El granito de arena de la ciudadanía en el combate a la corrupción

El granito de arena de la ciudadanía en el combate a la corrupción

La corrupción es un monstruo de mil cabezas; de mil formas, que se manifiesta de mil maneras; que penetra hasta lo más profundo de las instituciones, tanto las públicas, como las privadas. La corrupción es lo que mantiene a países como México muy por debajo del desarrollo que puede tener si se explotara todo su potencial (recursos naturales, talento de su población, posición geográfica, etc.). La corrupción ha sido y sigue siendo el cáncer de nuestro país; pero hay que tener muy claro, que la corrupción no solo involucra a funcionarios públicos y/o a políticos, sino que es un círculo vicioso que involucra de una u otra forma también a la ciudadanía, ya sea de manera consciente o inconsciente, las tantas formas en que se manifiesta la corrupción hacen que se incruste casi de manera imperceptible en el tejido social.

Recientemente se conmemoró el día internacional de la lucha contra la corrupción, es por eso que vale la pena abordar el tema desde un análisis general, en donde pongamos a su consideración las distintas formas en que la corrupción se manifiesta y afecta a nuestra sociedad, formas que van desde el simple e insignificante acto de darle para sus “chescos” al policía hasta el acto del desvió de recursos desde una posición gubernamental.

Como ya lo mencionamos, México tiene mucho potencial como país, sus recursos naturales, su posición geográfica, su riqueza cultural y el talento de su población son aspectos verdaderamente envidiables por cualquier potencia económica mundial; lamentablemente esas bondades y ventajas con las que cuenta nuestro país, no se han sabido aprovechar o al menos no en beneficio de su población. Quizá sean varios aspectos los que han influido para que el desarrollo de nuestro país no vaya tan acelerado como bien podría ir; hay aspectos que desde la época colonial han detenido el desarrollo de México; la historia de nuestra nación no ha sido fácil, pues le ha costado en más de una ocasión el derramamiento de sangre para lograr su soberanía y su libertad; pero además de esas circunstancias, sin duda, uno de los principales males que ha detenido el desarrollo de México y de su sociedad, es la corrupción. Ese mal que detiene el desarrollo de la infraestructura, de la educación, del sistema de salud, del sistema de impartición de justicia, ese mal que encontramos en cada dependencia, en cada edificio gubernamental, en cada oficina y en una gran parte de la ciudadanía.

Hablar de corrupción en nuestro país no se debe limitar únicamente a señalar el actuar de los funcionarios y servidores públicos; si bien, son principalmente ellos (no todos) los que se ven involucrados en actos de corrupción, somos los ciudadanos y ciudadanas los que también a veces nos comportamos como corruptores.

Hay acciones de parte de la ciudadanía que se han vuelto tan normales, tan cotidianas, o les tomamos tan poca importancia, que no nos damos cuenta que con esos actos avivamos la llama de la corrupción, por poner un ejemplo podríamos plantear la situación en la que el ciudadano común piensa en darle un “billetito” al policía de tránsito, para que nos perdone la infracción que significaría una mayor pérdida para nuestro bolsillo; o como cuando le damos un incentivo económico a algún funcionario como motivación a que acelere algún trámite de nuestro interés u omita algún requisito; se nos hacen un actos tan sencillos e insignificantes, pero no nos damos cuenta que forman parte del circulo vicioso del cáncer de México.

La ciudadanía también es responsable de que la corrupción prevalezca cuando nos comportamos omisos en denunciar la corrupción de la que somos testigos; por no meterse en problemas, por no interesarle, o porque “no le afecta” la ciudadanía no denuncia los actos de corrupción que le consta. Lamentablemente no nos detenemos a pensar que cada acto de corrupción termina afectándonos directamente a nosotros los ciudadanos; esto lo podemos ver en nuestras carreteras, en las calles, parques, hospitales, escuelas que no funcionan como debieran; es ahí cuando debemos darnos cuenta que la corrupción sí nos afecta directamente.

Para que termine la corrupción se necesita mucha honestidad de los superiores jerárquicos en las instituciones, AMLO dice que la corrupción se barre como las escaleras, de arriba hacia abajo; en donde si el Presidente es honesto, los demás tendrán que serlo. El Presidente López Obrador no está equivocado, en su ideología, pero la ciudadanía puede colaborar a barrer la corrupción de forma más rápida; no siendo corruptora y denunciando los actos de corrupción.

Algo crucial en el combate a la corrupción y que sin duda alguna ayudaría a disminuir la corrupción de manera más rápida, está en manos de la ciudadanía y tiene que ver con su participación electoral. Sí la ciudadanía no vota por corruptos, no tendrá gobernantes corruptos.

No existe una fórmula para identificar a los políticos corruptos, pero si hay maneras de conocer su pasado, su trayectoria y sus intenciones, la ciudadanía tiene que estar alerta de ciertos aspectos para que no siga encumbrando al poder a la misma clase política que durante décadas se sirvió con la cuchara grande a costillas del pueblo.

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