Naufragios cotidianos: Yaroslabi Bañuelos

Naufragios cotidianos: Yaroslabi Bañuelos
Yaroslabi Bañuelos. Foto de Rosario Virgen

La Gualdra 435 / Entrevistas / Poesía

 

 

Yaroslabi Bañuelos (La Paz, Baja California Sur, 1991). Es licenciada en Psicología por la UNIPAZ. Ha recibido el Premio Estatal de Poesía “José Alberto Peláez Trasviña 2019” por el poemario Otro agosto habita el aire; asimismo, obtuvo el premio de los Juegos Florales Nacionales Carnaval La Paz 2019, así como los XLVI Juegos Florales Margarito Sández Villarino y el Primer Concurso Municipal de Poesía “Letras Nuevas”. Fue beneficiaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA) 2016-2017. Yaroslabi Bañuelos representa el espíritu sudcaliforniano y visibiliza otros lindes del imaginario poético de nuestro país. Su poética bifurca posibilidades sensoriales que refrendan la cotidianidad como un espacio múltiple de confesiones personales y hasta colectivas.

 

Armando Salgado: Yaroslabi, naciste en los 90, en Baja California Sur. ¿Qué búsquedas de la comunidad artística sudcaliforniana identificas en los años recientes?, ¿cuáles autores nos recomiendas de tu estado? Cuéntanos, ¿qué representa para ti escribir y vivir en La Paz?

Yaroslabi Bañuelos: Baja California Sur es, geográfica e históricamente, el estado más aislado del país, somos casi una isla; vivimos rodeados de mar y desierto, por lo que esta condición de oasis en medio de la nada —de forma inevitable — ha impregnado la obra de las y los artistas sudcalifornianos. No es extraño encontrarnos en la literatura de B.C.S. con postales de cardones y playas, cánticos al océano, misterios marinos y pasajes “costumbristas”. Sin embargo, desde hace algunos años, la búsqueda poética y los tópicos narrativos han ido diversificándose y actualmente se exploran con más fuerza temas universales como la estética del silencio, la pérdida, el erotismo, la violencia, la infancia, las memorias familiares, la cotidianidad, incluso la ciencia ficción y el feminismo. Para adentrarse a la literatura sudcaliforniana recomendaría leer Temer al mar, de Raúl Antonio Cota; la obra poética y ensayística de Christopher Amador Cervantes; los cuentos de Cecilia Rojas y Jorge Peredo; y la poesía de Juan Pablo Rochín.

Para mí escribir y vivir en La Paz significa resistencia; nací en la periferia de la periferia, en uno de los “barrios bravos” de una ciudad ubicada a más de 1600 Km. de la capital del país, donde las oportunidades de desarrollo artístico son mucho menores que en las urbes, ya que las opciones de formación, la oferta de talleres y espacios de creación, así como los apoyos al arte suelen ser limitados. Aprendí a leer a los cuatro años, mi primer poema lo escribí a los siete, pero no asistí a un curso de literatura hasta pasados los veinte, así que mi formación ha sido principalmente autodidacta y a través de todos los libros que llegaron a mí. Por lo que, sin duda, el oficio literario en La Paz es también una cuestión de resiliencia.

AS: Has publicado libros como Micropesadillas (Cuadernos de la Serpiente, 2016), y están por aparecer dos libros de tu autoría: Despojo y Otro agosto habita el aire (Premio Estatal de Poesía José Alberto Peláez Trasviña 2019). ¿Qué aspectos diferencian cada libro tuyo, desde tu ópera prima en narrativa hasta tus poemarios recientes?, ¿qué elementos consideras fundamentales para tu escritura?

