Tierra sin sosiego. Las constantes tribulaciones en Zacatecas durante la Revolución

Tierra sin sosiego. Las constantes tribulaciones en Zacatecas durante la Revolución
Daños en la ciudad de Zacatecas, 1913. Fototeca Centro INAH Zacatecas

La Gualdra 410 / Arqueología e Historia / Ollin: Memoria en Movimiento

 

 

En el año de 1916 apareció la obra de Ramón López Velarde titulada La sangre devota la cual presentó algunas composiciones literarias que retrataban de manera exquisita la entrañable vida de la provincia. Pero el querido terruño del bardo zacatecano aún no gozaba del completo sosiego, todavía estaban presentes los estragos que dejó en el estado la resistencia federal frente a la campaña villista del verano de 1914. Incluso las acciones de guerra efectuadas por Luis Moya y Pánfilo Natera aún estaban presentes en el recuerdo popular. Pero las tribulaciones no terminarían para la mayoría de los zacatecanos, pues asonadas armadas, bandolerismo y escasez de alimentos hacían que la paz social fuera endeble en la entidad.

En varias partes del estado de Zacatecas sucedieron enfrentamientos armados entre las fuerzas carrancistas y grupos identificados de filiación villista. Estos hechos acontecieron principalmente en las regiones colindantes con Durango y Jalisco. En este contexto destacó el general Santos Bañuelos quien se destacó como revolucionario maderista. El general Bañuelos tras la división revolucionaria optó por el bando convencionista, siendo partícipe de varios enfrentamientos en contra de los constitucionalistas. La progresiva debacle convencionista hizo que sus operaciones de guerra se redujeran en acciones rebeldes aisladas en la parte sur de Zacatecas, particularmente entre los actuales municipios de Monte Escobedo y Valparaíso, siendo combatido hasta mediados de 1916 cuando es traicionado en la Ciénega Grande –conocida como Ciénega de Huicholes o el Jagüey- donde fue asesinado por un grupo armado conocido como los “Sociales”.

Por otra parte no son pocos los eventos de bandidaje que llegaron a suscitarse con graves atropellos a la ciudadanía, como sucedía constantemente en el camino de la ciudad de Zacatecas a Jerez con el asalto a los viajeros. Este tipo de acontecimientos por lo general eran atribuidos a algún grupo armado afín alguna facción revolucionaria, principalmente a los villistas, pero no era extraño que se tratara de delincuentes comunes.

Otra de las extremas condiciones que se generalizó fue la acentuada falta de alimento. Un ejemplo se encuentra en Noria de Ángeles cuando en 1916 -el llamado año del hambre- una muchedumbre conformada por hombres y mujeres se introdujo en el cuartel carrancista, cuya guarnición se encontraba de patrullaje en los alrededores. El propósito fue hurtar el maíz existente en el edificio que alojaba a la fuerza armada, hecho consumado por no estar presente el destacamento, pero al regresar éste se dio a la tarea de recuperar su grano intimidando a los pobladores, quienes regresaron el maíz; pero algunos no lograron o no quisieron entregarlo, entre ellos se encontraba Refugio Becerra, un minero desempleado de 30 años de edad, quien fue apresado y declaró lo siguiente ante las autoridades judiciales:

Ser originario de Noria de Ángeles y presentado por encontrársele el maíz en su casa. Manifestó que como todos sus vecinos saben, se encuentra en la más completa miseria, sin tener con qué alimentar a su familia. Por este motivo se vio obligado en penetrar el cuartel local en compañía de varios de sus vecinos, aprovechando que no se encontraba la guarnición. Este acto sólo lo hicieron para sacar maíz, impulsados todos por el hambre. Luego, al saber que estaban recogiendo el maíz intentó entregarlo pero fue aprehendido.

Por su parte la autoridad judicial federal entabla un proceso por el delito de rebelión, pidiendo la pena máxima de fusilamiento, aludiendo que este delito se castiga con la Ley del 25 de 1862. El proceso lo llevó el inculpado dentro de la cárcel de Santo Domingo, estando siempre presente el señalamiento que su hurto fue contra un bien de la nación. No obstante a los señalamientos el delito no trascendió de simple robo, pero el proceso le implicó a Refugio Becerra 6 años en la cárcel pues salió de la penitenciaría zacatecana en abril de 1922.

Los hechos de rebeldía armada, el bandolerismo, la hambruna e incluso las epidemias propagadas como el tifo, la viruela, la influenza española, dejaron cicatrices en la población, que quizá más profundas que las que dejó la célebre Toma de Zacatecas, pues los flagelos mencionados elevaron la mortalidad, la migración y generaron una economía regional quebrada. Sin duda estas adversidades abonaron para una mayor pesadumbre que marcó toda una generación de la cual se conocen los más diversos testimonios de sufrimiento de aquellos años de guerra.

 

 

* Sección de Historia, Centro INAH Zacatecas.

 

 

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