Menores presupuestos y mayor calidad para la democracia en México

Menores presupuestos y mayor calidad para la democracia en México

Es de todos sabido que el sistema electoral mexicano es de los más caros del mundo. En el 2018 se gastó la demencial cifra de 7 mil 144 millones de pesos. El costo de las campañas en México es el doble de las norteamericanas: de 25 a 12 dólares. Así las cosas, a todas luces es claro que se debe disminuir el costo del sistema de partidos y los procesos electorales. Sin embargo, no puede pensarse únicamente en recortes de las bolsas de financiamiento sin pensar en modificar los formatos de las elecciones y la vida interna de los partidos políticos. Si se corta el dinero, debe también programarse una reforma de los contenidos, para que, al mismo tiempo que se abarata la democracia, ésta suba de calidad.

Una cantidad enorme de los presupuestos del sistema electoral iba a parar a los grandes medios de comunicación, pero la reforma que implica que los medios deben dar tiempo atemperó este aspecto. También a los proveedores de dádivas que se usan para comprar los votos. Sin embargo, es evidente, que si se cambia el formato y el enfoque de las elecciones, se puede elevar la calidad de los procesos al mismo tiempo que se disminuye el costo de los mismos.

Si se construyen diseños de campaña enfocados por política pública, donde los partidos respondan los cuestionamientos esenciales en torno a los problemas públicos socialmente reconocidos, se pueden elaborar formas de debate donde los institutos políticos respondan cómo definen los problemas, cómo los piensan afrontar, cuáles son sus diagnósticos y qué evidencia pueden aportar sobre la viabilidad de sus propuestas dadas las capacidades de los aparatos gubernamentales. El debate puede elevar mucho su nivel de racionalidad y no depender únicamente de las emociones provocadas por las estrategias de mercadólogos de la imagen a través de comerciales o spots publicitarios. El enfoque de política pública para procesos electorales implica un giro racional para los mismos.

El costo de dar a conocer las propuestas, evidencias, argumentos y diagnósticos de los partidos en torno a problemas centrales del país (o los estados o municipios) no es alto: bastan documentos sinópticos (que permiten la comparación) y programas televisados o radiofónicos sobre los asuntos en cuestión. Lo importante es que el centro lo tome el problema público, no el candidato y sus virtudes virtuales (siempre falsas), o promesas vacías. Lo importante es que todos logren comunicar sus propuestas, y que en lugar de contratar expertos en marketing político, se contrate a expertos en los mencionados problemas públicos. Lo importante es que aun cuando disminuyan los presupuestos públicos a las campañas electorales, no se deje de limitar la participación del dinero privado en las mismas. Se debe pensar en otro diseño de las campañas sobre la pregunta: ¿qué tipo de campañas contribuyen a mejorar la calidad de los gobiernos? Y de igual manera: ¿qué forma de financiamiento contribuye a elevar la calidad de los partidos políticos? Dos preguntas esenciales para pensar en la reforma del sistema de partidos en México.

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