Emilio Carrasco, en la memoria

Emilio Carrasco, en la memoria

La Gualdra 454 / Emilio Carrasco. In memoriam

 

 

La sensibilidad de un artista y el refinamiento de su percepción se traducen en visiones creadas por sus impulsos únicamente por el gusto de compartirlas. Mediante el ejercicio continuo de la técnica, los lenguajes se modifican y los signos se refinan, se abrevian sacudiéndose contextos, regionalismos y nacionalidades. El trabajo de Emilio Carrasco se funde entre la elegancia y la sublimidad donde la abstracción llega a una simplicidad poderosamente evocativa.

Las xilografías del maestro constituyen una delicia y a la vez, una pacífica experiencia visual. Sellos negros sobre blancura infinita, estampados desde la médula o en los límites de una hoja, conforman un lenguaje desnudo, concretado en el apacible equilibrio de la contemplación de la naturaleza. Paisajes abstractos, signos orgánicos, hierbas o plantas aparecen, se ocultan o se apilan entre las fibras del papel.

En las obras de Carrasco se respira el aire, se sienten las brisas y se percibe el calor de llamas sueltas, fuego que se eleva bailarín con el viento hasta evaporarse. Signos primitivos, sellos universales solitarios o multiplicados para crear paisajes, discursos, epístolas y estandartes.

Sus imágenes son fragmentos de espacio, juegos en el vacío donde lo lleno se colma de luz y suspiros. Son despojos de una primera visión cuyos pedazos fueron retomados y elevados a su máxima fortaleza en monólogos, mensajes simples y directos sin arrogancias ni pretensiones. Paradójicamente consisten en la compleja abstracción de una abstracción; o bien, en la simplísima humanización de objetos dibujados, la primera representación que tuvo lugar en un mural dejó fuera residuos que a su vez representan nuevas visiones sobre lo anteriormente representado.

Orificios, signos horadados trasformados en sellos; oscuros estampados sobre la claridad, sobre la nada o en el todo. Posibles puertas, ventanas, hoyos negros, vías a otras dimensiones, a nuevas formas de ver, de sentir y de percibir.

Vegetación negra, gris y marmórea en retratos de plantas a partir de texturas botánicas. Siluetas de seres vivientes, sombras animadas que flotan etéreas y escurridizas son atrapadas por la mano del artista como delicadas estampas o espíritus encarnados.

Parte de la obra de Emilio Carrasco está poblada por perfiles humanos, la mayoría femeninos. La sensualidad y el erotismo son parte esencial de la naturaleza y son motivos recurrentes en el trabajo del maestro. El contorno de lo humano, sus rostros u otros miembros del cuerpo, se mezclan con el follaje y se bañan en las níveas hojas de algodón o sobre tersos lienzos de monocromáticas composiciones mediante óleos o acrílico, se sumergen en el vacío hasta la catarsis frente a la contemplación del espectador. Obra viva y vivificante para el ánimo empático.

 

 

 

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