Pandemia, países pobres y migración: las soluciones del Estado

Pandemia, países pobres y migración: las soluciones del Estado

Con la pandemia no sólo el sufrimiento de miles de familias que han perdido familiares tiene lugar, sino la devastación de la economía con consecuencias imprevisibles. Si los niveles de deuda al final de 2019 ya eran escandalosos, que se había situado en 320 por ciento del PIB mundial, en el 2020 se elevó aún más. La caída de la rentabilidad de las empresas trae problemas en el sector financiero que, a su vez, tiene como efecto la restricción del crédito. En el 2020 tuvimos una caída promedio de 9 por ciento del PIB en América Latina y un alza preocupante en la pobreza del 37 por ciento. Y un incremento en la desocupación del 13 por ciento. ¿Y la desigualdad? Pues se disparó como cohete en peregrinación.

La pandemia de COVID-19 ha llevado a la economía mundial a la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, y se registra el mayor porcentaje de países que experimentan una recesión de manera simultánea (90 por ciento) desde que se tienen estimaciones. Según la Organización Mundial de Comercio el volumen del comercio mundial de mercancías cayó un 32 por ciento en 2020. No obstante, el sector de los servicios es el que está sufriendo la peor parte del colapso; por ejemplo, la caída del turismo será significativa: llegó a ser del 80 por ciento este año.

Así las cosas, la desigualdad de las respuestas a la crisis y los consecuentes efectos dejan ver los resultados: la salida despavorida de población vulnerable a buscar mejores condiciones de vida. La migración se recrudece. Ahora mismo la desesperación de la población en situación de desempleo y aumento de violencia provoca la migración de masas de centroamericanos que viajan hacia México; y los gobiernos de Guatemala y nuestro país responden con la militarización de las fronteras. Las masas de migrantes vienen con razones legítimas de movilidad humana porque son personas que deben tener respuesta a su necesidad de ingresos y salud. Y los países receptores aceleran el pánico porque puede ser una causa de contagio e incertidumbre a las zonas donde lleguen.

En suma, por los efectos económicos y humanos (con la migración) de la pandemia, hace falta que se redimensione al Estado y que los gobernantes se comporten como verdaderos estadistas al generar decisiones sabias que piensen en el largo aliento de las mismas. ¿Cuál debe ser la respuesta prudente a la crisis y a las masas migrantes? ¿Acaso es la militarización de las fronteras y la imposición de muros de toletes? ¿Hay forma de respetar los derechos humanos de los migrantes en el contexto de emergencia sanitaria? Si los gobiernos no son capaces de encontrar caminos para conciliar el respeto de los derechos humanos de las personas que salen forzadas de su país a buscar sobrevivir en otro, entonces no son los gobernantes adecuados. Ahora más que nunca requerimos sabiduría en los gobiernos apoyados en un Estado que vea por el bien común más allá de los poderes fácticos existentes.

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