Las idades de Susana [el banquete de nuestros amores]

Las idades de Susana [el banquete de nuestros amores]
¿Y si montamos el juego? Óleo /tela y soporte. 30 cm. de diámetro. De la exposición Idad. 2020.

La Gualdra 424 / Exposiciones / Artes Plásticas

 

 

 

La fragilidad del recuerdo no es tal cuando este se plasma en círculos recurrentes, en aquellos que la mente se afana en trazar en una especie de espiral. Cuán frágiles en apariencia son las manos que tejen historias, y, sin embargo, poderosas arrancan de la trama pequeñas partículas de vida; como dijera Ramón: “Doy a los cuatro vientos los loores / de tus dedos de clásica finura / que preparan el pan sin levadura / para el banquete de nuestros amores”.

Teatralidad… los personajes deambulan, y otra vez el trazo, hay intensidad en las intenciones soterradas; parecen esconderse unos de otros, se hunden en la voluptuosidad de las sábanas, de las vasijas que son también ratoneras, de los manteles almidonados y de las carpetitas tejidas por la abuela, la tía, o la mujer sola, o el hombre que ha quedado solo en su feminidad. Las máscaras están ahí para ser usadas… uno puede ponerse cada día de la semana la que combine con el ritmo del viento de una tarde de orquídeas a punto de marchitarse, o con el olor de la hierba del cerro que entra por la ventana, o con el sonido de los pasos escuchados tras la puerta de nuestras necedades más absolutas; con las máscaras somos libres: somos, sin culpas.

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Soledad. Hay una mano que crea y se regocija en los detalles apenas perceptibles con lupa. Manos, muchas manos… en el tiempo suspendido este es el ambiente -casi decimonónico, casi del día de ayer- con el que las piezas de Idad nos envuelven, cobijan y arropan, a nosotros y a los espectadores ocultos de sí mismos, los que de mucho vivir han quedado solos, los que rumian sus ausencias en los rincones de una casa que es tuya y mía, que es nuestra, que habitamos todos: los que estamos y los que ya no; una casa que se agranda con la edad, con el vacío que van dejando los años y queda plasmado en el ocre de las fotografías viejas, retocadas por quienes de alguna manera siguen presentes en un frasco que guarda una muñeca.

Hay quienes también guardan en frascos alientos, pestañas caídas, un diente, un arete sin par, momentos idos… o idos de la mente. Oídos los tenemos a todos. Todos nos escuchan, no hay salida: los frascos con muñecas de trapo guardan también las palabras que no dijimos, los amores que no confesamos, los sueños recurrentes en los que huimos, volamos o nos mimetizamos en los adornos de un corcel.

Idad también es música para nuestros ojos. La habilidad de emitir una carcajada sonora, la disposición de saber enseñar los dientes y en ellos el alma que nos habita: un alma infantil, rechoncha de vida… la risa también puede ser aliada y dar paso a las lágrimas, esas pequeñas gotitas que tímidas resbalan por la piel en un inicio y luego se unen hasta hacer un tic-tic, un ta-ra-rán… o un tan-tán. ¿Han escuchado la sinfonía de unas lágrimas bien entrenadas? Qué difícil es reír así, quizá por eso Ella da la espalda desnuda a quien la observa mientras los otros esperan un gran final, de los que estremecen, una frase que meta las uñas en las entrañas y nos haga cantar la misma melodía por horas, a mitad de la noche, cuando esos fantasmas a quienes tememos son uno solo.

Susana Salinas construyó un escenario que dispuesto está para que a través de sus piezas contemos cada uno la historia que nos dé identidad y en la que no hay fragilidad: hay intensidad. Las “idades” de la artista nos remiten a lo femenino, al destierro, a la migración de las aves, las ideas, los recuerdos, a la construcción de un drama, de una obra teatral que puede ser comedia al terminar; porque el final es suyo, de cada uno de los que visitan este espacio: el vestuario de este día, elegido por la mañana al despertar no es casualidad. ¿Ha escuchado lo que Idad le quiere contar? ¿Qué personaje interpretará este día? Manos a la obra, para el banquete de nuestros amores, la eternidad está a punto de comenzar.

 

 

*La exposición Idad, de Susana Salinas, podrá verse en el Museo Zacatecano una vez terminada la contingencia por el Covid-19.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_424

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