En tiempo de riesgo a la salud y a la vida: solidaridad total con todos

En tiempo de riesgo a la salud y a la vida: solidaridad total con todos

En una crisis sanitaria, si no cuidamos su progreso, perdemos todos. Es cierto que los gobiernos tienen la responsabilidad de coordinar las acciones estratégicas para evitar que los males ataquen a la población, sobre todo a los más vulnerables. La población de la tercera edad está en estado permanente de vulnerabilidad. Y todos tenemos personas mayores en casa. Lo peor del caso es que podemos ser los asesinos involuntarios de los abuelos del hogar, si no atendemos la emergencia con responsabilidad, ilustración y sentido de la solidaridad. Las teorías de la conspiración deben dejar pasar a la sensatez: pensar que el problema no es realmente una emergencia sanitaria, sino el ataque político que tiene ciertos destinatarios (tipo Jalife y su propaganda de conspiraciones demenciales), hace que pensemos que no se requiere una actitud de solidaridad general, sino actuaciones sospechosistas que estorban la cohesión.

El comportamiento de alejarse y evitar el contacto debe ser generalizado y eso ningún gobierno puede garantizarlo. Es la conciencia social quien lo debe lograr. El Estado puede imponerse con acciones agresivas como toques de queda o prohibiciones expresas de salir a lugares comunes. Pero eso eleva el pánico social que a nadie beneficia. Hay posibilidad de pasar la crisis con cierta serenidad si todos tenemos una actitud básica de solidaridad con la totalidad de la población. Los fanatismos políticos son un obstáculo para lograr la vigilia y serenidad responsable: los que odian al presidente y los que piensan que no la enfermedad es un plan secreto en contra de él, ambas actitudes estorban. Ambos producen notas falsas que estorban.

Todos tenemos responsabilidad sobre la salud de todos. Es muy difícil que alguien piense en alguien que no conoce, pero la posibilidad está en el aire de que los malos vientos lleguen a nuestro hogar. Fue positiva la idea de suspender las actividades en el sistema educativo a partir del viernes 20. Tal vez hubiera sido bueno que la suspensión hubiera sido ya y cerrar todas las opciones de riesgo. Finalmente, en 30 días podíamos estar recuperando actividades, fuera de riesgos. Hoy la Iglesia aun no sabía si suspendería actividades de semana santa: no puede ser.

El gobierno puede (y debe) hacer la parte más importante, coordinar y dar las instrucciones necesarias para superar la contingencia. Pero la sociedad en general debemos colaborar con cada decisión y actitud que nos corresponde. Pueden ser decisiones de autoridades de instituciones intermedias o decisiones de la propia persona; no importa: todas deberían estar alineadas al interés general. Las afectaciones económicas será algo con lo cual tendremos que lidiar en un mes, sin embargo, ahora mismo la prioridad es conservar la salud y la vida de todas las personas. En pocas semanas la confrontación será enorme y caliente: las medidas para recuperarse de la crisis económica y la caída inevitable de la hacienda pública creará enfrentamientos sociales muy ríspidos. Pero ahora mismo la vida y la salud es lo primeros. En las semanas siguientes observaremos o participaremos de ese conflicto, pero vivos y sanos todos. Todos.

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