■ Nueva República Buenos vientos

■ Nueva República Buenos vientos

Y tú,
soplo noble y astuto
entraste en mi frágil pecho
Margarita Leon, poeta otomí

Ehecatl 4T (“Dios del viento” en náhuatl) y Gätsi (“suspiro” en otomí) son dos nombres que habrá que recordar y atesorar muy bien, pues son pruebas irrefutables del enorme potencial que se había dilapidado durante muchos años en nuestro país. Los recordatorios sobre la nueva soberanía nacional y los reconocimientos a los enormes esfuerzos que han hecho los científicos mexicanos se agolpan en los límites de la comunidad internacional, hoy tenemos uno de muchos resultados claros: contamos con respiradores de patente nacional, creados con tecnología y mano de obra 100% Mexicana. Un esfuerzo que comúnmente toma tres años, a los talentosos médicos, investigadores y científicos mexicanos les tomó 5 meses.

Cosas curiosas suceden, más de uno había criticado la gestión del gobierno federal en el tema de la ciencia y la tecnología, particularmente sobre el renglón de la innovación, se hablaba de recortes que hacían “inoperantes” a las instancias paraestatales encargadas de gestionar, administrar y ejecutar estos rubros. El hecho curioso es que en medio de las condiciones que algunos señalaban como adversas se alcanzó un logro histórico para la autonomía técnica y científica mexicana, además del nacimiento de una industria nacional que será otra palanca de desarrollo a la brevedad. A la vista de estas circunstancias (clara optimización del uso del recurso público) cabe preguntarse qué pasaba en CONACYT antes de los recortes.

Hay un eje ya mencionado que puede poner en pie al país, el hilo negro que de sobra ha señalado el poder ejecutivo, la soberanía, en todos los aspectos: alimentaria, energética, tecnológica. Nunca más queremos tener un gobierno enemigo de la industria nacional, pues la receta neoliberal de la importación y remate de bienes nacionales es un camino ya transitado y que demostró su pleno fracaso. Algunos no querrán recordarlo, pero México no siempre ha sido un mero ensamblador de los jefes, las industrias nacionales, acosadas y malmodeadas por el capital internacional se han defendido en la medida de lo posible con ese extraordinario talento que el día de hoy mostraron nuestros patriotas en el tema de los respiradores. Hace algún tiempo fuimos testigos del triste remate de VAM (Vehículos Automotores Mexicanos) pero ese solo era uno de los mil ejemplos de cómo el gobierno había sido enemigo declarado de la industria nacional y de las patentes propiedad del estado, ese tipo de desarrollo no les interesaba a aquellos que querían hacer negocio fácil.

El dato sencillo: la industria nacional favorece al pueblo, mientras que las importaciones son el pasto cotidiano de los acaudalados, ejemplos sobran, el más fresco es la extorsión que sufría la secretaria de salud por parte del monopolio farmacéutico que vendía a sobreprecio, y ahora recurre a la acaparación para perjudicar a la sociedad en su conjunto; “10 empresas abastecían el 80% de todas las medicinas que se adquiría, incluso a sobreprecio.” Se declara ayer. El Estado era víctima de un monopolio descarado y hasta este gobierno se busca cambiar ese hecho.

Hoy la fuerza aérea mexicana trabaja para traer las partes necesarias para la fabricación de los ventiladores, las universidades e investigadores apoyan con experiencia y conocimientos, el equipo del CONACYT, instancias gubernamentales, y empresas sin fines de lucro lograron un dispositivo a menor costo e igual calidad que el del mercado internacional. Esa es precisamente la forma de trabajo que los gobiernos pasados nos habían prohibido, minando la confianza en la producción de nuestro país y alentando la fuga de capital y de cerebros.

Dicen los tiburones, y algún despistado: las crisis y las oportunidades van de la mano. Este dicho falaz y malintencionado podría querer aplicarse a nuestra situación actual, donde vemos una respuesta enérgica del pueblo ante un escenario internacional cada vez más descompuesto, no es así. La verdadera crisis la pasamos hace unos años, y consistió en la sistemática destrucción de los bienes nacionales, el empoderamiento de los 200 tiburones que controlaban el 80% de la riqueza. Ellos mismos hoy pretenden asustarnos con cifras maquilladas sobre la pandemia, lo real es que en la cantidad de muertos por millón México ni siquiera entra al top 10, según cifras de la OMS (14/072020), luego buscan comparar en números brutos la cantidad de muertos de nuestro país con la de Italia, obliterando convenientemente el dato de que México es el décimo país más poblado de la tierra, superando a Japón en este 2020.

“Queremos que vuelvan a ser nuestros sirvientes, no nuestros gobernantes” dicen los tiburones en sus rodadas, pero hace algunos años Iglesias en España sentenciaba lo que vemos cumplir hoy en México: “Es hora de que el miedo cambie de bando”. Ya nadie se traga lo que algunos medios vomitan a petición de poderes ocultos para causar temor, pues entre el nacimiento de nuevas industrias nacionales, el avance imparable de los proyectos de nación, la irrevocable instauración de un verdadero estado de derecho, con los corruptos yendo a la cárcel, muchos se dan cuenta de que, aunque el escenario sea altamente complicado, la crisis más terrible no es la presente, es la que acabamos de sortear. ■

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