De no cambiar la política económica la recesión económica desembocará en crisis

De no cambiar la política económica la recesión económica desembocará en crisis

La política económica instrumentada por las autoridades hacendarias y monetarias, debe privilegiar el crecimiento económico y la generación de empleo, y no empecinarse a trabajar con austeridad fiscal, alta tasa de interés y estabilidad del tipo de cambio que nos han llevado a la recesión económica, a la baja generación de empleo y a acentuar el clima de delincuencia que se vive en el país.

No se avizoran expectativas de crecimiento de exportaciones que vengan a reactivar la economía, dado el contexto de desaceleración de la economía, el comercio mundial y el impacto negativo que sobre ello tendrá el coronavirus. El sector privado no invertirá, dada la caída de demanda, derivada de los recortes presupuestales, como del bajo consumo interno por la baja generación de empleo y la mala distribución del ingreso. Existen altos niveles de capacidad ociosa que desestimula las decisiones de inversión. El único que puede sacar a la economía del contexto recesivo es la expansión del gasto público y la política monetaria debe disminuir significativamente la tasa de interés y acompañar la expansión fiscal. De no proceder en tal dirección, se contraerá más la actividad económica y la generación de empleo y se acentuarán los problemas de incapacidad de pago de la deuda, lo que desembocará en crisis financiera.

La continuidad de la austeridad fiscal hará que prosiga la baja dinámica de acumulación en el sector productivo y hará que el gobierno sea incapaz de atender las demandas nacionales, de empleo, crecimiento, bienestar y rescatar para la nación los sectores estratégicos energéticos. De ahí que se anunciará el Plan Energético que continuará abriendo Pemex y la CFE a la inversión privada nacional y extranjera. Asimismo, proseguirá la contracción de la actividad económica y con ello la disminución de la recaudación tributaria del ISR y del IVA tal como aconteció en 2019, lo que pasó a comprometer el superávit fiscal primario. Para que éste no disminuyera, el gobierno tomó recursos del Fondo de Estabilización para el cumplimiento de dicho objetivo. Tales recursos terminarán por agotarse, y al gastar menos el gobierno, seguirá recaudando menos, por lo que se incrementará el déficit fiscal, evidenciando que su política fiscal no genera condiciones de pago de la deuda.

El gobierno tiene que actuar para evitar que la recesión económica continúe, por lo que tiene que incrementar el gasto público. El gobierno teme al gasto público deficitario por creer que es inflacionario y que le aumentaría la deuda. Sin embargo, si dicho gasto se dirige a utilizar la capacidad ociosa (que se ha incrementado por la menor demanda derivada de los recortes presupuestales) y a impulsar el desarrollo tecnológico y la capacidad productiva, incrementaría la producción que vendría a satisfacer la mayor demanda generada por el gasto deficitario y no habría inflación, ni presiones negativas sobre el sector externo. La actividad económica crecería y con ello la recaudación tributaria, por lo que se reduciría el déficit fiscal impulsor del crecimiento y no se incrementaría la deuda. Ello tendría que ir acompañado de baja tasa de interés, lo que permitiría que el crecimiento de la recaudación sea mayor que el costo de la deuda y así reducir el monto de la deuda.

La baja inflación, la estabilidad del tipo de cambio y la austeridad fiscal, no representan estabilidad económica alguna, dada la contracción económica, la caída de la inversión pública y privada, la baja generación de empleo, los crecientes problemas de incapacidad de pago de la deuda que ello genera.

La economía se estabiliza generando condiciones de ganancia en el sector industrial y agrícola para estimular la inversión y la generación de empleos, para así incrementar el ingreso nacional, reducir las presiones sobre el sector externo y asegurar la capacidad de pago de la deuda, para reducirla y no depender de ella. De no incrementarse el gasto público y reducirse significativamente la tasa de interés, no crecerá la demanda, ni se conformarán condiciones de rentabilidad para estimular la inversión privada, la generación de empleo, ni se cumplirá con el pago de la deuda, por lo que se desestabilizará el sistema bancario y se manifestará la crisis.

Las finanzas públicas responsables son aquellas que evitan una crisis y responden a los propósitos públicos de crecimiento, empleo formal bien remunerado, bienestar para las mayorías, que aseguran flujo de ingresos para pagar la deuda y que rescatan para la nación los sectores estratégicos.

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