La casa de la comisionada

La casa de la comisionada

“Los límites de la crítica son más amplios si ésta se refiere a personas que por dedicarse a actividades públicas o por el rol que desempeñan en una sociedad democrática, están expuestas a un control más riguroso de sus actividades y manifestaciones que aquellos particulares sin proyección pública alguna.” Amparo directo en revisión 2598/2017, Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Hasta el corte en que redacto este texto, Norma Julieta del Río Venegas permanece como co-titular del Instituto Zacatecano de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales. No “pseudo”, sino servidora pública bajo la definición de la Ley General de Responsabilidades Administrativas vigente.

Por encima de cualquier otro tipo de interés, en el caso de los servidores públicos, el constante escrutinio del que son objeto es justificado no sólo para los medios de comunicación, sino para la ciudadanía en general, por lo aspectos de su vida privada que pudieran estar vinculados al ejercicio de su función.

Así lo estableció también la Suprema Corte de Justicia en la tesis aislada de la Primera Sala 1a. XLII/2010 de rubro: “Derecho a la intimidad o vida privada. Noción de interés público, como concepto legitimador de las intromisiones sobre aquel.” El sentido común de la mayoría de la clase política zacatecana lo entiende, pero en el IZAI viven en otra “normalidad”.

Como vecinos que somos, no es inusual que yo transite por la calle Sierra de Mapimi, en Colinas del Padre, para realizar algunas de mis actividades. Tampoco es inusual que, por mi trayecto, pase por el domicilio de dicha comisionada, el cual conozco no sólo por fuera, también por dentro pues en dos ocasiones Norma Julieta me invitó a su casa (hay testigo de ello y de los temas sensibles que ahí se trataron).

Me tiene sin cuidado a lo que dedique su vida personal, para eso es la individualidad. Sin embargo, todo aquello que corresponde a su labor como funcionaria me atañe como ciudadano y como administrador de un portal de análisis e información que ustedes ya conocen. El día de ayer fue el caso de lo anterior.

Cerca de las dos de la tarde de este lunes 6 de julio, al caminar por Sierra Mapimi, fui testigo del siguiente hecho. La puerta principal de la casa de la comisionada se abrió para dar salida a David Monreal Ávila, la asistente particular del Coordinador Nacional de Ganadería, y Norma Julieta del Río Venegas.

Como responsable de un medio de comunicación, me cercioré de tener la versión del hecho, de parte del encargado de comunicación social del IZAI, Javier Berumen Soto, que en llamada telefónica me aseguró que los comisionados asistían a la oficina los lunes, miércoles y viernes, y que, debido a la pandemia, realizaban actividades de home office los martes y jueves.

Me ofreció la posibilidad de conocer el informe de actividades diarias que supuestamente han hecho público, a diferencia del gobierno estatal, acotó. Claro, Javier omitió diferenciar también al gobierno federal, del que no tenemos información alguna sobre la agenda del (todavía por algunos días más) Coordinador de Ganadería. Sólo sabemos que se dedica de lleno al proselitismo electoral.

Si se me cuestiona o sentencia por la falta de alguna fotografía, les recuerdo que el periodismo es un oficio que no nació con la tecnología, sino que fue sofisticando y respaldando sus contenidos con la misma. Sin un celular a la mano en el momento, hice lo que cualquier cronista está obligado a hacer: poner atención a los detalles.

Me percaté, inmediatamente, del número de placa NU-9413-A de una camioneta gris plateado Chevrolet Colorado, en la cual supe que se transportaba David Monreal Ávila porque la abordó, junto con su asistente (designada por la comisionada del IZAI, según mis fuentes) mientras transcurría la escena.

David se veía entusiasmado. Portaba un pantalón vaquero color negro, botas, una camisa azul y blanca a cuadros, y lentes negros. Parecía fresco y escuchaba las sugerencias (casi en actitud materna) de la comisionada. Ella también se veía algo animada ataviada en sus jeans y una blusa de algodón color azul marino.

La asistente se apresuró a subir a la pick-up con un expediente en los brazos, mientras la camioneta de más de 600 mil pesos (nada austera) era custodiada al interior por una persona de entre 40 y 50 años. El chofer portaba una camisa beige, la cual no distinguí muy bien porque los vidrios tenían una ligera tintura opaca.

Al llegar a mi domicilio consulté mi móvil y fue ahí cuando me percaté que la causa por la que David llevaba algo de prisa cuando se despedía de Norma Julieta era porque lo esperaban en el restaurante de la Cabaña del Borrego, de sus amigos e incondicionales, Rafael Llamas Sabag y José María Llamas Caballero.

Las versiones del evento explican que el funcionario federal anunció que pronto renunciaría a la Coordinación de Ganadería (ya sin su programa) y se dedicaría de lleno a la campaña anticipada. Pero, a menos que ya lo hayan renunciado, David se le adelantó al presidente. Antes de la hazaña, como consta mi testimonio, David fue a consultar en la casa de la comisionada. Ambos, en “horario laboral”.

Twitter: @GabrielConV

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