El aislamiento se agotó: nuevos hábitos para vivir entre los riesgos

El aislamiento se agotó: nuevos hábitos para vivir entre los riesgos

La pandemia vino a modificar hábitos y costumbres, desde las formas de saludo que acostumbramos con cercanía, donde se chocan las palmas de la mano o se abraza o se besa en la mejilla; hasta las formas de comprar, entrar a las tiendas, estar en casa, hacer fiestas, etcétera. toda la vida cotidiana se repite como un círculo, y a esa repetición-refleja se le llama “normalidad”. En algunos puertos de África la normalidad es lo que para nosotros es la desconfianza crónica: no es gratuito, después de pasar por los secuestros de extraños que los llevaban a la esclavitud, los hábitos de alejamiento de extraños se convirtieron en costumbre. Esto es, los hábitos los hace la historia. Igual que el saludo, que es enseñar o estrechar la mano, nació de la necesidad de enseñar la mano vacía, sin armas, como muestra de que esa persona pasa en son de paz. Así las cosas, la pregunta es, ¿cómo se modificarán nuestras costumbres después de la pandemia? Los modos del alejamiento crearán formas que llegarán a ser reflejas: saludarse de codo, alejarse de los demás metro y medio o lavarse las manos después de algunas actividades.

Pues bien, eso quiere decir que hay un periodo de transición para adquirir nuevos hábitos para vivir entre ciertos riesgos. Por ejemplo, las ciudades que sobrevivieron la caída del imperio romano se acostumbraron a vivir con signos de seguridad como el ‘saludo’ que enseñaba la mano. Cuando un extraño no lo hacía, se le trataba como posible agresor. La gente salió de su casa y se trasladaba por los caminos a sabiendas que era posible encontrar en el camino salteadores. Y se creó otra costumbre: siempre iban armados. La espada a la cintura se convirtió en normal para poder conciliar su necesidad de salir por los caminos y la poca seguridad en los mismos.

Ahora estamos en una circunstancia histórica parecida: ocupamos las nuevas formas que nos harán conciliar la necesidad de salir, estudiar, trabajar y hacer amigos, con la continua posibilidad de contagiarse de un virus. Todo el periodo que venimos viviendo ha sido una zona de aprendizaje, entendimiento, asimilación y adquisición de habilidades para sobrevivir en medio del riesgo. El tiempo que ha transcurrido de marzo a la fecha esperemos que fuese muy útil para aprender.

El impacto económico de la pandemia ya es brutal, para el caso de México se prevé una caída que va de 5 a 10 puntos del PIB. Ante la poca capacidad recaudatoria para que el Gobierno Federal diera una renta básica o seguro de desempleo es importante que se reactive la dinámica económica bajo la premisa de hacer un desconfinamiento ordenado. Sólo recordemos que el 60 por ciento de las personas ocupadas lo hacen en la informalidad y no tienen forma de sobrevivir sin la apertura de la economía. La Jornada Nacional de Sana Distancia aparte ayudar a ampliar la capacidad hospitalaria, también dio tiempo para que la sociedad entendiera que existe un riesgo real, que hay formas para prevenirlo y dio el entrenamiento en esto último. Sumemos el tema de la Salud Mental que se ha visto seriamente dañada para asegurar que continuar en paro es muy complicado: miles de familias deben llevar alimentos a la mesa, los padres deben vestir a sus hijos, pagar los servicios, educarse: vivir. Ya sabemos los hábitos para vivir entre virus, si todos nos cuidamos y evitamos contagiar o ser contagiados, todos ganamos. Asumamos la nueva normalidad con responsabilidad.

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