Calaverita La viejilla de los perros

Calaverita La viejilla de los perros

Autora: Juana María Ortiz Alvarado

Residencia: Zacatecas, Zacatecas, México

Una vieja ruca y seca
que la banqueta barría,
la Muerte la respetaba,
no había llegado su día.

Toda la calle limpiaba
antes de que el sol saliera,
mas sus perros la ensuciaban,
hacían que Catrina riera.

La Muerte la contemplaba
curar a sus animales;
de voluntaria, adoptaba,
venían de todos lugares.

Cuando el día estaba nublado
solía pasear a sus perros,
con uno de cada lado
y recogiendo excrementos.

Huesos quedó estupefacta,
atónita y muy perpleja,
por tan larga caminata
hasta Radio Zacatecas.

Un día rompió récord Guinness
caminando con firmeza,
desde El Padre hasta La Virgen,
dos cerros a gran distancia.

Aunque es vieja regañona
se cree muy ambientalista;
tirar agua no perdona;
para vigilar es lista.

Dijo la Catrina Flaca,
ésta me tiene aburrida,
es una tacaña extrema
y limpiadora obsesiva.

La dientona la observaba,
se la tenía que llevar,
mas en sus perros pensaba,
¿quién va curar y alimentar?

Parece una enferma mental;
sí pone música fina,
y a todos desea cautivar
con tan celestial sonido.

La Huesudita reía
de la vieja entaconada,
que a su puerta no salía
si no estaba maquillada.

La Huesos reconocía
cómo la vieja hizo a un lado
su gran vanidad y orgullo
y animales atendía.

La Pelona la seguía,
la quería aventar al hoyo,
pero bien reconocía
que de muchos era apoyo.

Vestía con mucha elegancia
anticuada ya la mujer;
su apariencia ya era rancia.
Catrina reía sin querer.

Fue la burla y el escarnio
de vulgares y corrientes
humanos maleducados
que se la dan de decentes.

Salía limpia y perfumada;
decían que lana tenía.
Daba aspecto de curranga;
sus perros la protegían.

Dijo la Flaca dientona
viendo a la vieja estudiar,
¿acaso esto es una broma?,
oyéndola idiomas hablar.

¡Ay no!, dijo la Pelona,
ésta me va a hacer llorar;
hace lo que le da la gana,
de plano la voy arrastrar.

Una vez actuó en la Radio,
quizás se creía buena actriz;
igual, leían sus escritos,
la vieja, orgullosa y feliz.

La Huesona, muy burlona,
con ella se divertía,
viéndola con “la bola”
de años que ésta tenía.

Como ley de la vida es,
dos hijos tuvo excelentes;
ella, psicóloga; él, gran juez;
seis nietos inteligentes.

¡Vaya!, dijo la Dientona,
¿quién esto podía imaginar?
Su familia fue muy culta,
distinguidos en sociedad.

Para dar final relato
de la ruca tan mentada,
por estar mugre limpiando
se cayó de la ventana.

Y la Catrina veía
de la loca de los perros
ya caminar no podía,
si la llenaron de fierros.

Dice la dientes podridos,
ahora si no te me escapas;
vas con tus animalitos
arrastrando de las patas.

Los aventó al agujero.
Fin de calavera triste.
El relato es verdadero
y a la vieja conociste.

FIN

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