El movimiento de igualdad de género: notas para la claridad

El movimiento de igualdad de género: notas para la claridad

Una revolución cultural está en marcha. ¿De qué va el movimiento social que ahora observamos? Es uno más de los movimientos que pretenden el reconocimiento de la igualdad radical entre las personas. La desigualdad que esclavizaba a los cautivos de empresas coloniales, la desigualdad entre formas étnicas, la opresión sobre obreros de la era industrial, han sido objeto de luchas por la igualdad. Ahora se trata de otro segmento de la población que sufre los efectos de la desigualdad: las mujeres. Pero la bandera es la misma: las personas son iguales en dignidad, no importa su nacionalidad, estrato económico o género. Y una lucha por la igualdad radical (en la raíz de lo que somos) es de todos.

La acción de ciertas organizaciones se convierte en ‘movimiento social’ cuando su expresión antagonista resulta en cambios del sistema de relaciones sociales. Hay organizaciones que no constituyen movimiento social, ya sea porque no tienen posiciones antagonistas o porque su acción no logra modificar nada. No es el caso, el feminismo es un movimiento social en todos los sentidos. Ahora bien, hay que pensar con claridad lo que ocurre en el debate en las redes.

El movimiento tiene dos objetivos evidentes: (1) modificar los comportamientos (valores por tanto) de la población en general, e (2) incidir para que el Estado emprenda acciones para atender el problema. ¿Cuál es el problema? Ciertas relaciones de poder entre los géneros que, además, pueden provocar violencia extrema. Por tanto, el objetivo es modificar esas relaciones de poder entre los géneros que oprimen claramente a uno de ellos. Toda violencia supone una forma determinada de poder. Y un poder se legitima en narrativas sociales que se reproducen a través de las generaciones. El diagnóstico del problema debe mostrar e identificar el esquema de reproducción de dichas relaciones de poder. Y en el esquema de reproducción participa el Estado y la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, las madres de familia cuando inculcan a sus hijas a realizar las tareas del hogar y a los niños a abstenerse de ellas, está reproduciendo ese esquema; las instituciones que tratan de forma diferente a mujeres y hombres en su pago o criterios de contratación están reproduciendo el esquema. La violencia ocurre cuando se rompen estos esquemas y cuando algunos varones llevan a formas despóticas o abusivas esas relaciones de poder. Violencia física, psicológica o social.

Pues bien, el movimiento social del que hablamos ha tenido ya innumerables logros: su exigencia es ahora mismos reconocido como justo y, por eso mismo, es legítimo. Ya ganó en el terreno del horizonte normativo (lo que debe ser). Ahora pasa por una segunda etapa: hacer efectivo en el ámbito de los comportamientos y las rutinas institucionales el reconocimiento de la igualdad de género. Reconocimiento efectivo significa que ocurre realmente en los mecanismos y rutinas de las instituciones y en la vida diaria de los hogares o calles. Pues bien, en esta etapa es muy importante cuando muchas instituciones se suman al movimiento; porque al sumarse, asumen sus contenidos y, al hacerlo, comprometen su acción con el enfoque de género. Y como una espiral, la sumatoria de las instituciones llevan al Estado a emprender cada vez medidas más efectivas para alterar el esquema de reproducción que arriba mencionamos. Por ello, logar que las instituciones se sumen al movimiento es un enorme logro. Por ejemplo, obligan a las escuelas de educación básica a promover contenidos que tienen que ver con la formación en estos temas, como ahora ya va ocurriendo.

En ese sentido, el movimiento por la igualdad de los géneros no es un asunto contra los hombres como personas, sino contra la existencia de una serie de valores (que incluso muchas mujeres) reproducen. Es un movimiento que no es sólo de mujeres, es un movimiento social. Como el movimiento contra la esclavitud no es un asunto de los esclavos, o los movimientos indígenas es de interés sólo de las etnias, o el movimiento por la seguridad en el empleo únicamente de los trabajadores. Los movimientos sociales siempre interpelan a todos, porque su objetivo es modificar las relaciones sociales del sistema social en su conjunto. Es un acto de ceguera, afirmar que ‘eso es un movimiento de las mujeres y nadie debe meterse’ o criticar a las instituciones por sumarse. Hacer esto, no sólo es carecer de claridad, sino obstaculizar el camino al objetivo del propio movimiento: conseguir el reconocimiento efectivo de la bandera. Las universidades nacionales como UAM, UNAM, IPN y las IBEROS; además del INE y un montón de escuelas han manifestado su adhesión al movimiento. Eso ya es un fruto positivo en la construcción de la hegemonía que supone el éxito del movimiento. Las instituciones que navegan con bandera de neutralidad axiológica, en realidad navegan en el oportunismo o en el temor o en la hipocresía o en la estulticia.

Observo que ese movimiento avanza y se hace hegemónico, lo que ahora se empuja es lograr las estructuras y programas institucionales (además de los comportamientos concretos) que hagan efectivo el reconocimiento de la radical igualdad de género. La siguiente pregunta es la que debemos responder, ¿los actores masculinos tienen tareas activas en esta bandera? Creo claramente que sí.

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