2o “Informe” de Gobierno, formato a modo y obsoleto

2o “Informe” de Gobierno, formato a modo y obsoleto

El segundo Informe de Gobierno 2019 – 2020 es el documento con el que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador dio cumplimiento al artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en él se presenta el balance del estado general que guarda la Administración Pública Federal y el informe sobre las decisiones y medidas tomadas entre el 1 de diciembre de 2019 y el 31 de agosto de 2020. Esto en sentido estricto.

El informe de gobierno como mandato constitucional cumple dos funciones, una de ellas es presentar el estado que guarda la administración pública federal, producto de un año de ejercicio gubernamental y resultados derivados de decisiones mandatadas por el ejecutivo, al pueblo mexicano. Además, y con un poco de suerte, si el presidente es valiente y le gusta el debate, es una invaluable oportunidad para que el jefe del ejecutivo acuda a rendir este informe, con anterioridad y por escrito presentado ante la JUCOPO, al pleno de la cámara de diputados, convertida en congreso general, precisamente para este acto solemne, compuesto de dos acciones: la exposición del presidente y la replica o contrainforme, a cargo de las fracciones de los partidos políticos. Este ejercicio, me refiero a la comparecencia del presidente ante los congresistas, a los que gustamos de la política como un asunto de acuerdos y de discusiones acaloradas, pero sin romper, nos parecía sensacional. Tanto o más emocionante que la final de futbol de un campeonato, por la trascendencia y repercusiones del evento, en la vida publica del país. Para infortunio nuestro, este ejercicio se ha acotado a un “mensaje presidencial” a modo y en ambientes controlados durante los últimos sexenios, y este (sexenio) que sería la excepción por el respaldo ciudadano al presidente y la amplia mayoría que tiene su partido, ha sido cancelado por la pandemia, aunque más bien es lo que nos dicen, para no decirnos que cayó como anillo al dedo el no tener que rendir informe de manera presencial en una camarada de diputados conflictuada por la renovación de la mesa directiva, por la convulsión que padece es país en cualquier tema y por si fuera poco, por la renovación de la dirigencia nacional de MORENA, que crea conflictos internos de dimensiones aún reservadas.

Hace años, no recuerdo con exactitud en cuál, Vicente Fox dejó de acudir a presentar su informe ante los diputados, pero con claridad sé que fue el 1º de diciembre del 2006 en la toma de protesta de Felipe Calderón, que algo se rompió para siempre en la democracia mexicana y sobre todo en el protocolo de presentar y rendir cuentas ante los representantes del pueblo, que ha impedido durante dos sexenios seguidos y un par de años más, que el Presidente sea cuestionado por las diferentes fuerzas políticas y por si fuera poco, el debate que se desarrolla sin él, presente dista de calidad, objetividad y autocrítica. Porfirio Muñoz Ledo, lo describe así:

“El análisis del informe presidencial en Cámara de Diputados sigue siendo solemne y anticuado, con discursos sucesivos en vez de verdadero debate. Moralistas hablando de economía y economistas hablando de moral. Los parlamentos democráticos no funcionan así.”

En el patio central de Palacio Nacional, el presidente presentó por medio de un mensaje, acompañados por los mas cercanos, el “informe presidencial” del segundo año de gobierno, con las notable ausencias del fiscal general de la república y unos cuantos más que dejaron de ir para pregonar una inexistencia independencia pactada. El mensaje estuvo plagado de autocomplacencia, nula autocrítica, logros inflados y una que otra mentira piadosa.

Lo que no dijo el presidente fue lo siguiente:
Que se ha roto el récord negativo de asesinatos, que tenemos el nada honroso tercer lugar (en el mejor de los escenarios) en cuanto a muertos por COVID, somos el primer lugar en Latinoamérica en cuanto a perdida de empleos, 11 millones de mexicanos pasaron a ser pobres, 500 mil millones de déficit en 2020, dilapidación del fondo de estabilización hasta dejarlo en solo un 20%del total que lo comprendía en 2028, crecimiento de dos puntos porcentuales de la deuda, caída del 37% de inversión extranjera, perdidas por incompetencia descomunales en PEMEX y CFE, y así podría seguir por muchos renglones y párrafos más. Estos datos negativos son inquietantes sin duda, pero podríamos matizar algunos de ellos con el pretexto de la pandemia mundial, sin embargo hay una situación provocada que pronostica una NO pronta conclusión, por el contrario, parece que seguirá lesionando y vulnerando hasta a la médula a la sociedad mexicana y esto es, la división social y la clasificación entre buenos y malos que hace el presidente de la república a diario. “el peor momento con el mejor presidente” ¿es enserio?…

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