Democracia y lectura (O la democracia antes que electores, necesita lectores)

Democracia y lectura (O la democracia antes que electores, necesita lectores)
El déficit en la comunicación pública de la sociedad estadounidense pareció continuar desarrollándose hasta dar espacio a un sinvergüenza del tamaño de Donald Trump ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

Es ya un lamentable cliché (que no por ello deja de ser cierto) el que el sistema democrático liberal, tal como se concibió, enfrenta una crisis histórica sin precedentes. Partiendo de la cuna en la que se concibió tal y como conocemos el sistema que se convirtió en el referente ideal por más de dos siglos, los Estados Unidos, las democracias en todo el mundo enfrentan una sacudida nunca antes vista por populismos de todos los colores e ideologías.

El ex vicepresidente de aquella nación, Al Gore, lo explica con suficiente claridad en su texto El ataque contra la razón, que ya desde 2007 anunciaba un déficit en la comunicación pública de la sociedad estadounidense, misma que pareciera continuó desarrollándose hasta dar espacio a un sinvergüenza del tamaño de Donald Trump.

Para el Premio Nobel de la Paz, el asunto comienza con el abandono de la palabra escrita y la asunción de la televisión como medio masivo de comunicación, lo que simplificaba no sólo la deliberación y la inhibía, al punto de desahuciarla, sino el proceso mismo del razonamiento en los seres humanos, al simplificar la serie de mecanismos cerebrales que diferencian la acción sustantiva de leer con la pasiva reacción de apenas “ver”. Entre otras cosas, denuncia también la nula posibilidad que había de volver el monólogo emitido por la televisión, en un diálogo de dos vías, ida y vuelta. Algunos podrán decir que esto se ha visto remediado con el uso de las redes sociales, sin embargo, aunque Al Gore aún apuntaba al internet como una esperanza para la democracia (lo fue, sí aceptamos el uso que un año después de escrito el texto, le dio Barack Obama), como también lo demuestra Eli Pariser, las redes no han incentivado el diálogo entre los diferentes, sino apenas un monólogo a varias voces (tema del que ya hablamos aquí en el texto La democracia en tiempos de burbujas, La Jornada Zacatecas, edición del 17 de septiembre de 20191).

El diagnóstico no nos puede resultar ajeno. Un día sí, y otro también, somos testigos de una conducta social que se está volviendo costumbre, y podría devenir en una patología social: un diálogo de sordos, en los que cada participante atiende y defiende sus propios datos, sin oír ni escuchar al del frente, creándose un desconocimiento preocupante del Otro. Reencontrar a la razón, sin que ésta se vuelva dogma, para entenderla y hacerla nuestra, en aras de la reconstrucción de un consenso común mínimo del cuál partir hacia la acción deliberativa, se vuelve urgente.

Ante ello y un incremento increíble de noticias falsas, así como de una agresión sin precedentes contra la ciencia y la cultura en el terreno de las redes, que ha venido también a afectar otros tantos campos (como el de la salud, el medio ambiente e incluso la cultura) se hace necesario una respuesta contundente de parte de la sociedad y las instituciones.
Rescatar la democracia pasa necesaria e inherentemente por salvar la cultura, el conocimiento y, por supuesto, la lectura. ■

Notas:
Disponible en: https://ljz.mx/2019/09/17/la-democracia-en-tiempos-de-burbujas/

@CarlosETorres_

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