YB: Creo que con cada libro lleva en su interior una voz distinta y al mismo tiempo es como si fuesen hermanos. Micropesadillas fue mi primera publicación y significó un paso importante en mi compromiso con la escritura, se trata de una serie de cuentos cortos publicados por una editorial independiente; a partir de ahí me he dedicado más a la literatura que a la psicología. Después, como proyecto del PECDA, escribí Fuego a la intemperie, una colección de relatos que tocan aspectos regionales y de la identidad sudcaliforniana. Siguió Mariposas de un mal verano, poemario que obtuvo los Juegos Florales Nacionales del Carnaval La Paz 2019, el cual comparte la misma intención que Despojo, hablar desde lo testimonial, rescatar la memoria de los otros, la rabia, la melancolía y la indignación. También en 2019 escribí Mejibó, un poemario muy breve que ganó los Juegos Florales de San José del Cabo y que está en vías de publicación; este conjunto de poemas es muy peculiar, ya que cada texto de Mejibó lleva como título un vocablo cochimí o pericú, lenguas de los antiguos californios —extintas hace mucho tiempo—, e intenta evocar el significado del vocablo utilizado. Y, por otro lado, Otro agosto habita el aire, es un libro que me emociona mucho porque siento que es un trabajo un poco más maduro, confesional e íntimo.

Uno de los elementos que considero esenciales dentro de la poesía es la honestidad, en un esfuerzo por parafrasear a Hemingway, puedo decir que ningún poema es tan terrible si es auténtico, transparente y absolutamente honesto. No creo que se pueda escribir un buen poema si de forma constante nos autocensuramos, reprimimos o escondemos emociones tras el velo de la intelectualización o el autoengaño. El poema necesita ser cristalino para que las lectoras y lectores puedan reflejarse en él.

 

AS: ¿Qué le recomendarías a los lectores jóvenes que aún no dan ese salto a teclear sus primeros versos?, ¿qué obras te han influenciado como lectora y escritora?

YB: Les recomendaría que abandonaran el pudor, al principio es normal sentir miedo de exponer nuestras emociones más íntimas o algunos fragmentos de vida, porque, aunque no hablemos directamente de las experiencias vitales que hemos atravesado, siempre dejamos un rastro de nosotros en el poema; no obstante, ese miedo se diluye en la alegría de saber que eso que escribiste significó algo para alguien. Les aconsejaría también leer mucho, pero no solo leer lo que todos leen o lo que te dicen que “debes” leer, sino descubrir lecturas que te apasionen, poemas desconocidos, autores que jamás hayas escuchado, adentrarse en los libros que realmente sean de tu interés y no caer en la fea trampa de leer por obligación.

En cuanto a las obras que más me han influenciado, diría que soy una enamorada de la poesía completa de Alejandra Pizarnik y de todo lo que escribió Wisława Szymborska; también ha sido muy significativa para mí la obra de John Steinbeck, especialmente La perla, por su relación simbólica con la ciudad de La Paz. El tigre en la casa, de Eduardo Lizalde; El Libro centroamericano de los muertos, de Balam Rodrigo; Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin; Delirio y Hot Sur, de Laura Restrepo; y Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez son otros libros que han significado mucho para mí. Olga Orozco, Louise Glück, Amparo Dávila, Rosario Castellanos y Enriqueta Ochoa son autoras que me gustan y a las que siempre vuelvo. Hay otros poetas que considero indispensables en mis lecturas, como Manuel Scorza, César Vallejo, José Watanabe y Ernesto Cardenal. De los clásicos de la literatura universal me quedo con Madame Bovary, Frankenstein, Crimen y Castigo, Las flores del mal, Canto a mí mismo y Siddhartha.

 

AS: ¿En qué consistió la beca “Inés Arredondo” y cuál fue tu experiencia en el Encuentro Internacional de Literatura “13 Habitaciones Propias”, realizado en Culiacán, Sinaloa?

YB: La beca Inés Arredondo es un apoyo otorgado por el FORCA a escritoras jóvenes de Sonora, Baja California y Baja California Sur, el cual incluye hospedaje, alimentación y transportación para asistir a un congreso de literatura hecha por mujeres, el cual se realiza desde hace 3 años en tierras sinaloenses. La beca también brinda la oportunidad de tomar diversos talleres de creación literaria y participar en el programa del encuentro moderando mesas, presentando libros o entrevistando a las autoras. Mis dos participaciones en “13 Habitaciones propias” han sido muy enriquecedoras y fascinantes tanto en aprendizaje como en la convivencia con las autoras; pude conocer y entablar amistad con algunas becarias, leer poesía junto a Minerva Margarita Villarreal, asistir a los talleres de Elisa Díaz Castelo y Rebeca Lane, y aprender de los consejos literarios de María Ángeles Pérez López, Diana del Ángel o Natalia Toledo. Definitivamente, creo que es esencial nutrirse de las experiencias que nos regala un viaje, salir de nuestro cómodo mapa de la realidad y, sobre todo, tejer puentes de colaboración y retroalimentación con otras escritoras.

