La guía ética: aciertos, preguntas y cuestionamientos

La guía ética: aciertos, preguntas y cuestionamientos

No hay acciones humanas avalorales o amorales. Los seres humanos lo somos justo por ser morales: cuando conocemos o decidimos, necesariamente estimamos. Y una estimación es lo que llamamos ‘valorar’. Si digo ‘una bella ecuación diferencial’, hablamos de un objeto formal matemático que es objetivo, pero lo estimamos ‘bello’. Y a una persona lo podemos valorar como ‘bueno’ o no, según el sistema referente de valores que ha adoptado a lo largo de nuestra biografía. Y cuando los valores los proponemos como un deber, entonces tenemos a la ética. En suma: en todos los actos humanos intervienen valores. El debate es sobre cuáles valores se promueven.

La Economía ortodoxa, así llamada ‘neoliberal’ partió de dos pretensiones: (a) querer asumir a la economía como una disciplina autónoma de toda ética y presentarla como éticamente neutra, científica y con puras preocupaciones técnicas. Y (b) la pretensión de desarraigar el ejercicio de la práctica económica de lo social y lo político, de tal manera que se convirtiera en un área de realidad aparte. Pues bien: la primera pretensión es un nudo de falacias y la segunda es una justificación para respaldar prácticas ominosas de acumulación excesiva. Toda economía es la expresión formal de una ética, la propia propuesta neoliberal es el despliegue de la ética llamada ‘utilitarista’ que dio el salto a la generalización de ‘axiomas’ por medio del conocido ‘individualismo metodológico’. Este último establece que la conducta racional es el egoísmo posesivo, y una vez establecido eso, en seguida instituye los comportamientos económicos generales por medio de una extensión del comportamiento-racional-individua. Pues ambas cosas son falacias: la primera moral y la segunda lógica. Con la economía ortodoxa estamos ante basura envuelta en bonitos moños matemáticos. Pero con efectos concretos: desigualdad extrema, rompimiento de la cohesión social y sus brutales efectos sociales. Así que proponer un esfuerzo ético para contrarrestar la ética neoliberal está bien, la pregunta es, ¿la guía propuesta es la mejor opción para eso?

Un sistema moral privado que incluya valores como el perdón, la redención y el amor, son valores con alta justificación en la base: la realidad humana. Sin embargo, una guía de este tipo sugiere dos interrogantes: ¿cuál es su objetivo?, y ¿qué harán con ella? En el texto de la guía no queda claro: ¿es la base para una pedagogía de valores de la ética privada de la población? ¿o sólo será la promoción abstracta y homilética de ciertos valores que le agradan a los autores? No lo sabemos bien. Si es lo primero será interesante saber cómo lo piensan implementar, si es lo segundo será un mero ejercicio de moralismo ingenuo.

Sin embargo, si se trata de una ‘ética de la vida pública’ lo mejor es describir y fundamentar una idea de justicia. Ya lo dice Rawls: así como la virtud central de un conocimiento es la verdad, esto eso, un conocimiento no-verdadero pierde todo valor; la virtud de una institución pública es la justicia: una práctica pública no-justa deja de tener valor y debe cambiar. Hay diversas ideas de justicia que antagonizan unas con otras, y marcan los fines sociales de los diversos proyectos políticos. Por eso, una guía de la idea de justicia que se desea implementar sería de enorme valor, porque los principios de justicia se aplican inmediatamente a las formas de distribución de riqueza, bienes, servicios y derechos. Es concreta y no sólo homilética. Se convierte en políticas y no en elementales dichos de una misa. La idea de justicia es el núcleo mismo de la ética de la vida pública.

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