El humor en tiempos de Corona: contravirus para una pandemia*

El humor en tiempos de Corona: contravirus para una pandemia*
México. Dominio público en la web.

La Gualdra 433 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku

 

Chapô

La pandemia ligada al Coronavirus, para Francia, de la misma manera que para una gran parte de la humanidad, ha entrañado medidas de confinamiento a lo largo de varias semanas con la finalidad de ralentizar la progresión de la pandemia. Esta inédita situación ha provocado la aparición de todo un flujo de mensajes cargados de contenido humorístico que se ha propagado a través de los servicios de mensajería móvil, redes sociales y aplicaciones móviles de mensajes instantáneos. Al ritmo de esta pandemia, el humor se ha impuesto como un contravirus virtudes catárticas.

Introducción

Entre el martes 17 de marzo y el lunes 11 de mayo Francia ha vivido al ritmo de un confinamiento que ha afectado, en lo que ya representa un destino planetario compartido, a una gran parte del mundo. Esta situación, inédita en la historia de nuestra poderosa sobre-modernidad, ha conmocionado las tranquilizadoras relaciones de causalidad habituales. Insostenible, el sobrecogimiento inicial dejó paso rápidamente, como siempre frente a la catástrofe, a una ola de discursos, múltiples, desordenados, a veces contradictorios, obstinándose en darle forma al caos; porque “decir”, ya es un poco “dominar”, a falta de poder comprender realmente.

En la cacofonía de discursos sobre el evento, el humor ocupó rápidamente un lugar singular a la luz de la risa o de la sonrisa. Más allá de los humoristas de profesión, los ciudadanos anónimos del mundo entero se apoderaron ávidamente de esta realidad. En las redes sociales, a través de las aplicaciones móviles de mensajería instantánea o por correos electrónicos, un oleaje hilarante de imágenes, de videos, o de textos breves, para muchos los “memes”, irrumpían en la cotidianeidad ansiogénica marcada por un encierro colectivo del que se ignoraba la duración.

Una intensidad inédita

En realidad, no se trataba de las formas de estas prácticas que constituirían la novedad. Desde hace ya mucho, internet y las redes sociales se han convertido en el espacio de despliegue de la creación humorística amateur. Lo que era nuevo, era en primer lugar la intensidad extraordinaria del fenómeno, por medio de un proceso de “viralización” sin precedentes. Mientras diariamente las autoridades desgranaban solemnemente las cifras, cada día más aterradoras en su glacial objetividad, de la progresión de la epidemia del Coronavirus, los mensajes humorísticos de una comunidad de internautas, cada vez más numerosa, le libraban una concurrencia férrea en el seno de la mediasfera. Entre nosotros, muchos hemos retenido, de manera real, a través del discurso de los epidemiólogos y de sus sabios croquis, el sentido técnico del adjetivo “exponencial” aplicado al contagio del Coronavirus; en cambio, no se ha percibido como punto en paralelo, otra forma de pandemia -no mortal- que se esparcía a un ritmo desenfrenado, esa que causaba el virus del humor. Si al principio, no eran más que un puñado de “memes” los que replanteaban el evento sanitario bajo el ángulo de los primeros síntomas, en muy poco tiempo, la fiebre humorística se adueñó de todos los aspectos de un cotidiano bruscamente insólito por culpa de las nuevas reglas de la vida en común. Y todo eso circuló, de manera tanto frenética como exponencial.

Una situación masiva, nacional e internacionalmente compartida

Lo que resultó nuevo fue la repentina llegada de una situación masiva e internacionalmente compartida. Cierto es que la realidad del encierro no era la misma para todos, y que las condiciones variaban de manera importante en función no solo de los espacios de confinamiento sino también de la situación personal, familiar o profesional de cada uno. Igualmente, a escala internacional, las situaciones eran muy variadas en función del mayor o menor grado de intensidad de las medidas tomadas con condiciones de confinamiento más o menos radicales. La situación socio-económica y sanitaria de los Estados así como la toma de decisiones y posicionamiento de los dirigentes sumado al grado de progresión de la epidemia suponían además múltiples variantes para las poblaciones confinadas, más o menos dramáticamente afectadas.

No obstante, los mensajes intercambiados en todas las lenguas y en todas las latitudes, han elaborado, a lo largo de las semanas, un imaginario de confinamiento común, fundado sobre la reformulación de situaciones de un cotidiano idénticamente sacudido en relación con sus rutinas habituales. Más allá de todas las diferencias de lo vivido, los innombrables discursos humorísticos han constituido numerosas variaciones sobre aquello que el virus ha transformado en la mecánica, hasta ese momento bien engrasada, de nuestras vidas.

Temas originales

La novedad han sido las síntesis de temas perfectamente inéditos con un cotidiano profundamente metamorfoseado, ubicado bajo el signo de la singularidad y del espacio de lo que, algún tiempo antes, habría parecido ser un mal guion de ciencia ficción. La capacidad de reacción de los internautas, en fase con la evolución de una situación de la que tomaban conciencia de manera casi inmediata, ha sido prodigiosa. Han explicado el día a día de la situación a través de un tipo de mega-relato compartido, narrativamente constituido por la suma de micro-relatos anónimos que llegaban un día tras otro y, a veces, hora a hora a las mensajerías o a las redes sociales.

