Tragicómica “nueva normalidad” y saber mirar

Tragicómica “nueva normalidad” y saber mirar

Nueva normalidad (NN) en México. ¿Qué es eso? ¿Un nuevo estado natural o habitual? ¿Una tragicomedia? ¿Un macabro y sarcástico manipuleo de números?

Nueva Normalidad: se mira como una ocurrencia retórica e irresponsable entre dos realidades anormales: la de antes de la pandemia y la que continúa implacable con motivo de la misma. Nueva Normalidad: ocurrencia retórica que encubre la verdad de los hechos. Un guion entre dos anormalidades. Antes de la pandemia, anormalidad representada por: violencia, militarización, encono social, división, pluralismo y libertad de prensa sitiados, desempleo y muchas cosas anormales más.

Luego la pandemia que inauguró una anormalidad insólita, segadora implacable de vidas humanas y de alegrías, no de cifras frías y manipulables, y para colmo, cegadora de ojos que ya no ven. Que ya no miran la verdad de los hechos pretendiendo encasillarlos en esquemas mentales, en construcciones retóricas de una infecunda imaginación.

Dos tiempos, un antes y un después. Un después virulento, multiplicador de muertes, miserias, desempleos, engaños. Y en el medio, el guion de la Nueva Normalidad a partir de una fecha aleatoria con miras inaugurales, el 1° de junio.

Y más que un guion entre dos anormalidades, es la NN una nada entre dos realidades terriblemente anormales. Una tragicomedia que combina ingredientes de tragedia y sarcasmo. Dos realidades anormales – de un antes y un después- imposibles de eludir, dos hechos notorios. Una nada porque la NN no es, no puede ser un nuevo estado natural. Nadie en su sano juicio, se puede habituar novedosamente a una catástrofe vital, a la pérdida de miles de vidas irrepetibles, sagradas que no de meras cifras desdeñables.

No puede ser lo habitual el tener -según cifra oficial y por tanto dudosa- casi 12 mil muertos al día del 4 de junio, decenas de miles de contagiados, más de mil muertos en un día, a pesar de explicaciones grotescas al respecto. No puede equivaler a un nuevo estado habitual: el proclamar una reapertura de actividades contradictoria, errática, sin rumbo, sin planeación estratégica. Reapertura inoportuna e irresponsable.

Apertura de la NN que confunde, que produce expectativas falsas de normalidad en la gente como si no hubiera pasado nada o no pasara nada. Un día se dice que se aplanó la curva mágica, al siguiente que no, y así sucesivamente. Se pide quedarse en casa, pero se sale de gira. Solamente el ejemplo es persuasivo en las masas.

La Nueva Normalidad es lanzada al vacío, en medio de la tempestad viral. Es decir, se lleva al país al matadero. Es como si una embarcación resguardada de la furia de tormenta inédita y viento huracanado, fuera lanzada a las olas embravecidas del océano para ¡pescar, para que la economía no decaiga! Hacer eso sería suicida, sería un sinsentido, el naufragio de vidas y de la economía misma del barco hecho pedazos. Lo sensato, lo prudente, lo evidente es esperar a que pase la tormenta, el huracán. Entonces, solo entonces hace sentido el retorno de la barca a su habitual tarea, y con todas las reservas del caso, con un plan estratégico preciso. Eso han hecho gobiernos sensatos de otros países. Una vez amainada la tormenta, han esperado semanas para luego retornar con prudencia.

Además, hay otros medios extraordinarios para que la economía no naufrague en tanto la barca nacional se resguarda en puerto: gasto sin límite en salud pública, deuda para enfrentar la emergencia de vida o muerte, apoyo incondicionado a las micro, pequeñas y medianas empresas, moratorias de impuestos, cancelación de obras improductivas y antiecológicas. Es decir, subordinar lo anecdótico, lo accesorio a lo esencial para el destino de una nación en peligro. No es racional que no haya insumos suficientes y de calidad en muchos hospitales públicos, y que los médicos y enfermeras tengan a diario que salir a las calles a exigirlos en protesta con pancartas, tristeza y frustración. Ese apoyo incondicional lo han brindado gobiernos sensatos de otros países.

No es válido desde el punto de vista racional y moral, subordinar la vida, la salud de todo un pueblo a la economía. Y menos cuando esa subordinación es realizada “al aventón”. Las vidas perdidas no se recuperan nunca; las economías sí, con trabajo e inteligencia, con sacrificios y esperanzas, con liderazgo político auténtico, nunca delegado o eludido en crisis extremas.

Tragicomedia, género literario y dramático que expresa con nitidez lo que hoy sucede en México. Digna de un Plauto, un Lope de Vega, un Molière, un Shakespeare, un Fernández de Lizardi de nuevo cuño, de nueva anormalidad postmoderna en el ojo del huracán pandémico.

Pero al margen de ello, urge el esperanzador saber ver, saber mirar la realidad tal cual es. Urge amoldar la mente a tal realidad y no al revés. Y qué es saber mirar las cosas: nos lo dice el genio filosófico del alemán Romano Guardini. “El ojo es pues, mucho más de lo que cree la forma biológica mecanicista de pensar. Ver es encontrarse con la realidad; y el ojo es sencillamente, el hombre mismo en cuanto puede ser afectado por la realidad en sus formas orientadas a la luz. Encontrase con lo genuino de la realidad, protofigura, expresión en germen de lo mejor del ser humano: el alma, el espíritu que sustenta su fragilidad corporal.” El ser humano completo: alma y cuerpo, espíritu encarnado. Por ello hay que protegerlo a toda costa.

Dedico este texto a los hombres sencillos y valientes que recorren las calles del país, barriendo basura que no la esperanza.

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