■ Nueva República ¿Social-neoliberales?

■ Nueva República ¿Social-neoliberales?

Todo necio confunde valor y precio.
Antonio Machado

Los recursos “para los allegados” contaban con tal tradición en México que era normal encontrar casos escandalosos o por demás ridículos en el tema de los fideicomisos. Esta verdad había estado tan presente que había llegado el punto de plena normalización, tanto en la sabiduría popular como entre los medios de comunicación relativamente serios. Hoy, sin sorprender a nadie, los herederos de los furiosos aplaudidores de Salinas de Gortari, son los primeros en hacer las durísimas críticas a las medidas de austeridad que deciden cortar de tajo la asignación de recursos por medio del amiguismo.

Está muy claro que el discurso de la derecha vira como vaya haciendo falta, ora les preocupa la ciencia y el arte, ora piden que el sistema opaco por medio del cual se asignaban apoyos sea absolutamente claro, pero hace algunos años ninguna de estas cuestiones parecía figurar en lo más mínimo en su discurso. El crecimiento exponencial de los fideicomisos se dio durante los sexenios de Calderón y Peña, ese crecimiento no fue acompañado con ningún proceso de transparencia, desde luego, en ese momento esa no era una prioridad de la derecha en el gobierno ni de los actores políticos del PRI o del PAN, que concentraban una mayoría efectiva en ambas cámaras y tenían el gobierno de casi todos los estados de la República.

Desde luego que todos compartimos el deseo por una asignación de recursos absolutamente transparente, dígase lo que se diga, el tema de los fideicomisos era un tema cuya operación debería estar al alcance y ser de conocimiento de todos los mexicanos, pues el erario público es asunto de todos los contribuyentes, de forma por demás curiosa, este tema nunca saltó a las carteleras fuera de los medios más críticos. Hoy el grueso de la prensa tiene algo que decir al respecto, esto es una cosa que cualquier funcionario público o actor político (me incluyo) debería celebrar.

Pero, y este es el punto serio del asunto, ¿cuál es la agenda de la derecha? Desde el tren Maya, desde los nunca aplicados aranceles por parte de E.U.A, desde largo etcétera, hasta el día de hoy con el tema de los fideicomisos, no hemos visto un eje que vaya vertebrando una agenda política o una postura económica que proponga la oposición. La pregunta se la puede hacer cualquiera: ¿Qué iniciativa o viraje han propuesto los otrora furiosos aplaudidores de Salinas de Gortari? ¿Exactamente dónde está la franja poblacional que acompaña sus quejas y rasgaduras de camisas? ¿A quién están representando con tanto pataleo?

Una tras otra, las figuras de derecha sólo se organizan en el son de golpear propuestas (y hasta por turnos) que ha hecho el proyecto de la 4T, no obstante, su proyección en el plano político y en el imaginario de la población permanece tan vacío como las casas de campaña de FRENAA. El campamento en el zócalo capitalino, construido sin ideas y con pura inversión privada es una figura precisa de lo que ha tocado hacer a la oposición en este sexenio, llegando al punto de la desesperación y las llamadas al boicot.

Pasa que, con todo el capital invertido en la guerra de medios que ha orquestado la derecha, no se ha podido mellar el avance real de las políticas de austeridad y anticorrupción. Pasa que la gente real les grita “lero, lero” a los movilizados de FRENAA cuando sus casas de campaña van volando por los aires, pasa también que el grueso de la población está comparando hechos reales contra guerras mediáticas y en el balance final se puede saber a ciencia cierta que hoy se está impulsando una política muy diferente.

La desaparición de los fideicomisos (figura que habían querido blindar revolviendo fondos justos con cajas chicas de personajes corruptos) marca otro paso fundamental, pues al avance de los meses, la gente y los creadores que sí requerían de esta figura, notarán que el recurso no sólo sigue llegando, sino que se agiliza la entrega. Ya podrá la oposición (que lo hará sin duda) contratar otras tres empresas de marketing político y derrochar un buen dineral en tiempo en radio, redes y televisión, pero de nuevo, (esto deberían ya tenerlo claro), se toparán con que la realidad desmiente a cada instante el discurso injertado. Los únicos realmente descontentos con esta realidad son, en efecto, esos allegados que habían sumado onerosas cantidades y que hoy las ponen al servicio de los paladines de derecha, en espera de regresar a esa época de privilegios que había marcado al país durante demasiadas décadas. ■

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