Las obras escritas de Lázaro Cárdenas que todos debemos leer

Las obras escritas de Lázaro Cárdenas que todos debemos leer

Pocas obras tan admirables como la publicada después de la muerte del general Lázaro Cárdenas, su autor, contiene su biografía en vivo: él en la lucha histórica, conforme fue cada etapa de su vida, aparece en sus: a) “Obras: Apuntes 1913/1940; Apuntes 1941/1956; Apuntes 1957/1966 y Apuntes 1967/1970”. 4 tomos. Ed. UNAM. 1972-1974. b) “Palabras y documentos públicos de Lázaro Cárdenas, mensajes, discursos, entrevistas y otros documentos”. En dos tomos 1928/1940 y un tomo 1941/1970; c) “Epistolario de Lázaro Cárdenas”. 2 tomos. Ed. Siglo XXI, 1974-1975. En total 9 tomos, unas 5 mil páginas. El conjunto es apasionante porque seguimos muy de cerca, “en vivo” la obra de un gran político, del mejor presidente mexicano del siglo XX.

Desde los 18 años de Lázaro Cárdenas (1895-1970) participa en la lucha constante nacional: como combatiente en la Revolución, como militar en la defensa de la nación 1917-1927, como gobernador de Michoacán 1928-1932, como presidente de la nación 1934-1940 y como político de primera línea nacional e internacional 1941-1970.

Los tres juegos de libros son diferentes, “los apuntes” es una especie de “diario” acontecer de lo ocurrido a su autor; “Los mensajes…” son la obra oficial del gobernador, presidente, funcionario y político siempre; el “Epistolario” su correspondencia de cartas. La obra escrita muestra la obra práctica, la más importante de la lucha política del autor de 1913 a 1970: 57 años de incansables y grandes luchas. Apenas se retira de la política al dejar la presidencia, cuando Ávila Camacho le pide que sea secretario de la Defensa Nacional en la Segunda Guerra Mundial; otros presidentes le piden más participaciones. Además, con presidentes de otros países intercambia trascendentales opiniones, como se advierte en las cartas; a Fidel Castro le salva la vida en México en dos ocasiones y se solidariza siempre con la revolución cubana, etc.

Ante la tumba de su amigo y compañero Francisco J. Múgica, reconoció que: “En la forja de nuestra Constitución, Múgica no abandonó la proa en las horas de máxima responsabilidad, y con profundo concepto de dignidad humana, respaldó la legislación protectora de los trabajadores y el reconocimiento de los derechos de la mujer (…) Los constituyentes de 1917 elevaron a la categoría de Ley Suprema los postulados fundamentales de la Revolución Mexicana: el nacionalismo en nuestra economía, la reforma agraria y los derechos de la clase obrera; y se empeñaron en liberar la conciencia de la niñez y de la juventud de las cadenas de la intolerancia y de los fanatismos, abriendo la inteligencia a todos los horizontes de la verdad científica, para crear una positiva conciencia nacional”. (13-IV-1954)

Ese reconocimiento a Múgica (poco conocido) es aplicable a la obra de Cárdenas, como presidente de la nación: su gobierno realizó las principales demandas de la Revolución, así como el proyecto político de nación de la Constitución de 1917. En efecto, Múgica y Cárdenas representaron el ala radical de los gobiernos de Carranza, Obregón y Calles, lo que bien ilustran sus escritos en las obras que comentamos. En cada momento detalla sus acciones más conocidas como la reforma agraria, la educativa, el impulso industrial con Pemex y CFE, poniendo a trabajar todo el campo, creando el Politécnico y las normales rurales.

Pero nada fue tan decisivo como el apoyo que dio a la organización y unidad obrera, magisterial, campesina y cooperativistas en el terreno de la lucha social, toda la obra socioeconómica de Cárdenas fue precedida de las luchas sociales. Alonso Aguilar afirma que una intensa lucha de clases caracterizaba al gobierno cardenista. Pero no solo fue una lucha vista desde el gobierno, desde arriba, desatendiendo la lucha desde el ángulo de los trabajadores, su organización, iniciativas y movilizaciones, huelgas, en las calles, campos, fábricas, escuelas y cooperativas.

De 1931 a 1937 la lucha petrolera fue de los obreros, menos del gobierno; pero de 1938 a 1940 fue decisiva la batuta del gobierno, sin dejar de jugar un papel destacado el obrero que echó andar la industria petrolera. Si alguien quiere conocer el papel de la presidencia y el gobierno en el conflicto petrolero, de pocos meses antes del 18 de marzo de 1938, día de la expropiación, y durante ese año, 1939 y hasta octubre de 1940, cuando Estados Unidos decide entrar a la guerra mundial, para ver “en vivo” el enfrentamiento con las dos empresas más poderosas del mundo: la Standar Oil Co. y la Royal Dutch Shell y, desde luego, sus gobiernos respectivos, sus campañas de medios, asedio y bloqueo económico contra México, así como la inteligente defensa de la soberanía nacional, nada mejor para sentir en vivo esa lucha, que la cartas de Cárdenas-Roosevelt 1937-1940, las cartas Cárdenas-Castillo Nájera, embajador en Estados Unidos y otras correspondencias, donde se siente la lucha política imperialista “en vivo” y la lucha por la soberanía nacional y popular, igual.

Hasta llegar al extremo: los empresarios extranjeros se niegan a negociar la indemnización por la expropiación, ni siquiera se sientan a dialogar, solo exigen la devolución de sus propiedades y sus enormes ganancias, lo que lleva a presionar a sus gobiernos (con la segunda guerra en puerta), entonces Roosevelt ofrece como alternativa: un tribunal internacional al que se sometan las partes en conflicto: México-USA-Gran Bretaña y Holanda, a lo que, por supuesto, Cárdenas se niega, contestando el petróleo mexicano solo está sujeto a las leyes mexicanas, no a otras que pongan en peligro la soberanía nacional.

Roosevelt contraataca y exige una explicación al gobierno mexicano: ¿Cómo puede vender su petróleo a Alemania Nazi e Italia fascista, a los enemigos de la democracia? Cárdenas responde: “ustedes cerraron las puertas a la economía de nuestro país, nosotros tuvimos que acudir al comprador del petróleo, para no perjudicar al pueblo”. En cambio, “la banca de Wall Street financia el armamentismo alemán solo por lucrar.” Se acabó el reclamo. Entonces “nos salvó la campana”: USA tuvo que entrar a la Segunda Guerra y se desvaneció el conflicto con México.

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