Miscelánea Pandemia: Antología. Monólogo del virus*

Miscelánea Pandemia: Antología. Monólogo del virus*

*Anónimo.
Publicado en Lundi matin
21 de marzo, 2020

Habíamos suspendido temporalmente las antologías, idea que surgió para seleccionar textos o parte de ellos, que con motivo de la pandemia han escrito varios pensadores. Diversas llamadas me solicitaron continuar con el esquema hasta agotar los documentos que tuvo a bien hacerme llegar el académico y universitario Rodolfo García Zamora, por lo que va la continuación de antología con el número tres.

Monólogo del virus.
Acallad queridos humanos todas vuestras ridículas exhortaciones a la guerra. Apartad todos los deseos de venganza que dirigís contra mí. Extinguid el halo de terror con el cual rodeáis mi nombre. Nosotros, los virus, desde el fondo bacteriano del mundo, somos el verdadero continuum de la vida sobre la tierra. Sin nosotros, nadie habría visto jamás la luz del día, tampoco la primera célula.

Somos vuestros ancestros, del mismo modo que lo son piedras y algas más aún que los propios simios. Estamos por todas partes donde vosotros os encontráis, también allí donde ni siquiera llegáis… dejad de decir que yo soy quien os mata. No estáis muriendo por mi acción sobre vuestra esfera, sino por la ausencia de cuidado de vuestros semejantes. Si no hubierais sido tan rapaces entre vosotros como lo habéis sido con todo lo que vive sobre este planeta, tendríais suficientes camas, enfermeras y respiradores para sobrevivir a los estragos que yo provoco en vuestros pulmones.

Si no almacenaseis a vuestros ancianos en los morideros y a vuestra gente sana en madrigueras de hormigón armado no estaríais así… los más honestos de entre vosotros lo saben bien: yo no tengo otro cómplice que vuestra organización social, vuestra estúpida fijación con la gran escala y la economía vuestro fanatismo por el sistema.

Dejad entonces de insultarme, de acusarme, de perseguirme; de paralizaos ante mí.

¡Ved como hago trabar la lengua y el espíritu de vuestros gobernantes! ¡Ved como les hago mostrarse en su real condición de miserables y arrogantes mercachifles con todo esto! ¡Ved como se delatan de improviso superfluos o mejor, nocivos!

Vosotros no sois para ellos más que los soportes de la reproducción de su sistema, incluso, menos que esclavos. Hasta al plancton se le trata mejor.

Gracias a mí durante un tiempo indefinido no trabajareis más, vuestros hijos no irán a la escuela y, no obstante, esto será todo lo contrario a unas vacaciones.

Las semanas que vienen van a ser terribles, agobiantes y crueles. Las puertas de la muerte estarán abiertas de par en par. Yo soy la más catastrófica producción de la devastación productiva que es la economía. Vengo a aniquilar a los nihilistas… es una civilización y no a vosotros a quien vengo a enterrar. Aquellos que quieran vivir deberán proveerse de nuevos hábitos que les serán propios… cuidad de vuestros amigos y de vuestros amores, repensad con ellos, soberanamente, una forma de vida justa. Formad grupos en torno a una buena manera de vivir; escuchaos mutuamente, y yo no podré nada contra vosotros. Esto es un llamamiento a la atención, no al retorno masivo de la disciplina. No es una condena de toda la despreocupación pero si de toda negligencia. ¿Qué más puedo recordaros para insistir en que la salud está en cada gesto? Que todo, sobre todo la ligereza, se encuentra en lo más ínfimo.

He tenido que rendirme a la evidencia: la humanidad sólo se hace las preguntas que ya no puede no hacerse.

La economía o la vida*
*Anónimo.
Publicado en Lundi matin.
30 de marzo de 2020

No todo es falso en los comunicados oficiales. En medio de tantas mentiras desconcertantes, a veces incluso los corazones de los gobernantes se encuentran visiblemente encogidos, y es entonces cuando detallan como están sufriendo la economía. A los ancianos se les está dejando ahogarse en casa para que no entren en las estadísticas del ministerio, u obstaculicen en los hospitales, sin duda… ciertamente, la gente perece en todas partes por problemas de insuficiencia respiratoria, pero no hay que dejar que la economía se quede sin oxígeno.

Así que aquí estamos en la encrucijada: o salvamos la economía o nos salvamos a nosotros mismos; o salimos de la economía o nos dejamos alistar en el gran ejército de la sombra de los pre-sacrificados; la misma retórica de la época de 1914-1918 no deja absolutamente ninguna duda sobre este punto. Es la economía o la vida.

Y como estamos tratando con una religión, estamos tratando con un sisma los estados de emergencia decretados en todas partes, la extensión infinita de medidas policiales y de control de la población ya en vigor, la eliminación de todos los límites de la explotación, la decisión soberana de a quien se deja vivir y a quien se deja morir, la apología desinhibida de la gubernamentalidad china no apuntan ahora a “la salvación del pueblo” sino a preparar el terreno para una sangrienta “vuelta a la normalidad”, o más bien a la instauración de una normalidad aún más anómica que la que prevalecía en el mundo anterior.

Ahora es el momento de arrebatarle a las industrias de la enfermedad y a los especialistas en “salud pública” la definición de nuestra salud. Ahora es el momento de establecer redes de ayuda mutua, suministro y autoproducción que nos permitirán evitar sucumbir al chantaje de la dependencia que buscara duplicar nuestra esclavitud.

Ahora debemos dilucidar la vida que queremos, lo que esta vida requiere que construyamos y destruyamos, con quien queremos vivir y con quien ya no queremos vivir. Y que nos traiga sin cuidado que los dirigentes se armen para la guerra contra nosotros. Nada de “vivir juntos” junto con los que nos dejan morir. No habremos tenido ninguna protección al precio de nuestra sumisión; el contrato social ha muerto. Ahora nos toca a nosotros inventar otra cosa.

Los gobernantes actuales saben muy bien que, en el día del desconfinamiento, no tendremos otro deseo de ver como se les caen las cabezas, y por eso harán todo lo posible para evitar que llegue ese día, para difractar, controlar y aplazar la salida del confinamiento.

Es una fechoría extorsionar los beneficios usuarios, el amor al dinero es aborrecible; caminan con más seguridad por los senderos de la virtud y la sabiduría quienes se preocupan menos por el mañana.

Una vez más volveremos a estimar más los fines que los medios, y a preferir los bueno y lo útil. Honraremos a quienes nos enseñan a acoger el momento presente de forma más virtuosa y buena, la gente exquisita que sabe disfrutar de las cosas inmediatamente, los lirios del campo que no tejen ni hilan” (Keynes).

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