 

AS: ¿Qué sugerencias nos compartirías para estos días de encierro, sobre todo para mantener nuestra salud emocional estable?, ¿qué haces tú para sentirte bien contigo misma?

YB: Ayuda mucho planificar una rutina, es decir, establecer horarios para no abandonar las actividades esenciales y conservar cierta “normalidad”; es aconsejable que esa rutina incluya la higiene diaria y el cuidado personal, el mantenimiento de la casa, las horas destinadas al trabajo o estudio, y los momentos para el ocio. Pero, sobre todo, una de las estrategias más efectivas para afrontar el estrés y algunos síntomas de la depresión es canalizar esta carga emocional a través de actividades que nos retroalimenten cognitiva, afectiva y/o físicamente como lo son las artes, las manualidades, estudiar un idioma, aprender una nueva habilidad, tomar clases en línea, hacer ejercicio, hacer jardinería, practicar mindfulness, entre muchas otras, el propósito de esto no sólo es activarnos, sino fructificar la tristeza, el dolor y la ansiedad. En lo personal creo en la palabra y en la poesía como salvación, la escritura y la lectura han sido mis refugios desde la infancia, y sé que la literatura no tiene ninguna obligación de salvar a nadie, sin embargo, muchas veces lo hace porque a través de sus laberintos aprendes a hurgar dentro de ti y a convertir la melancolía, la frustración y la rabia en un impulso creativo. Otto Rank afirmaba que la neurosis es la manifestación de una imaginación desencaminada, una obra de arte fallida, y el neurótico un artista fallido. El arte nos ayuda a entender los estados más complicados de la psique, a ordenar la maraña de emociones que cargamos todo el tiempo; por eso escribir y leer siempre me acerca a las playas en los naufragios cotidianos, aunque también hay otras actividades que me hacen amar la vida y controlar mis altos niveles de ansiedad como meditar, disfrutar de la naturaleza y cocinar (lo cual es para mí otra forma de meditación).

 

AS: Compártenos qué sueles hacer cotidianamente en La Paz, ¿qué lugares frecuentas, qué historias coexisten con tus actividades?

YB: La bahía de La Paz posee atardeceres espectaculares y, para disfrutarlos, me gusta ir con mi esposo a nuestro restaurante favorito y pedir un mojito mientras miramos el cielo incendiado como si fuese un lienzo teñido de carmín y ocre, o de brillantes colores malvas. También me encanta ir al cine, leer y escribir un rato en mi café preferido, salir a pasear a pueblos llenos de magia e historia como Todos Santos, El Triunfo y San Antonio. A veces salgo a caminar a los arroyos o al monte y tomo fotografías de árboles que llaman mi atención, sobre todo, si tienen figuras extrañas, yo les llamo “árboles espectrales”. Suelo ir a la playa solo para estar un rato entre el silencio de los mangles y contemplar las olas y las aves marinas. De igual forma me gusta mucho escuchar a la gente, conocer sus historias de vida y nutrirme de esa memoria, para así contagiarme de empatía y, por un instante, ver el mundo con otros ojos.

 

 

 

Origami*

 

“El 15% de mexicanos padece depresión, estima la UNAM”.

CNN en Español

 

—La depresión no es una enfermedad— aseguraste.
Por eso aprendí a hacer origami con el silencio,
a disfrazarme de jade y pavorreal
cuando me sentía como un insecto ahogándose
en un charco de lluvia.
—Debes sonreír más. Polvearte las mejillas.
Bajar de peso. Pintarte la boca—.
Pero yo no era una geisha y mi cuerpo nunca
adornó las fiestas,
yo era más bien ese pájaro kamikaze
que se estrella contra la noche,
la hoja disecada que hunde su melancolía en el estanque,
la rama que se quiebra a mitad del sosiego.

—La depresión no es real,
solo es un invento de las farmacéuticas— dijiste.
—Esta oscuridad salvaje
es mía y es verdadera— contesté sonriendo.
Luego soplé un millar de murciélagos en tu garganta.
*De Despojo.
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_435

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