idea por el hecho de que la había dicho alguna persona con mucha autoridad, ahora no: se cree en una idea si se aporta evidencia empírica o fuerza argumental para creer en ella independientemente de quién la haya dicho. Esto es, en lugar de personas, los criterios para la credibilidad son procedimientos, reglas y evidencias. A eso se llamó ‘modernidad’.

Pue bien, eso lo observamos en la vida política del país: ¿por qué realmente vota o deja votar un elector? Alguien puede decir: “yo voto por juanito porque él representa la posibilidad de que los obreros tengan salud de parte del Estado, y como soy obrero, por tanto, representa mis intereses”. Y resulta que juanito al tomar el poder, no dio posibilidad de que los obreros tuvieran salud por parte del Estado. Por tanto, lo declararon fuera del ‘programa’ y lo desautorizaron para ser su ‘representante’. En este ejemplo, el foco está el programa y no en la persona. ¿Qué ocurre cuando es al revés, y la persona está en el foco o en el centro? Pues se el da poder a una persona independientemente de lo que deicida estando en el poder. Y un poder sin condiciones programáticas es un poder arbitrario: una tiranía, al final del día. Porque un poder no-condicionado es autorreferencial o autocrático.

Como podemos observar, la vida política sin claridad programática o, incluso, sin programas, significa construirle la autopista a una forma despótica del poder. En México eso ha sido parte de las causas del llamado ‘régimen autoritario’: las personas que detentan el poder lo ejercen con su propio arbitrio y sin condiciones abstractas como los programas o procedimientos. Cuando un presidente municipal se salta los resultados de la planeación, lo hace para poder ejercer el poder sin ataduras. Menos van a aceptar la planeación participativa donde órganos colegiados toman las decisiones.

Pues bien, el indicio más claro de que se elige a un político que será un tiranito, es que se elige sin criterios programáticos y sin dispositivos de rendición de cuentas. Las elecciones actualmente tienen como centro de preocupación la obtención de votos, y por ello, los partidos contratan estrategas de marketing que seduzcan a los ciudadanos, no que los convenzan. No optan por la verdad sino por la retórica de la seducción. En un diálogo en las redes, una persona preguntó, “¿Por qué pusieron a ese candidato que es de otra ideología?”, y la respuesta fue: “porque ese nos hará ganar”. A lo que respondió: “¿ganar qué?”. Ahí está la clave: se puede ganar una gubernatura sin ganar mayor justicia. Por tanto, se puede perder (la justicia) ganando (la posición de elección). Y en suma, lo que observamos es la ausencia de compromisos programáticos de los políticos. Cuando presentan un documento es porque lo mandaron a hacer a algún mercenario de la academia que cobra bien a tirios o troyanos. Pero no es importante que exista algún documento (ese lo pueden mandar hacer), sino que el proceso de legitimación se realice por mediación de un programa. De lo contrario, estamos en una forma política que confecciona tiranos.

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