Los petroleros ante un nuevo proyecto sindical

Los petroleros ante un nuevo proyecto sindical

El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) sin el secretario general, mantiene intacta la estructura, organización, mando y golpeadores, para ejercer el férreo control sobre los trabajadores. La renuncia de Romero Deschamps no significó ningún cambio del aparato de corrupción y antidemocracia, que mantiene su equipo.
Fue forjado así, en 1946 y 1949 con los “charrazos” de Miguel Alemán contra el Sindicato autónomo, y en enero de 1989 con el “charrazo” de Salinas contra los petroleros y la Quina, por oponerse a la privatización de Pemex. En los tres casos usaron ilegalmente el Ejército que tomó todas las instalaciones de la empresa y las del Sindicato, y apresaron a los líderes.
En efecto, sigue intacto el poder violento y antidemocrático de Romero y su gente, desde el 16 de octubre que renunció. Después de 26 años de mando en el STPRM, muy al gusto de los gobiernos neoliberales que lo eligieron, de Salinas a Peña, incluido el PAN de 2000 a 2012. Los Estatutos que rigen al Sindicato son antidemocráticos: un miembro para ejercer un derecho sindical debe contar con la autorización del líder nacional o seccional.
Recordemos la estrategia de Peña Nieto antes de dejar la presidencia: a todas las centrales y sindicatos del PRI les dieron tomas de nota por 6 años, para no llevar elecciones por voto secreto, sino después del gobierno de AMLO. El PRI cayó en el despeñadero en 2018 y 2019 e intenta “proteger” las bases de su pasado: las organizaciones dependientes y sin democracia.
El STPRM surgió en 1935 como sindicato autónomo, con al apoyo del gremio ferrocarrilero, que era de avanzada y movía por todo el país la carga petrolera, no había otro medio de contacto con los petroleros. La fundación del STPRM se hizo en el edificio del Sindicato del riel. En 1936 el STPRM demandó la firma de un contrato colectivo de trabajo (CCT) único, ya que antes había 19 sindicatos y 19 CCT que dispersaban la fuerza del gremio; en 1937 demandó un conflicto colectivo de carácter económico que permitió el estudio real de las empresas más poderosas del mundo: la Royal Dutsh inglesa y la Standar Oil de EUA, demostrando las mentiras de los patrones al oponerse a mejorar los salarios y prestaciones del CCT.
Ese mismo año van a la huelga general petrolera; en 1938 las compañías extranjeras se negaron a cumplir la resolución de la Suprema Corte, por lo cual el General Lázaro Cárdenas decreta la expropiación de la industria petrolera el 18 de marzo de 1938. Pero los patrones extranjeros apostaron a que México no podría echar andar la industria, pues de ellos eran los directivos y los de confianza. Pese a todo, a la industria, la movieron los petroleros. Una de las más grandes epopeyas de la Historia, pero los historiadores nunca ven la contribución decisiva de los trabajadores.
Es claro que sin la participación de los petroleros y su organización de 1935 a 1938, no hubiera sido posible la obra que culminó Cárdenas.
Hoy Pemex sigue siendo la empresa más importante de México y es vista como botín por los neoliberales. Por eso cuando el Presidente López Obrador afirma que debemos recuperar Pemex, como patrimonio nacional e histórico, debemos saber que requerimos del apoyo organizado petrolero, democrático e independiente. Ya que no puede ninguna central o sindicato volver a ser dependiente de partidos, gobiernos o patrones.
Pemex es clave para la economía, para a soberanía y el desarrollo nacional, para llegar a un país democrático y para la Cuarta Transformación. No se trata de una empresa más, sino de la más grande de México: al rescatarla en buena medida rescatamos la nación, como fue en 1938.
Por eso el reto de los petroleros de cambiar su organización es enorme, por la trascendencia que tiene en la economía nacional e internacional, por su papel clave en la vida sindical nacional, sí, pero también internacional. Ante la globalización organizada por empresarios, los sindicatos no se pueden quedar atrás.
La transformación democrática del STPRM por su trascendencia e impacto no puede ser obra aislada de grupos divididos, requiere de la unidad de la mayoría, tanto programática como organizativa, con metas comunes, todo ello como obra y acción de la mayoría de los petroleros.
Se debe acabar con la visión oportunista de llegar a la dirección por el botín de grupo, lo que sería perpetuar el modelo del PRI y del “charrismo”.
El STPRM debe ser de y para los obreros: independiente, democrático, transparente e internacional, para que auténticamente contribuya a cambiar la degradación, abyección y corrupción que vive hoy la organización.
Indudablemente el camino del cambio contiene múltiples aspectos, pero no será por la vía estatutaria: cerrada a la democracia y a la participación de los petroleros; no será manteniendo la división de los grupos; ni aislados de los demás trabajadores empeñados en el cambio y la 4T.
El artículo 364 Bis de la Ley Federal del Trabajo (LFT) actual, señala: “En materia de registro y actualización sindical, la voluntad de los trabajadores y el interés colectivo prevalecerán sobre aspectos de orden formal.” Y el 371, fracción VIII, reconoce la asamblea de la mayoría como máxima autoridad sindical, con reglas y requisitos. En todo el procedimiento prevalecen los acuerdos de la mayoría, debidamente organizada y fuertemente unificada.
“…los trabajadores no dispondrán de una fuerza real, auténtica e indestructible mientras dependan del auxilio oficial. Por esta razón, ninguna organización obrera tiene partidas dentro del presupuesto del gobierno.” Lázaro Cárdenas, 11 de febrero de 1936, en Monterrey.
“Una cosa es coincidir con la 4T y otra distinta subordinarse al gobierno y a su partido. La CID jamás se subordinará a nadie, es y será independiente.” Napoleón Gómez Urrutia, 13 de febrero de 2019, en la asamblea constitutiva de la CIT. ■

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