El arte de vivir juntos confinados: los vecinos

El arte de vivir juntos confinados: los vecinos
“Mi vecino escucha una música tan triste que ahora yo también echo de menos a su ex novia” (traducción del francés) ■ FOTO: CORTESÍA

■ “El humor en tiempos del Corona: 40 imágenes para una cuarentena”

 

En las sociedades tradicionales el vecino ocupa un lugar privilegiado dentro del marco de las relaciones sociales. La proximidad física, en un contexto de movilidad restringida, favorece las prácticas del reparto e intercambio en el entorno domiciliario.

En el mundo moderno, desde que se produjese el boom demográfico, conjugado eéte al éxodo rural y al crecimiento de las ciudades, se ha producido la construcción de hábitats colectivos en los que el vecindario se ha convertido en un elemento fundamental de las costumbres urbanas, particularmente en los grandes espacios compartidos; tanto para bien, como para mal.

No obstante, nuestros modos de existencia, repartidos entre el espacio público y el privado, han mitigado ampliamente la presencia de los vecinos en nuestro día a día, tanto en el espacio urbano como en el rural.

Aunque, con el confinamiento, este sistema de articulación beneficioso entre “el adentro” y “el afuera” se ha metamorfoseado profundamente imponiendo a una gran parte de la población medidas restrictivas de acceso al exterior. Los vecinos, desde entonces, han resurgido masivamente en el panorama de nuestras prácticas sociales, en particular con un uso intensivo de las ventanas y de los balcones: aplausos para el personal sanitario, conciertos amateurs, cursos de gimnasia, incluso aperitivos colectivos.

Pero la situación de enclaustramiento también ha engendrado comportamientos de vecindarios perversos, como las delaciones de salidas intempestivas por parte de los residentes colindantes o bien las molestias sonoras, que las publicaciones de corte humorístico han puesto incansablemente en escena.

La imagen del día representa, en un encuadre cerrado, a un joven con aire melancólico, la mirada perdida y absorto en sus pensamientos. El comentario que la acompaña ayuda a identificar el motivo de su lobreguez: una ruptura sentimental.

El humor se apoya sobre el desfase entre la causa (la música triste del vecino descuidado) y la consecuencia (la aflicción del joven en virtud de un contagio emocional a través del sonido). Lo que aquí aparece implícitamente estigmatizado, del mismo modo que en otras imágenes sobre los vecinos, es la intensificación, con el confinamiento, de los problemas de promiscuidad en los hábitats colectivos exiguos y mal aislados. Sean estos de mayor o menor intensidad, han afectado de manera particular a los jóvenes emancipados, como en el caso de la imagen.

Para mañana: “Matar el tiempo: La odisea del espacio doméstico”.

*Catedrática de Artes Visuales en la Universidad Sorbona

**Traducción del francés por Jordi Macarro: L’art de vivre ensemble confinés: les voisins

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