El veneno embotellado y enlatado: la economía alimentaria de la muerte

El veneno embotellado y enlatado: la economía alimentaria de la muerte

La pandemia ha desnudado muchos de los males de la sociedad. En este caso, el virus se ensaña con las personas con obesidad, y que por serlo, generan las llamadas ‘enfermedades culturales’; esto es, aquellas que se engendran por hábitos. En otras palabras: formas de vida que enferman. En el México anterior a 1970, de mayoría rural, era impensable concebir masas de niños obesos. Ahora es lo cotidiano. Lo que revela este dato es que ‘formas de vida’ no son elecciones individuales (aunque también interviene ese factor) sino maneras en que la civilización se organiza. Por tanto, tenemos un modelo de desarrollo y civilizatorio que enferma a las personas.

Desde los años 20 se crea una industria alimentaria que conserva los alimentos por largas temporadas y permite vivir en las urbes sin necesidad de depender del aprovisionamiento continuo del campo, y permite también, distribuirlo por todo el globo. Esto es, al conservar un producto por largo tiempo es posible conquistar los mercados de todo el mundo. Los dos grandes inventos en esta dirección fue la industria del enlatado y el refrigerador, que a su vez depende de la electrificación, que a su vez es un servicio urbano. El enlatado, creó toda una industria de la química de los alimentos y de los sabores. Ahora se pueden producir sabores adictivos en forma química. Las papas que nadie puede dejar de comer son justo el ejemplo de esto último. Manipular el paladar para capturar el deseo; que a su vez, es una garantía de compra. El capitalismo alimentario creó la industria de la chatarra.

Ahora, esa forma de producir placer químico-artificial por empresas multinacionales que van al último rincón del mundo ha provocado una crisis sanitaria por sus efectos nefastos: cuesta a los Estados sumas impagables para paliar dichos efectos. Los dogmas del libre mercado dicen que no se debe regular nada de eso porque significaría destruir la libertad individual a elegir. Por dichos sofismas la sociedad sufre enfermedades y muerte, al mismo tiempo que otros se enriquecen a rabiar. Como podemos observar, hay diferentes niveles del problema: desde sólo subir un poco los impuestos a la chatarra para disminuir algunos puntos porcentuales su consumo, regular su venta para que sea exclusiva a mayores de edad, hasta pensar en la necesidad de repensar el modelo civilizatorio que destierre ese mal de raíz porque el capitalismo es incompatible no sólo con la democracia, con la igualdad, con la libertad, sino también con la salud y la conservación del planeta. ¿Cómo es que sigue vivo este modelo de la muerte? Gobernar ahora es un arte de malabarismo porque las fuerzas capitalistas ahora encarnadas en el sector financiero tienen la capacidad de desestabilizar superior a muchos Estados y eso es gobernar a favor de la muerte que hoy, frente a la coyuntura del Covid podemos aprovechar en ganarle espacios.

Cuando López Gatell dijo que los refrescos eran ‘veneno embotellado’ fue estrictamente verídico. Eso son: los refrescos y las frituras, y toda la porquería que venden a los niños, a los que hacen adictos desde infantes, es un crimen de lesa salud. Los gobiernos y la clase política actúan con tibieza porque son cooptadas por el Lobby de esas empresas. Debe haber no sólo medidas de Estado a favor de la vida, sino todo un movimiento social para reconvertir la economía basada en el veneno. Ahora mismo urge una cruzada por la salud y en contra de los venenos enlatados, necesitamos un postcapitalismo alimentario.

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