Nuestras esperanzas

Nuestras esperanzas

Como es bien sabido, la Covid-19 se originó en Wuhan, China, y fue declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020. Su propagación a escala planetaria se debe a la capacidad de transportación de los seres humanos; que lo haya hecho en poco tiempo, en meses, indica la velocidad de los intercambios de personas a lo largo de la geografía. Es un triunfo de la técnica aprovechado por los virus. También se puede concluir de esa veloz diseminación la poca importancia que los líderes mundiales le otorgaron, en sus inicios, al organismo microscópico. Sin embargo, cuando descubrieron la capacidad de esa enfermedad de desbordar sistemas de salud nacionales cambiaron de parecer. Y la situación se tornó difícil cuando la única solución a la alta celeridad de los contagios resultó ser el aislamiento. Esta medida involucró a la economía en su conjunto porque confinar a las personas tiene por consecuencia económica una disminución de la demanda agregada, una detención del proceso, o intento, de crecimiento económico. Por ende, más de un plan gubernamental podía verse comprometido si los desembolsos de dinero público en salud y apoyos a las empresas se volvían considerables. Desde la perspectiva de los grupos políticos que dirigen a los países el coronavirus es un problema político. ¿Por qué? porque un mal manejo merma la legitimidad de un gobierno: muchas muertes, cierre de empresas, desempleo, perdida de la riqueza nacional son indicadores de una mala gestión. Entonces, ante ese evento que bien pueden aprovechar los opositores, se enarbolan las armas de la propaganda. Después de todo la mayoría de las personas tienen acceso a una cantidad limitada de información. La visión de la gente es local, no global. Pero existen problemas. En algunas naciones el gobierno monopolizaba la información, tenía control total de los medios de comunicación, por lo que una transición a la democracia liberal requirió la creación de organismos de transparencia y rendición de cuentas. Con estos organismos la docimasia de los datos se le dificultó a los gobiernos: los ciudadanos podían, si así lo determinaban, acceder a la información necesaria para formarse un juicio crítico e independiente. Recordemos que las universidades se quieren autónomas para no caer en la falacia ad baculum. Es decir, los argumentos valen por su forma y verdad, no por la posición política de quien los emite. Aún más, la búsqueda independiente de la verdad y el desarrollo individual de argumentos, son criterios fundamentales de la democracia liberal, por eso se necesitan abundantes fuentes de información y acceso a ellas. Por su parte, la propaganda no duda en apelar a lo más humano que hay: las emociones. Antes que razonables, los seres humanos son animales emocionales. Todavía más: existen personas con la necesidad de creer en un líder, de plegarse a una sensación de “transformación”, de formar parte de un grupo y compartir una visión, más emotiva que crítica. Ante esto cualquier racionalidad palidece, apelar a la verdad es inútil. Por qué esto es así a pesar de los esfuerzos educativos es un problema abierto a hipótesis. Ahora bien, si el SARS-CoV-2 es un problema político para los dirigentes, es un problema cognitivo para los economistas, sociólogos, biólogos, médicos, es decir, un reto para los universitarios. Al parecer, la Universidad Nacional Autónoma de México tiene en preparación una vacuna contra la Covid (“Vacuna de la UNAM contra Covid-19 estría lista a mediados de 2021” El financiero 4/09/2020), resultado del trabajo de los biólogos y médicos. ¿Qué correspondería a los economistas y sociólogos? Desarrollar metodologías de confinamiento, planes económicos ante la desaceleración del crecimiento. Matemáticos y físicos deben desarrollar modelos de propagación de las epidemias, la demanda hospitalaria. Mientras que los ingenieros deben diseñar mejores equipos, una superior infraestructura médica y formulas organizacionales inéditas. ¿Qué exigen las universidades para transitar a esto? Más infraestructura, más equipamiento, más personal calificado. ¿Está la Universidad Autónoma de Zacatecas en esa estela? ¿Lo están las universidades estatales? Y si no lo están ¿qué factores contribuyen a hacer de la educación superior pública una madriguera del atraso cuyo destino es la irrelevancia? Daniel Bell, en su “Las contradicciones culturales del capitalismo”, sostuvo que las esferas de la economía y la política, de la ciencia, estaban bajo el ataque de la esfera cultural que promovía la irracionalidad, el desdén por la ciencia, la ausencia de crítica y a los gurús iluminados. Fue, en un medio dominado por las teorías sociológicas sistémicas que aducían la integridad funcional del sistema social, una teoría que argumentaba la “contradicción” sistémica entre diferentes componentes de la sociedad. Hoy día, cuando la “posverdad”, los “otros datos”, las “otras mentalidades” vuelven por sus fueros, la pandemia es una oportunidad de demostrar que desde un enfoque científico, racional, crítico es posible disminuir sus efectos perniciosos. Esto indica que este tipo de filosofías son superiores, desde un punto de vista pragmático, a aquellas otras, tan posmodernas, tan proliferantes en las universidades y causa de mucha de su irrelevancia, cuyo pregón fundamental es que la ciencia es un error, la crítica superflua y la racionalidad un mito. Esperemos que la UAZ le apueste a la ciencia, y ojalá desarrollase proyectos tan importantes como una vacuna contra el Sars-CoV-2. ■

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