El Derecho (sagrado) a la verdad: contra la impunidad y contra el olvido

El Derecho (sagrado) a la verdad: contra la impunidad y contra el olvido

Los griegos usan un vocablo pare referirse a eso que nosotros llamamos ‘verdad’: a-letheia, des-ocultamiento o des-velamiento. Lo cual significa que la verdad es sacar algo del ocultamiento que un velo produce. Poner a la luz (y mirada) de todos, la realidad de las cosas. Y cuando la verdad se constituye en un derecho, significa que todos los ciudadanos debemos conocer eso que las autoridades ocultan o tergiversan. En el caso de los temas de seguridad e integridad de las personas, hay un responsable de poner en claro los atentados a la vida de todos nosotros: el Estado. Pero si es el Estado el que debe garantizar la seguridad de las personas y el que viola los derechos humanos, ¿cómo poder saber la verdad?

Cuando las autoridades ocultan, fabrican versiones de eventos aciagos, manipulan narrativas o simplemente mienten sobre ellas, es porque están protegiendo algún interés particular. La no-verdad implica necesariamente ceñirse a intereses particulares contra el interés general. El interés general siempre dirá la verdad. En otras palabras: la no-verdad implica el control del Estado por parte de algún poder fáctico. Y oculta su acción porque la luz de los hechos lo deslegitima o le quita poder. Son poderes fundados en la oscuridad del ocultamiento. Por tanto, si las cosas son así, la pregunta es, ¿cómo se puede saber la verdad de los hechos funestos que violan los derechos de las personas?

Obvio es que jamás podemos esperar que el Estado y sus aparatos de gobierno lo hagan por sí mismos a partir de una buena voluntad. Eso es una quimera. Los poderes empotrados en los gobiernos siempre tenderán a protegerse de la luz. La metáfora literaria del vampiro se aplica a estos poderes: viven en la oscuridad extrayendo la sangre o la vida de las personas, y si son tocados por la luz se desintegran. ¿Cómo llevar la luz al interior de esas grutas? Hay tres condiciones para producir la verdad: (1) con el acceso público a la información, (2) con el control social de las instituciones, y (3) con formas de investigación científica. Por tanto, el derecho a la verdad será el derecho a estas tres condiciones, de lo contrario es mera palabrería.

Toda la opacidad gubernamental estará atentando, a cada momento, contra el derecho a la verdad. Pero la condición más importante es, sin duda, el control social de las instituciones: que puedan participar las propias victimas en las investigaciones de violaciones de derechos humanos es esencial. La investigación científica significa el rigor en las pesquisas y los razonamientos, lejos de torturas o frivolidades que desvían de la realidad. Son condiciones no-fáciles de conseguir, porque en los casos que referimos los actores estatales más implicados son funcionarios, policías y el ejército. Y las víctimas más recurrentes, periodistas, opositores políticos y migrantes. Y el mecanismo más común, la desaparición forzada.

El derecho a la verdad es un claro enfrentamiento a los poderes de la (literal) oscuridad que cultivan la impunidad y la injusticia. La movilización de la sociedad civil es el componente esencial en esta lucha. Sin la movilización de la sociedad civil, la verdad de los 43 se habría olvidado. Para finalizar: a-letheia, es también des-olvido (létheo era el rio del olvido). La verdad es también La Memoria: desocultar y desolvidar son derechos sagrados.

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