Des-civilización y dueñidad: las fuentes y raíces de la violencia bestial

Des-civilización y dueñidad: las fuentes y raíces de la violencia bestial

En un conocido texto sobre historia de la violencia, se nos cuenta que en el siglo 13 los homicidios dolosos en Europa central eran de 100 por cada 100 mil habitantes, y en el siglo 17 (entrando la modernidad) bajó a 10 por la misma tasa de 100 mil habitantes. Y al final del siglo 20, en Europa central había 1.2 homicidios dolosos en la misma tasa. En promedio, porque hay lugares, como Inglaterra, que tienen 0.56 homicidios dolosos, y Portugal que casi llegan a 2. Pues bien, los historiadores a los que nos referimos ven este proceso de disminución de la violencia homicida promedio, como un efecto del proceso civilizatorio, en el cual hay una estatalidad más fuerte y legítima.

Sin embargo, vemos que México tiene 26 homicidios dolosos, y es una tendencia que viene de 12 hasta 26 de forma sostenida. En la hipótesis de los historiadores que mencionamos, esta cifra sería la punta del iceberg de un proceso des-civilizatorio. Lo contrario al progreso prometido por la ilustración. Y los signos de esa des-civilización es la desigualdad extrema que regresa a las sociedades a estructuras estamentales (como las castas de la colonia), el incremento de la violencia no sólo en cantidad, sino en formas de mayor crueldad, y la destrucción de la empatía social en el imaginario de un individualismo posesivo, hasta la bestialización de las interacciones sociales propia de la cultura narco que se globaliza: un macho violento que arranca la vida a otros por imponer su dominio, y en el cual, aparecen las mujeres como objetos y sirvientas del placer. En este proceso descivilizatorio hay un patrón común: la implosión de la estatalidad: un poder de lo público que dirige a las sociedades por los caminos de la justicia igualitaria, que se derrumba y fracasa. Si las prisiones (de acuerdo a la criminología crítica) son reflejos en pequeño de lo que es la sociedad en grande, entonces debemos estar preocupados: poderes fácticos bestializados que imponen sus dominios sobre un espacio sin Estado.

En la vida cotidiana se vive la distopía: economías nacionales con dueños privados, partidos políticos con caciques dueños, administraciones universitarias con dueños que manejan con arbitrio las mismas, funcionarios gubernamentales que se comportan como dueños de las instituciones que tienen como encargo. Etcétera. y claro está: en la vida cotidiana, la Dueñidad tiene sus formas de expresión: los niños o las mujeres como posesión de sus varones. Los machos como dueños de los cuerpos y voluntad de sus mujeres. Pues bien, esa dueñidad es fuente de enormes dosis de violencia con formas cada vez más crueles. La violencia es una expresión de relaciones de poder, y la dueñidad es una forma de dominación que exige la posesión de lo público, de los otros y el cuerpo de las mujeres en manos de ciertos sujetos particulares.

Cuando se alzan las voces exigiendo justicia al Estado, parece que no se escucha o que es una voz inaudible. ¿Por qué? Porque-no-hay-Estado. Hay una jungla: un juego de fuerzas que se quieren imponer y adueñar de sus parcelas de mundo: un banco, una institución, un partido, un bosque, o una mujer. ¿Hay forma de revertir la des-civilización? (Bolsonaro es su Signo Vivo). Pues sí: reconquistando el poder de lo público, de lo justo y de la igualdad radical de la dignidad de toda persona, por el solo hecho de ser persona. En una palabra: recuperando al Estado para el bien común.

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