El miedo inicial a la penuria se ha traducido por ejemplo en una avalancha de producciones alrededor del papel higiénico y de los paquetes de pasta que habían sido desvalijados de los supermercados por razones, cuanto menos, misteriosas. Este miedo fue rápidamente seguido por variaciones innumerables alrededor de los efectos de la convivencia sobre las relaciones conyugales y extra-conyugales, pero también, y sobre todo, sobre las “joyas” de la vida en familia, animales de compañía incluidos. Pasados los temores de la carencia, uno de los grandes temas concernía directamente a los nuevos regímenes o ritmos alimentarios, alrededor del picoteo y de la toma de peso. Pasando el tiempo, los medios, para conjurar el aburrimiento forzoso, ofrecían una nueva fuente de creatividad a través de la puesta en escena de pasatiempos irresistiblemente absurdos. Para aquellos que, al contrario, estaban cargados de teletrabajo, la explosión literal de las reuniones y las citas en videoconferencia abastecían el molde de parodias desviadas.

Más allá del espacio doméstico, que ha sido un auténtico teatro en miniatura para los sainetes sobre lo cotidiano, las reglas impuestas para salir al espacio público se han puesto en escena a través de imágenes transgresoras. Los famosos certificados autorrellenables y las mascarillas se han convertido en motivos recurrentes del humor Covid. Con el anuncio del fin del confinamiento la imaginación colectiva ha urdido puestas en escena apocalípticas sobre la salida del espacio privado, en particular en lo que respecta a la vuelta a la escuela. Desde el 11 de mayo, fecha de la primera fase de la vuelta a la tan ansiada “libertad” en Francia, la producción humorística alrededor del Covid parece haberse ralentizado. La vuelta a la normalidad, a pesar del mantenimiento de las medidas de distanciamiento social, es naturalmente menos rica, y la vuelta a la actividad laboral ha reducido el tiempo de disponibilidad de los internautas.

Una inventiva extrema

Más allá de la capacidad de reacción de los creadores y de sus talentos para restituir el flujo de una vivencia compartida, lo más chocante ha sido la extrema inventiva de la que han dado muestra para dejarlo patente. Se trataba de una producción doméstica, cuya principal característica era el uso de los “medios cotidianos”, la mayoría del tiempo muy rudimentarios. Esta libertad bajo presión ha generado una capacidad de imaginación pasmosa y polimorfa, como suele ser a menudo estos casos, paradójicamente, en un contexto de sometimiento. Las producciones podían ser de una extrema simplicidad, bajo la forma mínima de un texto humorístico jugando en general con lo absurdo. La aparición de las primeras teorías llamadas “conspiranóicas” alrededor del virus entrañó por ejemplo lo hilarante: “¿Y si nos están engordando para luego comernos?

La utilización de imágenes incluía un grado más en la sofisticación técnica, manteniendo siempre una gran sobriedad. Una parte de la producción se componía de imágenes propias, en el espacio del confinamiento personal, con los propios objetos como accesorios y, a modo de personajes, los propios compañeros y compañeras del confinamiento, humanos o animales o, en la mayoría de los casos, uno mismo. Las fotografías venían acompañadas de textos bajo la forma de leyendas subrayando la dimensión humorística de la situación. Bajo un mismo principio de juego entre texto e imagen fija, toda una serie de “memes” ofrecían variaciones alrededor de imágenes muy conocidas de la cultura “sabida” o popular, pinturas, esculturas, fotogramas de películas muy conocidas, modificadas aunando los temas Covid 19.

El summum de la sofisticación (pero no necesariamente del humor) fue la realización de videos a modo de sainetes, yendo del simple plano secuencia, con la cámara fija, en posición frontal, de un individuo frente a la cámara de su ordenador contando, con un sentido agudo de la autoburla, un (o unos) aspecto(s) de su cotidiano confinamiento, a cortometrajes familiares extremadamente elaborados tanto desde el punto de vista narrativo como del montaje, visual o sonoro. Entre estos dos extremos, la creatividad no tenía límites para los escenarios más o menos complejos.

La cortesía de la desesperación

Más allá de la dimensión de crónica de lo cotidiano de millones de individuos en confinamiento, el humor en tiempos del Coronavirus ha estado dotado de una evidente dimensión catártica, incluso terapéutica. Lo que Freud calificó de “don raro y preciado”, en El chiste y su relación con lo inconsciente [1905], representa en efecto la victoria del “principio de placer […] pese a las realidades exteriores desfavorables” y es “sin dejar el terreno de la salud psíquica”. La victoria de aquellos que, frente a una situación traumática, “rechazan el sentirse afectados, a dejar que se imponga el sufrimiento de las realidades exteriores”. La práctica del humor ha representado para sus autores una suerte de escapatoria liberadora de un cotidiano difícil, probablemente debido a condiciones tanto físicas como psicológicas del confinamiento. Pero también para sus consumidores que han constituido una comunidad aún mayor de risueños. Un contravirus, no mortal en este caso.

*Nancy Berthier es catedrática de artes visuales en la Sorbona, de París. La traducción del francés al español fue realizada por Jordi Macarro: L’humour au temps du Corona: contrevirus pour une pandémie.

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