Medios: crítica obligada

Medios: crítica obligada

A los gitanos no les gusta que les lean la mano. Acostumbrados a estar del otro lado del dedo acusador, a muchos periodistas les parece inconcebible cuando la crítica y la libertad de expresión los hace blanco. Y este presidente tiene una fascinación particular por hacerlo.

El contexto no podría ser más propicio, su antecesor es el más acabado producto de los medios de comunicación en lo que a política se refiere.

Se trató de un telepresidente; bien parecido y de finos modos, solo hubo que encontrarle coestelar adecuada para inspirar en aquel 2012 el grito de “Peña, bombón, te quiero en mi colchón”.

Pero ni el elenco, ni el marketing político fueron suficientes y hubo que lidiar con quienes siguieron los hilos hasta el titiritero y se aglutinaron en el movimiento Yo soy 132.

El contraste no podría ser más claro. Pese a los reflectores que atrajo como jefe de gobierno, desde el 2005 es difícil saber qué le resultaba peor a López Obrador, no tener atención mediática o tenerla negativamente.

El triunfo definitivo del ahora presidente solo fue posible cuando las redes sociales tuvieron tal penetración que dejaron muy atrás a los llamados medios tradicionales.

En ese contexto de distancia histórica, hoy poco le importa al presidente López Obrador enemistarse con quién nunca ha sido su amigo, y leerle la mano a los gitanos que tantas veces se la han leído a él.

Gracias a ello hoy sabemos que las finanzas de las revistas Nexos y Letras Libres se sostienen de forma importante de recursos públicos. Que se les compra el 80% de su tiraje, y que reciben convenios que suman 140 millones (en varios años) en el caso de Nexos, y 90 millones en el de Letras Libres.

Nexos recientemente recibió una sanción de la Secretaría de la Función Pública (SFP) por haber entregado documentos falsos en un proceso de adquisición. Por ello se habla de persecución, de límites de la Libertad de Expresión, asumiendo que el giro de estás compañías los protege de todo cuestionamiento y de toda crítica.

Al final del día, los medios de comunicación son en lo general empresas casi como cualquier otra, obligadas al pago de impuestos, el respeto a los derechos laborales de sus trabajadores y demás normas aplicables a cualquier otra empresa sea del giro que sean.

Muchas de ellas no los cumplen, sin embargo. Los trabajadores de estas empresas suelen tener condiciones de trabajo tan adversas, que en ocasiones ni siquiera cuentan con seguridad social, contratos indeterminados, o herramientas de trabajo.

Pese a ello, los dueños de los medios de comunicación tienen posibilidades de negociación que le son ajenos a los empresarios de otros sectores incluso si tienen el mismo o mayor tamaño.

A las giras oficiales en el extranjero difícilmente se invitará a un empresario textilero o gastronómico, pero muy probablemente se pueda ver en ellas a dueños de medios de comunicación.

Sus posibilidades de financiamiento también son amplias. Prueba de ello es el crédito de 100 millones de dólares que obtuvo el periódico El Financiero de la banca del desarrollo, equivalentes a 2400 millones de pesos, más del presupuesto anual de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Y esto quizá sea solo la punta del iceberg. Más preocupante que el dinero sobre la mesa es el que se da por debajo de ella. El que se da en negocios alternos como empresas constructoras, concesiones de todo tipo, el que se da en sobres, lo que se da en impunidad, etcétera.

Muestra de esto último es el caso de Carlos Loret de Mola, que a quince años de su participación en el montaje de un operativo para supuestamente capturar a unos secuestradores, apenas se le tocó con el pétalo de un citatorio en el tema.

En un país donde los periodistas asesinados se cuentan en más de una centena; donde Miroslava Breacht espera justicia, y dónde a Jesús Lemus se le inventaron delitos, donde Olga Wornat tuvo que huir y dejar un libro pendiente, o donde Carmen Aristegui y Gutiérrez Vivó perdieron sus espacios por lo que dijeron en el micrófono, no puede decirse que la libertad de expresión y de prensa es cosa garantizada.

Sin embargo también es el país donde la televisión crea presidentes, participa en montajes judiciales, y llama al linchamiento de activistas.

No son todos los que están, ni están todos los que son, bien dice la sabiduría popular, pero la autocrítica es obligada, y la crítica social, pertinente.

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